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HABLANDO CON HERNAN (I)

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Hernán Domínguez Nimo
Primera parte

Por Sergio Gaut vel Hartman

Hablando con Hernán

GvH: ¿El haber sido elegido para formar parte de esta columna te hace sentir parte de algo, un joven valor de la literatura fantástica hispanoamericana, por ejemplo?

HDN: Realmente es un honor aparecer en este espacio que BEM on Line dedica a jóvenes escritores, a los talentos en crecimiento… sobre todo por mis 35 años cumplidos. Aunque la verdad es que toda mi vida me sentí más joven de lo que soy.

GvH: En este punto, entonces, no vendría mal una descripción del sujeto en cuestión…

HDN: Siempre fui flaco, de apariencia juvenil y, durante bastante tiempo (aunque con mi actual metro 84 parezca mentira), un poco petiso. De hecho, estoy convencido de que yo nací cuando tenía 5 años y no cuando dice mi documento. ¿Por qué he de creerle a un papel que contradice lo que siento y lo que veo? (Por ejemplo, mis primeros recuerdos son de cuando coleccionaba las figuritas del Mundial 74). De adolescente, cuando iba a bailar, las chicas no me daban bola por mi aspecto aniñado. Por eso siempre salí con chicas más jóvenes. Y hasta me sirvió para conocer y enamorar a mi mujer, 13 años más joven que yo. Claro que un poco después descubrí que ella en realidad aparenta 10 años menos de los que en verdad tiene. Lo descubrí siete años y dos hijos después para ser exactos.

GvH: ¿Cómo empezó tu interés por la literatura?

HDN: De chico era un devorador de libros. Leía todo lo que caía en mis manos. Mis dos padres tenían la costumbre y me la inculcaron, sobre todo mi madre. De pequeño, amaba los libros de aventuras de Emilio Salgari y Julio Verne. Después, yo solito entré en el mundo del terror y lo fantástico, leyendo especialmente lasNarraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe y los Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga. Pero todo cambió el día que leí 1984, precisamente ese año. Aquello fue un verdadero shock. Al terminar de leerlo tenía una depresión enorme, el mundo se había acabado para mí. La sensación de desamparo disminuyó con el correr de los días. Entonces descubrí que quería más de eso. Así fue como, habiendo probado el sabor de la ciencia ficción, me volví adicto y convertí a mi tío (que era asiduo lector) en mi proveedor. Recuerdo el día que me prestó los tres primeros libros: Nueve Futuros de Asimov, La penúltima verdad de Dick y Homo Plus de Pohl. Al terminarlos, mi capacidad de maravillarme había crecido de una manera increíble. No podía creer que fuera posible descubrir tantos lugares, tantas cosas, tantas posibilidades. Me gustaría pensar que alguno de mis cuentos es o será capaz de lograr este mismo efecto en un lector.

GvH: ¿Sólo leíste ciencia ficción a partir del momento en que descubriste el género?

HDN: De ahí en más, leí de todo un poco, pero enfocándome sobre todo en la ciencia ficción. Clarke (El fin de la infancia, Cita con Rama), Zelazny (El señor de la luz, Tú el inmortal), Bester (El hombre demolido, Tigre, tigre) y Varley (La persistencia de la visión, Blue champagne) son algunos de los que me dejaron huellas en esta época temprana. Y las colecciones Minotauro e Hyspamérica, las que más me proveyeron de material de lectura. Las revistas El Péndulo y Minotauro, con autores que escribían en castellano, llegaron mucho más tarde a mis manos, ya como rezagos en las librerías de Corrientes.

GvH: Queda claro el asunto de las lecturas. ¿Y la escritura, cómo empezaste a escribir?

HDN: Escribo desde muy chico. Poe y Quiroga (Stephen King luego) me incitaron a escribir desde temprano. Yo quería lograr un cuento como “El almohadón de plumas”, de Horacio Quiroga. Pero mi estilo tardó mucho en evolucionar. De a saltos diría yo. Creo que solo hace 4 ó 5 años que considero tener un estilo adulto (aunque pensándolo bien eso mismo creía hace 10 años). Este lento crecimiento debo agradecérselo en parte a mi maestra de literatura, que me desanimó en mi intención de estudiar Letras porque “si no me gustaba la docencia, era una carrera muerta”. Por suerte, mis ganas de escribir siempre fueron más fuertes hasta que mi propia introversión. Los talleres literarios que frecuenté llenaron algo del vacío que una carrera como Letras había dejado. Supongo que también por eso me decidí a estudiar Comunicación Social, que tiene orientación al Periodismo y a la Publicidad (mi profesión actual). Era una forma de ganarme la vida haciendo lo que más me gusta: escribir.

