HABLANDO CON JUAN PABLO NOROÑA

Ahora sumo dos experiencias, y a la hora de encarar la tercera me digo que ninguna se parece a la otra. ¿Habré aprendido algo? Juan Pablo Noroña tendría que ser menos complicado que RaquelHernán. ¿Lo será? Tengo mis buenas dudas. Pero empecemos.


 

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Recuerdas cuáles fueron tus primeras lecturas?

Juan Pablo Noroña: Yo empecé leyendo a Verne y Salgari, como todo el mundo, y de ahí pasé a los policíacos, como Chandler y Hammet. También Kipling, Pérez Galdós, Balzac, De Pereda, Thackeray, Tolstoi, Turgéneiev, Austen, Brontë, Dumas, montones de decimonónicos, y después algo buenísimo, la literatura soviética de guerra, que por desgracia media humanidad se ha perdido, incluyendo a Harold Bloom. Leer era divertido, un placer. Hay gente que lee para “estar al día”, para no perderse en las conversaciones inteligentes; como si fuera a graduarse y buscarse un diploma de Leído y Escribido. Yo siempre leí lo que me agradaba o me daba curiosidad, no lo que decían que era bueno. Hasta el sol de hoy, por ejemplo, sólo me leí un libro de Bukowski, y queda como último, porque la verdad me aburrió. Tampoco he leído más que algunos cuentos de Onelio Jorge Cardoso, y eso en Cuba es herejía; pero es que no siento la necesidad de leer a Cardoso habiendo Lino Novás Calvo, que sí me atrapó con el primer relato, Cayo Canas. Por demás, leo cualquier cosa, ciencia ficción y lo demás. Ahora mismo estoy compartiendo mi tiempo entre Barchester Towers, de Anthony Trollope, Hollywood, de Gore Vidal, y Heliconia, de Brian Aldiss, porque cualquiera de los tres es demasiado para leer de un tirón.

SGvH: Entonces la pregunta siguiente debe ser, ¿para qué lees?

JPN: Yo no creo que la literatura tenga otro motivo honesto que hacer feliz —de cualquiera de las muchas maneras— a la gente, con el mismo acto de leer. Lo demás son pretensiones, tanto de los autores como de lo lectores. La ciencia ficción vino soviética, con las novelas de los hermanos Strugatski y las selecciones anuales de la revista Literatura Soviética, que entraban durante mi adolescencia. Había algunas novelas y antologías de ciencia ficción anglosajona publicadas en Cuba, pero todo anticuado. Cuando me encontré, a finales de los 80 y principios de los 90, con la literatura clásica de CF y fantasía, fue, por supuesto, una epifanía. “La mano izquierda de la oscuridad”, “Neuromante”, “Bosque Mitago”; yo me quedaba boquiabierto. Fue entonces que quise ser capaz de hacerlo yo mismo, para disfrutar la ciencia ficción desde el otro punto de vista, el del narrador.

SGvH: ¿Por qué ciencia ficción?

JPN:: Y debía ser ciencia ficción, no otra literatura, pues esta tiene una especificidad muy atractiva para mí, y es que leer ciencia ficción simula el proceso de aprender, produciendo un placer similar. La lectura de un buen relato de este género me da una sensación similar a la que tengo al aprender: me veo ante una proposición de novedad cognoscitiva, y voy descubriendo poco a poco su primicia, su coherencia, su relevancia o profundidad. El hecho de que sea un texto ficticio, con una proposición inventada, le permite añadir placeres extra, de la esfera emocional, y liberar el proceso de lectura de la responsabilidad que representa un texto realmente científico, mucho más exigente y atenido a reglas. Quien disfruta aprendiendo, pero no tiene en determinado momento la capacidad o la necesidad de hacerlo, lee ciencia ficción para recibir una dosis similar de felicidad, y ese es, como ya dije, el motivo más honesto del mundo. Por supuesto, para semejar el gusto de aprender, una proposición de ciencia ficción debe ser similar en algunos aspectos a una proposición de conocimiento —y creo que la desatención a esta necesidad es la raíz del poco aprecio por la ciencia ficción entre los cultores del mainstream—.

