RESURRECTION DAY, de Brendan DuBois

Kennedy y Kruschev lanzaron los misiles
Premio Sidewise 1999

Por Augusto Uribe y Alfred Ahlmann

Últimamente se han traducido en nuestro país varios premios Sidewise, entre los que aún no figura Resurrection Day, de Brendan DuBois. Poco conocido entre nosotros, es un autor de novelas de suspense, que por una vez abandonó su exitosa serie de misterio de Cole Davis para escribir un libro que se lee con gusto y ha sido merecidamente galardonado. No es una novela de science fiction, sino un thriller de historia alternativa: la ucronía va penetrando géneros ajenos a la ciencia ficción.

Portada de la novela Resurrection de Brendan DuboisSu punto jumbar supone que en la crisis de los misiles de Cuba de octubre de 1962, en la gran partida de ajedrez que jugaron Kennedy y Kruschev, uno adelantó -le adelantaron- su pieza una casilla más y el otro respondió con un movimiento similar, desencadenándose una guerra termonuclear en la que la Unión Soviética perdió a nueve de cada diez de sus habitantes y no conservó ni una ciudad, sólo fangosos poblados. Los Estados Unidos perdieron también muchos hombres, aunque no tantos, pues el arsenal soviético era muy inferior  al estadounidense.

La novela se inicia con citas auténticas de KruschevKennedy  y responde a un par de what-ifs. ¿Qué hubiera sucedido si el premier ruso no hubiera sido el hombre prágmatico que fue y que recordaba la carnicería de Stalingrado? ¿Y qué si el Presidente norteamericano no hubiera sido un hombre que escuchaba a su hermano Bob y a su consejero áulico William McNamara antes de actuar? Se supone que los alternativos no lo fueron.

Lógicamente Cuba es una ruina atómica y su poca población superviviente ha de abandonar la isla. China no aprovecha la ocasión al colapsarse en una larga serie de guerras internas y es Europa la que mejor sale librada. Desde las bases americanas en Europa no se lanzan misiles de corto alcance sobre Rusia y ésta respeta a los demás países del Continente, su enemigo es otro. No se debe reprochar aquí al autor una falta de coherencia como han hecho varios de sus compatriotas.

Desaparecidos los Pactos de la OTAN y de Varsovia, con una Rusia que no está ni en las Naciones Unidas, los países del Este quedan libres del dominio soviético y los del Oeste pasan a ser liderados por el eje París-Berlín. El programa espacial lo desarrolla Europa, con una Guayana que juega el papel de Cabo Cañaveral y el “milagro japonés”, que igualmente se da, sufre la dura competencia mercantil de Francia.

Gran Bretaña, que es ahora la potencia hegemónica del planeta,  permanece como aliado de su ex colonia, a la que ayuda en su reconstrucción. Tropas británicas y canadienses se despliegan en los Estados Unidos y actúan como fuerzas de contención en la posguerra, sin que falten quienes sospechan que albergan intenciones de mayor calado.

La nube radiactiva que originan los cohetes caídos sobre la URSS se extiende sobre Asia, matando a millones de personas, y varios gobiernos juzgan a los miembros de las Fuerzas Armadas americanas allí destinados como criminales de guerra. Los EE.UU. han de retirar a su personal destacado en el extranjero, empezando por Vietnam.

Cuando estalló la guerra, el Presidente, el Vicepresidente y los altos cargos de la Administración desaparecieron todos con sus familias, sin tiempo para evacuarlos. Un lago rellena el inmenso cráter radiactivo que ocupa el lugar en que antes se levantara Washington y cosa parecida ocurre con Nueva York, Omaha, San Diego, Miami y cuantas ciudades había cerca de instalaciones militares. La nueva capital es Filadelfia y el nuevo Presidente Nelson Rockefeller, aunque los USA viven bajo la ley marcial, reducidos a la nostalgia de su pasado esplendor.

John F. KennedyLa propaganda militar imperante atribuye la guerra a la temeridad e incompetencia de Kennedy, al que la opinión pública mira como a un carnicero: el único miembro significado de su Administración que ha sobrevivido, McGregor Bundy, está encerrado en la prisión de Leavenworth. Los altos cargos militares, en cambio, se ven como los salvadores de la patria, el primero el Jefe de la Fuerza Aérea, general Ransey Curtis, del que no se puede decir que sea un cameo, pero sí un personaje de ficción directamente inspirado en el oscuro general de la realidad Curtis LeMay, al que alguien podrá recordar en alguna película.

John McCainEl cameo más curioso es un ucrónico John McCain que aparece en la Cruz Roja americana como encargado de los desaparecidos -como lo estuvo él cuando su avión fue derribado sobre Vietnam y permaneció prisionero cinco años- y que, cuando escribimos estas líneas, es el candidato del partido republicano a las elecciones presidenciales de este 2008. Otros, como el del jugador de béisbol Joe Namath, que aparece como una personalidad del mundo sociocultural, sólo tienen sentido para el público americano al que en primer lugar está dirigida la novela.

