TROPAS DEL ESPACIO, de Robert A. Heinlein

La que hoy presento fue la cuarta columna de “Se buscan libros” que fue publicada en BEM, en el número 62 (Abril-Mayo de 1998) y que, esta vez, fue la que debía ser. Por fin se había ganado la batalla contra los fantasmas del disco duro del ordenador.

Al inicio de esta colaboración hablo de la primera escena de lucha entre seres proto-humanos de 2.001, una odisea en el espacio.

El otro día voy al cine a ver Troya. Al volver a casa, pongo las noticias en la TV, donde me parece oír decir a alguien (aunque como era en inglés americano, no estoy del todo seguro) la frase que el sargento Zim grita a sus novatos en la novela: “El propósito de la guerra consiste en mantener por la fuerza las decisiones de tu gobierno. El propósito no es matar al enemigo sólo por el hecho de matarle, sino obligarle a hacer lo que tú quieras que haga.”

Cuando me voy a la cama, sigo convencido de lo poco que ha cambiado el mundo, en este aspecto, a lo largo de los milenios. La eterna lucha, perdida hasta el momento, entre la evolución sociológica de la Humanidad y el instinto animal de la especie humana. ¿Aprenderemos algún día a socializar nuestros genes, a domar a nuestro instinto?

 

 

REPRODUCCIÓN, ALIMENTACIÓN Y GUERRA

 

No hace mucho debatía con una dama acerca de cómo ha evolucionado la Humanidad desde la escena inicial de 2.001, en la que dos tribus competían por la posesión de una charca de preciada agua. Ella opinaba que hemos evolucionado mucho, y que en nuestra sociedad ya no impera la ley de la selva, es decir, la del más fuerte. Yo, por contra, sostenía que las cosas siguen siendo iguales, habiendo cambiado únicamente el concepto “más fuerte”: en las sociedades prehistóricas el más fuerte era el más alto, el que poseía más musculación, el más dotado físicamente y más capacitado, en resumen, para abrir la cabeza a los congéneres de un garrotazo; hoy, sin embargo, el más fuerte es el más inteligente, el más ingenioso, el más rico y, también, el que menos escrúpulos tiene para enviar a un matón a abrir la cabeza a los congéneres de un garrotazo.

Al final de la polémica, y cómo teníamos mejores cosas por hacer que discutir, convinimos en que, si bien es cierto que la sociedad sigue rigiéndose por la ley básica de la selva (“el fuerte sobrevive, el débil muere”) también es verdad que hemos evolucionado socialmente y que, en general, el ser humano socializado acata y cumple una serie de normas de convivencia.

Lógicamente, esta evolución va a continuar en el futuro; para imaginar cómo puede llegar a ser la sociedad de este futuro próximo, pensemos en acontecimientos que ya existían en los remotos tiempos prehistóricos y que aún sigan existiendo, sin haber dejado de existir en ningún momento. Inmediatamente se nos ocurrirán dos cosas que el ser humano siempre ha hecho y que nunca ha dejado de hacer: alimentarse y reproducirse, dos hechos que satisfacen su instinto de supervivencia, tanto la propia (autoconservación) como la de la especie (reproducción).

Pero el hombre no sólo come y se reproduce. También lucha.

La guerra es una constante presente desde el principio de los tiempos.

tropasespacioLo que surgió como una necesidad impuesta por su instinto de supervivencia (se luchaba por una charca de agua o por más extensión territorial para reproducirse) ha evolucionado bajo los dictámenes de otro de los instintos naturales del homo sapiens: la agresividad.

El hombre es violento por naturaleza. Y como el mundo cada vez es más competitivo, y las armas cada vez más poderosas, no es descabellado pensar que seguirá siendo violento. Y además, como el ser humano en general tiende a ser racista (aunque sólo sea por el rechazo natural que nos produce lo “diferente”), no es difícil imaginar que una hipotética sociedad del futuro (como la que describe Robert A. Heinlein en su novela Tropas del Espacio) será una sociedad militarizada y militarista, en la que no existirán derechos de ciudadanía para aquel que no haya cumplido con sus obligaciones militares (año 1998, España (Europa): los objetores e insumisos –todos aquéllos que no cumplan con sus deberes militares o prestación social sustitutoria- carecerán de derechos civiles, como ocupar cargos públicos o trabajar para la administración). Esta sociedad, para mantener su estructura militar, necesariamente tendrá que hacer uso de sus recursos militares, por lo que la guerra seguirá formando parte de la vida cotidiana, como siempre lo ha hecho (guerras mundiales, civiles, de independencia, de secesión, guerra química, biológica, psicológica, guerras ideológicas, étnicas, santas, de los 100 años, de los 6 días, macedónicas, guerra de las galaxias…)

Exteriormente, Tropas del Espacio está dividida en dos partes principales: la más extensa que narra el entrenamiento de los futuros infantes móviles en los campamentos (donde todo es lo más duro que puede llegar a ser, pero sin sobrepasar el límite) hasta llegar a ser oficiales, y una breve descripción de la guerra contra una raza de insectos inteligentes (si bien éste es el tema común, siempre presente, de toda la novela). Interiormente, Tropas del Espacio tiene mucho más de lo que puede verse a simple vista.

“El propósito de la guerra -declara el sargento Zim, encargado del entrenamiento de los novatos- consiste en mantener por la fuerza las decisiones de tu gobierno. El propósito no es matar al enemigo sólo por el hecho de matarle, sino obligarle a hacer lo que tú quieras que haga.”

Leyendo esta argumentación podría pensarse que Tropas del Espacio en una apología de la violencia y la guerra. Muchos piensan que así es, por lo que la obra ha sido criticada desde su aparición en 1959 (fue galardonada con el Hugo a la mejor novela en 1960), si bien otros consideran que, sin ninguna duda, es precisamente una crítica a ese militarismo. No voy a entrar en este debate; que cada cual desarrolle su propia opinión al respecto (el mayor placer de la lectura es descubrir e imaginar, sin llegar a ella condicionado en modo alguno), aunque la mía es que Tropas del Espacio conjuga a la perfección ambos extremos, admirando y criticando a un tiempo la estructura militar que, como todo en este universo bipolar en el que vivimos, tiene su lado negativo y su lado positivo. Heinlein ha creado una obra llena de ambigüedad, de sentido del humor, de filosofía y, sobre todo, de planteamientos en los que vale la pena detenerse a meditar.

© 2004 Luis Astolfi.

 

Título: Tropas del espacio
Título original: Starship Troopers
Autor: Robert A.Heinlein
Año: 1959
Traducción: Amparo García Burgos
Ediciones Martínez Roca, colección: SuperFicción, 2ª época, número 201.
Año de la edición: 1989

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Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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