SGvH: ¿Propones entonces un género sin género, un universo en expansión, abierto a todas las posibilidades, incluso las más heterodoxas?

JPN:: Este género no es un todo vale, un festín de la credulidad o un paseo de clichés y tópicos. En el fondo de toda proposición de ciencia ficción hay una mentira, una afirmación no probada o directamente errónea: pero es el fondo. Si encuentro errores de conocimiento en la superficie de un relato, tales como imposibilidades no justificadas, incoherencias, extrapolaciones chuecas y cosas, simplemente no lo disfruto, y de vuelta al librero. Entonces, cuando yo mismo hago un relato de ciencia ficción cruzo los dedos y me las veo para ocultar mi mentira bajo capas y capas de extrapolación, la apuntalo con coherencias prestadas, la blindo con embelecos racionales. Puro sofisma. Y un corolario: como la gracia del conocimiento es la novedad, y el valor de la información en la extrañeza, estimo conveniente imaginar proposiciones nuevas en cada relato, amén de tan audaces como se me ocurran. No me gusta repetir un universo, lo evito, ni hacer uno predecible o en algún modo acostumbrado. Dicen que para escribir hay que tener la misma actitud que para matar a la madre; yo busco maneras nuevas de matar al futuro. No siempre las encuentro, pero estamos trabajando en eso.

SGvH: Dinos algo de ti mismo, como persona, si tal cosa puede separarse del escritor.

JPN: No sabría qué decir de mí mismo. Sobre ese tema, prefiero escuchar. A veces me pregunto qué se ve desde fuera: las peroratas no solicitadas, la mordacidad ocasional, el ridículo. Me preocupan mucho cosas como la falibilidad propia y ajena, la deslealtad, la incomunicación, la injusticia; me la paso examinándome para evitar esas cosas, y no acabo de lograr una perspectiva adecuada. En esta vigilancia tengo apoyo en mis dos mejores amigas —tengo más facilidad para relacionarme con mujeres—, pero no espero una visión de 360 grados en personas que me aprecian tanto, y en los demás simplemente no confío mucho. Viviré en la duda.

SGvH: ¿Tienes una opinión formada sobre la literatura fantástica cubana, sus tendencias y falencias?

JPN:: La literatura fantástica cubana está como la otra, en remolinos. Tenemos esta situación donde parte de la intelectualidad creativa se funde con la academia y el funcionariado, y el prestigio se vuelve cuestión de dictum o decreto oficioso, y la recompensa económica está directamente asociada. Hay gente que se busca un puesto de “promotor”, “editor”, o se afilia a algún grupo formalizado y vive del aire. No hallarás entre esta gente a nadie con un trabajo de pan ganar, como DostoievskyTrollopeKipling; todos quieren un puesto en la maquinaria estatal de la cultura para tener una sinecura y a la vez hacer avanzar su obra desde esa posición de poder. Por otro lado, hay algunos freelance, que pueden o no tener una posición oficiosa, pero las más de las veces se labran un nombre trabajando como unos condenados, —ejemplo Alberto Garrandés—, o interesando a editoriales extranjeras a punta de calidad —como Ena Lucía Portela, indiscutiblemente la mejor escritora o escritor con menos de sesenta años en Cuba—. Hay sus guerras; ahora mismo —mayo del 2006— uno de los freelance publicó un artículo poniendo en solfa a uno de aquellos grupos formalizados —de mucho predicamento—, y fue el acabóse de réplicas. En todos estos tejemanejes el público es nada; sólo tienen peso los jurados, los editores, los funcionarios, los controladores de talleres y peñas. Bueno, pues la ciencia ficción en Cuba queda atrapada por estos remolinos. Como aquí no hay propiamente mercado, la ciencia ficción no puede soslayar aquellas perversiones de lo literario mediante un recurso a la venta, al gusto de masas, al gran público; para avanzar, para materializarse en papel y tinta, tiene que dejarse llevar en las aguas blancas —por agitadas, no por limpias—. Creo que ese bochinche está demorando la tan augurada explosión de la ciencia ficción en Cuba. Y aunque la cosa no luce tan mal, aún no me convence. Ni siquiera hay grandes escritores todavía, ni muchos medianos tampoco. Como promete el Yoss… pero como tiene que trabajar para mantenerse económicamente, y todavía no es Balzac, que era genial a la carrera.