Esta primera trama se entrelaza con una segunda. Diez años más tarde Carl Landry, que combatió en Vietnam antes del holocausto y en California después, es ahora un reportero del Boston Globe -que ha sustituido como primer periódico al inexistente New York Times, que cubre una información sobre el asesinato del soldado veterano Merl Sawson, en activo en 1962.

El tema de los veteranos de guerra está presente a lo largo de toda la novela. 1962 no fue sólo el año de la crisis de Cuba, fue también el año en que los americanos empezaron a sufrir grandes pérdidas en Vietnam: quizá alguien las recuerde visualmente en aquella película de Mel Gibson, “patriótica” pero interesante, Cuando éramos soldados, que narra una de las dos solas batallas que ganaron. Fue una victoria pasajera y amarga en el país en que América perdió tantas esperanzas jóvenes. Pero la guerra de Vietnam no fue nada comparada con la de Resurrection Day,una novela que tiene más de apocalíptica que de catártica y asusta a los americanos donde más les duele.

La investigación es cortada de raíz por la censura militar. Landry, de inquieto espíritu curioso, bucea en el pasado de Sawson, hace averiguaciones y entra en sospecha de que hay cosas que no se han contado, lo que le lleva a preguntarse quién tomó realmente la decisión en el gabinete de guerra de la Casa Blanca o quién apretó realmente el botón que disparó los misiles. Lenta y gradualmente irá descubriendo secretos calientes que afectan al abandono de Nueva York o a documentos cruciales codiciados por diversas facciones para diversos fines. “Nadie recuerda”, se dice repetidamente, “lo que estaba haciendo el día  en que el Presidente Kennedy intentó matarlos“, mas JFK todavía conserva partidarios que no suponen que fuera nunca Mordred, sino siempre el buen rey Arturo de Camelot. Cuando finalmente se conocen las respuestas, todo resulta plausible.

Pasa a acompañar a Landry Sandra Price, Sandy, una joven y bella periodista del London Times, y juntos descubren que hay miembros del Gobierno británico y de sus Servicios de Seguridad a los que agradaría un anschluus sobre los Estados Unidos, para anexionarlos a la manera en que hizo el Tercer Reich con Austria en 1938 y volver a ser sin oposición la nación más poderosa del mundo: Inglaterra juega su papel “ex-céntrico” desde el Canadá, que pasa a ser el polo de la política norteamericana.

Bredan DuBoisSe dieron igualmente en el otro continuum las crisis de Suez, el Norte de Borneo y Chipre, nunca se distancia del nuestro más de lo preciso. La guerra fría se traslada a los EE.UU. pero sigue siendo la misma que existió en Centroeuropa a mediados del siglo XX, con sus redes de espionaje y sus listas de personas desaparecidas, en la mejor línea de la serie de Harry Palmaer.

Reviste su importancia el posicionamiento estadounidense versus el aislacionismo: a los demócratas, que han perdido peso en esta línea temporal, se los moteja de “internacionalistas”, cuando en la realidad de los 60 fue esta postura la que inclinó de su lado la balanza de las elecciones. Se nombran Corea y Vietnam pero, después de la guerra, los que de verdad están “interviniendo” lejos de su territorio son los británicos, como corresponde a  quien tiene el poder dominante en el mundo.

No hay década de los 60, la que comenzó en 1962 con la progresiva lucha de los afroamericanos por la igualdad social y las oportunidades académicas, con la edición de los Beatles de She Loves You, y culminó en 1969 con la llegada del hombre a la luna. La obra tiene su epílogo en unas elecciones que se celebran entre protestas en Manhattan, Omaha, San Diego, Miami, en las ciudades más afectadas por los misiles.

Una broma irónica para nosotros es la pregunta: “¿Puedes imaginar a hindúes y paquistaníes con la bomba atómica?” Otra, la utilización de “Queen and Country” en vez “King and Country”, plena de sentido porque la muy british Isabel II es reina, pero que nunca se había escuchado. Y un guiño conseguido es el que se hace con la samizdat, la clandestina prensa autoeditada de la Rusia de detrás del telón de acero, que se traslada a los EE.UU.

Resurrection Day se escribió en 1999, antes del fatídico 2001 de Nueva York, y quizá por eso DuBois escribió después la traducida Ocaso (Twilight), como una respuesta emocional al atentado: “Durante años supimos que algo iba a pasar, pero no hicimos nada. Ahora estamos sufriendo las consecuencias…”

 

DuBois, Brendan. Resurrection Day, Putnam, 1999, hardcover, 387 pp.; Warner, 2000, papeback, 580 pp.

 

©  2008 Augusto Uribe y Alfred Ahlmann

Augusto UribeAugusto Uribe es doctor en una ingeniería, periodista y tiene otros estudios; ya jubilado, es presidente de una sociedad de estudios financieros. Ha ganado varios premios Ignotus y ha publicado en libros, revistas y fanzines, como el antiguo BEM o Nueva Dimensión, que lo tuvo por su primer colaborador.

 

 

Alfred AhlmannAlfred Ahlmann, director de la misión arqueológica española en Turquía, es doctor en Historia, profesor universitario en España e imparte clases en algunas universidades extranjeras: domina varias lenguas. Además de numerosos trabajos profesionales, ha publicado también artículos del género.

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Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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