GvH: ¿Pensabas en un hipotético lector cuando escribías? ¿Y ahora, es ese tu objetivo o sólo te interesa expresarte?

HDN: Durante mucho tiempo escribí cuentos solo para mí. Era el placer onanista de la escritura en sí misma. No había nadie al otro lado de la hoja. Amigos (algunos, no todos) pero nada más. Todavía no sé qué fue lo que me impulsó a mandar un cuento al Primer Premio Terraignota. De repente, encontrarme finalista hizo que me replanteara muchas cosas. La cordura del jurado por ejemplo. No, en serio. Me hizo pensar que no era tan malo lo que hacía. Porque ya sé que muchos lo dicen, pero realmente yo soy el peor crítico que puede haber para lo que escribo.

GvH: Todos los escritores, noveles, inexpertos, con cierta carrera a las espaldas o consagrados tienen temas y enfoques favoritos. ¿Es tu caso?

HDN: ¿Sobre que escribo…? Supongo que de lo que me llama la atención. Muy pocas veces me fuerzo a escribir sobre un tema ajeno o sin tener una idea. Siempre tengo una o dos situaciones para cuentos revoloteando como murciélagos en vuelo rasante sobre el resto de mis pensamientos (esto, más que índice de mi creatividad habla del poco tiempo que puede dedicarle a la escritura alguien que tiene hijos pequeños).

GvH: Pero tiene que haber un tema, algo que te desvele, que te angustie o te impulse a sentarte frente al teclado.

HDN: Si realmente hay un tema recurrente en mis cuentos es la muerte. Quizá la de mi padre, cuando tenía 13 años, me dejó una marca. No sé, nunca me psicoanalicé. Pero lo cierto es que por lo general, y más allá de una temática de ciencia ficción particular, pareciera (y es que no lo hago intencionalmente, simplemente así me sale) que si en mis cuentos no mato o mutilo a alguien no me doy por satisfecho. Realmente me pongo feliz cuando uno de mis protagonistas sale indemne de un cuento. Es como si hubiera pasado la peor de las pruebas: yo mismo. Quizá escribir sea solo una forma de purgarme, de sacar la porquería que tengo adentro. En fin, eso espero. Mi mujer es psicóloga y a veces me da miedo darle a leer mis cuentos. ¿Qué irá a pensar? ¿Que convive con un asesino serial reprimido? Escribir, en estos casos, es peor que hablar en sueños.

GvH: ¿Cómo ves tu “carrera”, si te parece que puede hablarse de algo como eso?

HDN: Creo que en el 2004 terminó de girar una bisagra que empezó a accionarse el año de Terraignota y se aceleró con lo de Fobos. Vos ya sabés cómo, a través de CCF y Axxón, me puse en contacto con un mundo de autores y lectores de ciencia ficción tan vasto como insospechado. Pensá que de vivir tan encerrado en mí mismo, cuando descubrí la existencia del CACFyF, ya llevaba varios años desaparecido. Para mí, esto fue lo más parecido que se puede vivir a la repentina aparición de una puerta hacia una dimensión paralela, un universo en el que puedo compartir y discutir sobre gustos comunes. Pero sobre todo, saber que lo que escribo va a ser leído por mucha más gente.

GvH: ¿Te parece tan decisivo que un escritor forme parte de algo, que tenga un sentido de pertenencia definido, más cuando eso conlleva, por definición, cierto grado de competencia? ¿Es tan importante publicar?

HDN: Antes no me importaba tanto. Pero ahora que lo viví, me di cuenta que me gusta. Ser publicado es muy gratificante. Y no por una cuestión monetaria, claro. Hasta donde sé, solo unos pocos logran vivir escribiendo solo ciencia ficción. Pero también es cierto que un cuento, oculto en un cajón o en una carpeta de computadora, está sujeto a tantas correcciones como lecturas uno le dedique. En ese sentido, la mejor forma de darlo por terminado es hacer que vea la luz. Hoy en día, mientras escribo un cuento, ese es el mejor de los finales que se me ocurre.

GvH: Tal como hicimos en la primera entrega de esta sección, dejaremos que la entrevista quede abierta y dé paso a pruebas vivas del quehacer del autor. Hernán, como Raquel, son protagonistas de la literatura fantástica hispanoamericana de hoy, y cualquier conclusión a la que arribemos será provisoria, una mera aproximación. En los últimos tiempos Hernán publicó con frecuencia en Axxón, ha enviado cuentos a concursos y antologías y pronto tendrán noticias de sus ficciones. Por lo pronto, que hable el relato que hemos seleccionado. Pasamos a “El sonido seco del líquido” y comprobemos por qué decimos que Hernán es una de las promesas más firmes del género que se escribe en nuestro idioma y justifiquemos la elección.

© Sergio Gaut vel Hartman marzo de 2006

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