Ha estallado un (otro) escándalo en el mundo de las letras serias, la «buena literatura», como la llama algún descentrado. Un tal Márquez, durante la presentación de una novela de un tal Buenaventura sobre las vicisitudes de un «negro» literario, explicó cómo él mismo había ejercido de «negro» durante años y en trabajo intensivo, para varios autores conocidos y reconocidos, tanto en novelas como ensayos, biografías, etc. Autores premiados de esos que salen luego en la tele hablando de «mi libro», «mi premio». Buenaventura tampoco se quedó corto respecto a eso, ante la estupefacción de los presentes. No se citaron nombres (no hace falta para quien se mueva en el mundo editorial de hoy día). El tema no es nuevo, sino sobado y viejo. Hoy en día, sólo un ingenuo puede creer en la honestidad de según qué «literatura seria».
Tras esto, no pude evitar mirarme con cariño mis relatos publicados, mi novela publicada, los diversos textos que actualmente circulan por aquí y por allá en pronta publicación, o en espera de la misma. Y me he sentido profundamente orgulloso de todos ellos. Serán mejores o peores, bien escritos o mal escritos, torpes o acertados, ingenuos o duros; pero son míos, totalmente míos, desde el título hasta el punto final, desde los nombres de los personajes hasta los diálogos (el tal Márquez era especialista en redactar páginas y páginas de diálogos para los autores de los que hacía de negro). Sus defectos y sus virtudes son míos por completo, de nadie más. Y me figuro, así lo espero, que el resto de camaradas compañeros escritores que conozco puede decir lo mismo: Ángel Torres Quesada, Domingo Santos, Carlos Saiz Cidoncha… Y los más jóvenes, Rodolfo «Valentino» Martínez, Joaquín Revuelta…
Tras esto, vale la pena hacerse una reflexión. En vez quejarnos tanto de «que-desgraciados-somos», «qué-mal-que-lo-pasamos», quizá sería hora de pensar más bien en «qué suerte tenemos», «cuán afortunados que somos». Puede que los escritores de ciencia ficción (en España) estemos a la cola del mundo literario (o ni siquiera pertenezcamos a él, en desafortunada expresión de alguien perteneciente al mundo de la ciencia ficción, por cierto), pero somos dueños, señores y amos absolutos de lo que escribimos, de cómo lo escribimos, y de porqué lo escribimos. Lo haremos bien o mal, con mejor gracia o con poca o ninguna, unos seremos mejores o peores, pero tenemos la libertad absoluta sobre ello. Ahórrese el que esté pensando en ello el chiste barato de que no nos da esto ni para pagar a un «negro»: el que paga al «negro» es el editor al fin y al cabo. Así que menos envidias por parte de algunos de no poder estar en el mundo de la literatura «seria», que cada vez lo es menos, y más valorar lo que tenemos: libertad y control absoluto sobre nuestra obra, libertad creativa y poder hablar en verdad de «mi libro» sin que se nos caiga la cara de vergüenza.
No sé si será la ciencia ficción el último coto de libertad que le quede a la literatura. Hay quien ni siquiera la considera literatura (gente del propio género, dicho sea de paso). Puede que (al menos en España: otro cantar es en Estados Unidos, donde sí hay «negros» literarios para según qué famosos autores de SF) no tengamos barcos, pero tenemos honra.
Así que, repito: menos quejarse de lo que no tenemos (y acaso no sería deseable) y más valorar lo que tenemos. ¿Que es poco? De acuerdo: es poco. Pero es nuestro y mi libertad de expresión sólo la controlo yo y mis ideas cuando escribo son las mías y mi manera es la mía. Si tú puedes repetir eso mismo que yo digo, eres un tipo con suerte. Valóralo.
© Abril 2005 Juan Carlos Planells
Juan Carlos Planells nació en Barcelona en el año 1950. Autor de dos novelas publicadas y multitud de relatos, artículos y ensayos, es uno de los principales estudiosos de la figura de Philip K. Dick. Ha publicado relatos y artículos en gran parte de las revistas del género en lengua castellana: Nueva Dimensión, BEM, Tránsito, Gigamesh, Opción, Cuasar, Artifex, Asimov Ciencia Ficción… y en BEM on Line. Finalista en dos ocasiones del premio Domingo Santos. Falleció en 2011.
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