SGvH: Pero en el campo específico de la ciencia ficción hay otros nombres, además del tuyo y el de Yoss, e incluso de Vladimir Hernández, a los que se puede augurar un futuro interesante. ¿Darás esos nombres o tendremos que recurrir a los apremios ilegales?

JPN:: Ni que los nombres fueran míos para dar, caramba. No, es cierto, hay más gente. Michel Encinosa Fu ha publicado dos libros, uno de CF, Niños de Neón, y Sol negro, de fantasía. Con Michel pasa una cosa: aquel a quien le gustó uno de los libros, no le gustó el otro. Yo soy de los que prefiere Sol Negro, porque el ciberpunk de Niños de Neón no es de mi agrado, por aquello de mi ideal del género. Pero cualquiera de ambos libros está perdido en las librerías; las reducidas tiradas que se hicieron, volaron. El propio Michel anda como loco, buscándolos en almacenes o comprándolos, porque no tiene para regalar a los amigos. Mas no ha habido segundas ediciones, y en cambio publican montones de libros insufribles que se quedan mosqueados en las librerías, de autorzuelos que nadie lee pero que son nombrados en los cenáculos y las publicaciones especializadas. Michel fue entrevistado en un programa dedicado a autores consagrados, y creo que ha sido el más joven de los invitados; sin embargo, le tienen una novela “en proceso editorial” desde hace cuatro años. Y eso que tiene una ristra de premios y menciones, es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, trabaja de editor y se graduó del exclusivo e influyente Taller Onelio Jorge Cardoso… quién sabe cómo le hubiera ido sin ese currículo, siendo simplemente un autor de ciencia ficción y fantasía. Está Anabel Enríquez Piñeiro, quien ganó el premio Calendario 2006 de ciencia ficción y está tratando de introducir guiones de ciencia ficción y fantasía en los medios audiovisuales nacionales, además de esforzarse en promocionar el género. Anabel es pura energía positiva en todos los aspectos posibles. De Juan Alexander Padrón no he vuelto a saber desde que ganó el premio Terra Ignota, qué hace, qué escribe. Él es co-creador, junto a Michel, de los universos Ofidia y Sotreun, donde se desarrollan los dos libros arriba mencionados. Y cuando me hiciste la pregunta estabas pensando en Alberto Mesa Comendeiro, que ganó el Premio Guaicán. Alberto no sólo tiene dificultades para conectarse a Internet; no tiene computadora —imposible retroceder a la máquina de escribir—. Por suerte, Yoss le tira tremendos cabos con eso, le presta libros, lo anima, lo apoya. Te voy a contar una cosa que quizás no debiera… Alberto pudo haber no ganado el Premio Guaicán. Resulta que entre los participantes del concurso había un escritor de estos nuevecitos, que nunca realmente había escrito ciencia ficción, y leyendo lo que ha hecho, creo que no tiene la más ínfima idea de lo que es el género… funciona como una especie de imitador anémico de Ray Loriga. Pero es como los perritos, siempre está tratando, y le tira a todo, incluyendo los concursos de ciencia ficción. Le llaman “el caballo de batalla” de la Asociación Hermanos Saíz por lo productivo que es, se graduó del Taller Onelio Jorge Cardoso, y se dice que estaba en muy buenos términos con uno de los miembros del jurado. Pues hasta el mismo día del anuncio, que sería en la feria del libro, él se veía con el premio en el bolsillo, lo cual dice mucho de sus opiniones sobre sí mismo y la ciencia ficción. Cuando dijeron “Fantasmas Inocentes, por Alberto Mesa Comendeiro”, le dio. Fue ipso facto a discutir con el jurado, a exigir, a protestar, a denunciar. Un show, que por suerte no vi. Todos respiramos aliviados, pues la verdad nos temíamos que, en efecto, le adjudicaran el premio, y nos alegramos por Alberto. Y no es la única vez que el mainstream cubano arroja sus peores características sobre la ciencia ficción nacional. Lo siento si todo esto suena un poco sombrío, pero creo necesario explicar por qué hay “augurios” y “futuro” donde pudiera haber certeza y presente.

