por Xavier Riesco Riquelme
Cuando una novela comienza con la protagonista masturbándose con un arma cargada, la impresión es que la autora apunta alto (chiste intencionado); aparte de ser toda una declaración de principios sobre los contenidos de la novela: relaciones entre sexos, exploración de la violencia femenina, de la violencia masculina, de la sexualidad como artefacto cultural e imperativo biológico, deconstrucción feminista, construcción femenina, ironía sobre los arquetipos masculinos y la forma en la que las propias mujeres alientan esos arquetipos (una de las mejores partes de la novela) y el esperable comentario ácido sobre los mores modernos (no veía un listado tan grande marcas comerciales como recurso literario desde American Psycho).
El centro
Dos tramas, dos mundos: por un lado un grupo de amigas se dirigen al centro comercial que da título a la novela (en inglés se trata de un juego de palabras fonético entre mall y maul, centro y mutilar, una estrategia polisémica muy querida por la literatura feminista y académica norteamericana) para pasar una tarde viendo productos, quedar con una banda rival y ajustar cuentas violentamente en general con la vida, el universo y todo lo demás.
Por otro lado, un sujeto de laboratorio masculino, y autista para más señas, en un mundo donde los hombres han sido casi erradicados por una serie de superinfecciones, se ve sometido a un experimento biológico para intentar comprender la naturaleza de esa pandemia. En su agonía, el único recurso para escapar al dolor consiste en un juego virtual de evasión… Al final, la interacción entre la infección y la virtualidad conducirá a una asombrosa revelación. Revelación que aparentemente se pierde en el gran esquema de las cosas, como ironía final.
Uno de los dos mundos, por supuesto, es una metáfora de los procesos que ocurren en el otro, pero las retroalimentaciones entre ambos mundos no son precisamente evidentes, y parte del juego de leer esta novela reside en intentar identificar correctamente los mecanismos análogos, descubrir las pistas (normalmente expresadas mediante nombres y situaciones) que hacen que una larga secuencia de violencia y destrucción pueda leerse como un complejo proceso biológico oscilando entre la aniquilación y la supervivencia.
El Centro es al mismo tiempo una novela brillante y un pelín decepcionante. Las ideas que emplea Sullivan son potentísimas, y determinados comentarios (como por ejemplo, el papel de las mujeres en las sociedades que comenten crímenes de guerra) tiene una fuerza sobrecogedora. Sin embargo, la exploración de género y biología se queda coja (la autora reconoce que “por supuesto, la ciencia en este libro es pura invención”), aunque eso no impida disfrutar de la acidez de la imaginería de esta novela.
(c) 2008 Xavier Riesco Riquelme
El centro, de Tricia Sullivan (Maul; 2003). La factoría de ideas, col. Solaris Ficción nº 98. Madrid, octubre de 2007. Traducción de Marian Tobalina. 352 páginas, 19,95 euros. ISBN . 9788499003475
En un centro comercial, una pandilla de chicas adolescentes se ve envuelta en un torbellino de violencia y compras. No solo han de luchar por su vida, sino también por la de un hombre atrapado en otro mundo, que tiene unos enemigos muy diferentes; un hombre al que no conocen, pero que puede cambiar el futuro de la raza humana.
Una historia relatada en un estilo vigoroso, condimentado con toques de postmodernismo y realismo mágico que le confieren el encanto de lo distinto