RECUERDOS DE MEMORIA AJENA

La que hoy presento es la quinta columna de “Se buscan libros” que fue publicada en BEM, en el número 63 (Abril-Mayo de 1998).

Para mí, este caso era una excepción, y de hecho lo sigue siendo: si bien, aunque imprescindible, la novela no es una de mis favoritas, sí que lo es su versión cinematográfica. En aquella ocasión, por una vez y sin que sirviera de precedente, me detuve un poco a comentar la relación entre ésta y su original escrito, y hacía una recomendación que hoy, a los afortunados que nunca hayan visto Blade Runner vuelvo a hacer sin el menor genero de dudas: verla DOS veces seguidas.

Por último, gritar que sigo esperando, sin desesperar, Blade Runner 2. En un negocio en el que segundas y sucesivas partes son el filón inagotable, me niego a aceptar que Blade Runner sea una excepción. ¿A nadie se le va a ocurrir mostrarnos qué es lo que está pasando en Los Ángeles, Noviembre, 2044, con Deckard, Rachael, Gaff, Bryant, el bar de Taffey Lewis y los sufridos “pellejudos” que, sin duda, no han dejado de escapar y de ser jubilados en todos estos años?

¡POR FAVOR!

RECUERDOS DE MEMORIA AJENA

Hace poco escuchamos una noticia que todos los amantes de la ciencia ficción llevábamos esperando desde hacía años: el primer ser vivo clonado a partir de una única célula corría por los verdes pastos del exterior de un laboratorio de genética, con la forma de una oveja.

Y mientras unos nos alegrábamos por la noticia (al igual que nos alegraremos el 1 de enero del año 2.001, aunque no vayamos a disfrutar de una odisea en el espacio), otros se dedicaban a especular acerca de las implicaciones, sobre todo morales, de este acontecimiento: ¿se van a clonar seres humanos? ¿Será el clon idéntico a su original genético? ¿Nacerá con edad biológica cero o con la del donante celular? ¿Qué se hará con él, un esclavo, un amigo, una fuente de órganos para transplantes? ¿Tendrá personalidad propia? ¿Tendrá derechos?

Al parecer, por el momento no va a permitirse la clonación de seres humanos, al menos oficialmente, aunque tarde o temprano el primer homo sapiens clónico verá la luz, igual que la ha visto la mencionada oveja. Lo importante no es si se hará o no, porque se hará, ni cómo se hará, porque ya se sabe, sino lo que se hará después con el resultado.

androidesovejasY hablando de ovejas, otro ovino da título a la novela que en esta ocasión nos ocupa, si bien no es una oveja clonada, sino eléctrica, y el destino último de los sueños de unos androides: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick.

Tras una Guerra Mundial Terminal acaecida en un futuro próximo (tan próximo que hoy en día ya es pasado: enero de 1992), se han creado los protagonistas de esta historia, que en realidad no son ovejas, aunque sí aparece alguna, sino androides, robots eléctricos más o menos inteligentes fabricados para ser empleados en infinidad de tareas socialmente rechazadas, desde mano de obra barata hasta ejército profesional de bajo coste, pasando por un modelo avanzado de muñeca hinchable de altas prestaciones.

Tras una rebelión en el espacio, un grupo de “andrillos” fugados recaba en la Tierra, por lo que la policía contrata a un cazador de bonificaciones (Rick Deckard, cuya principal preocupación, como la de casi todos los habitantes de esa sociedad, es poseer un animal de verdad, casi extinguidos y demencialmente caros, en lugar del común animal eléctrico de precio razonable) para localizarlos y “jubilarlos”. Lógicamente, los robots no están de acuerdo con esta premisa, lo que da lugar a una historia que también podría haberse titulado “Las apariencias engañan”.

Aunque exteriormente los androides son una imitación morfológica de los humanos, no son humanos y, por lo tanto, no es posible medir su comportamiento como se mediría el de un ser humano. Por ejemplo, ¿son crueles? Quizá desde el punto de vista humano sí que lo son, pero no desde el suyo. Y tampoco más de lo que lo es una cría humana aún no socializada. Es posible que entre humanos y androides haya tanta diferencia de planteamientos, actitudes y valores como la que pueda haber entre un niño y un adulto.

Los androides son “otra cosa”, a la que por costumbre humana se ha dotado de aspecto antropomórfico y a la que no se sabe cómo tratar.

En resumen, es precisamente la falta de correspondencia entre lo que parece ser y lo que en realidad es lo que construye la maquinaria de la novela, que se mueve más por implicaciones que por la narración de acontecimientos explícitos, más por lo que se deja entrever que por lo que se ve abiertamente.

Todo es tan real, y a la vez tan falso, como lo son nuestros recuerdos, que determinan nuestro comportamiento y la adquisición de nuevos recuerdos, en un ciclo que sólo termina con la muerte. Si pudiéramos extraer los recuerdos de una mente e implantarlos en un cerebro artificial ¿se convertiría la máquina que lo posee en el ser humano que vivió dichos recuerdos? Por ejemplo, recuerdos de un caza bonificaciones.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es un libro de alegorías, muchas más de los que pueden desvelarse en estas pocas líneas, y tan sugerentes que sería imperdonable hacerlo, aunque pudiera. Ciencia, religión, filosofía, sentimientos, recuerdos, instintos… cada uno de estos símbolos oculta tras de sí algo mucho más importante de lo que parece a simple vista. El valor de esta joya es descubrirlos, intentar ver la realidad que existe más allá de la apariencia.

Al principio hablábamos de clones, si bien en esta novela no aparece ninguno. Aunque sí en su versión cinematográfica, en la que es inevitable detenerse, cosa que siempre he intentado eludir en esta página. Pero es que Blade Runner no es sólo la adaptación de una obra escrita, sino que va más allá, porque al pretender pasar al celuloide las páginas de papel se ha conseguido (¿inconscientemente?), realizar la continuación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, mostrar a los personajes ya maduros, madurez que no habían llegado a alcanzar en la novela de Dick. Blade Runner presenta lo que ocurre después de la novela, cuando los androides, los replicantes, adquieren la característica humana que les faltaba, desencadenada por la conciencia de la propia mortalidad que en el libro, por el contrario, no los llegaba a humanizar.

Si tú, lector, eres de los afortunados que no la has visto nunca, te felicito y te envidio por tener la oportunidad de descubrirla. Pero atención, es mejor verla dos veces (preferiblemente la versión del director, sin diálogos explicativos en “off”, disponible en vídeo), y detenerte a analizar los sentimientos que los replicantes, especialmente Roy, despiertan en ti en cada una de las dos ocasiones. Vale la pena.

© 2004 Luis Astolfi.

 

Título: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Título original: Do Androids Dream of Electric Sheep
Autor: Philip K. Dick
Año: 1969
Traducción: Carlos de Peralta
EDHASA, colección: Nebulae 2ª época,, número 53.
Año de la edición: 1982

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Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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