SGvH: En todas partes se cuecen habas. No veo por qué habríamos de espantarnos. ¿Cómo ves la ciencia ficción en el resto de Latinoamérica y España?

JPN:: La ciencia ficción y la fantasía hispanoamericanas lucen mucho mejor. Puede ser que no se vean tantas publicaciones como sería conveniente, y se lee mucho más lo traducido, pero hay una base tremenda. Tienen buenos escritores en todas partes, en Argentina, España, Venezuela, Colombia, Puerto Rico, Chile, Brasil, Ecuador… no digo nombres porque no quiero hacer listas. Además, para qué está Axxón. Y cuando gracias a los foros de Internet uno conoce en epístola a esos escritores, y percibe la inteligencia, la audacia, el talento acumulados, uno se pregunta dónde está el espíritu empresarial de los editores. Se sabe de un número de novelas y colecciones de cuentos publicadas, de autores como Eximeno, Alonso, Palma, pero hasta el momento son las universidades y las asociaciones quienes más cosechan la creatividad del género. Ojalá Minotauro no se quede sola. Debiera llegar un momento en que nos abrumen las noticias tipo “editorial equis hace un negociazo con libro de autor zeta”, y después un tiempo en que ni noticia sea. Veo y leo en la web, y me parece que por falta de talento no es.

SGvH: ¿Crees que los concursos pueden aportar algo en ese sentido —más allá de los dinerillos— o sólo sirven para distraer a los escritores con zanahorias de puro azúcar batido?

JPN:: Por supuesto que sirven. Cualquier expediente honorable es bueno para ganar exposición ante el público. Estoy seguro que los autores bien pueden ganar los concursos —lo cual quizás conlleve algunas concesiones— y a la vez hacer una obra personal que algún día, cuando los editores pierdan el miedo a lo desconocido, verá la luz. Si son concursos cuyo premio incluye publicación, más aún: el fin social de un escritor es ser publicado y leído.

SGvH: ¿Y los talleres virtuales? ¿Crees que tienen futuro? En los últimos tiempos hemos visto elegidos para diversas antologías a relatos escritos y corregidos en esos talleres.

JPN:: De la forma en que funcionan los que he visto, —Taller 7 de CCF, Escritores CF, y en cierto modo el club de lectura Ucronía— donde hay respeto por la libertad creativa, claro que hay futuro. Sé de algunos —virtuales y no— donde existe una presión intangible, que uniforma. No es así en los talleres virtuales… hay cierta democracia de ágora, de foro, de asamblea tribal, en la cual sólo los argumentos bien puestos tienen lugar. Eso saca lo mejor de la gente… tú mismo lo has visto, y los lectores. Pero lo mejor que tienen los talleres es la minería de talento que hacen. Es como la galvanización… lo positivo en el estanque de la web va a los talleres, y lo negativo se va.

SGvH: Para terminar. ¿Proyectos? ¿Alguna novela? ¿Un volumen de cuentos que tengas esperanzas de ver publicado?

JPN:: Hay una novela andando… lleva años andando. Quizás la termine este mismo año. Y no tengo nada en vías de publicación, pero no me preocupa todavía. Igual me leen: Axxon tuvo millones de visitas este año, y el pasado. En el futuro, quién sabe si logre interesar a algún editor, nacional o extranjero. Lo mío, por el momento, es que me lean. Además, no estoy tan seguro de que alguien deba pagar dinero por lo que yo escribo… aún. Más que publicar, quisiera mejorar. No tengo apuro. Aunque en caso de apremio, tendría dos libros de cuentos por falta de uno.

© Sergio Gaut vel Hartman diciembre de 2006

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