LA CASA DE CRISTAL, de Charles Stross

Por Mario Moreno Cortina

Creo haber dicho ya por aquí que cada vez me arriesgo menos con las novelas de Ciencia Ficción. Cada vez me resulta más difícil enfrentarme a un autor o a un género que no acostumbro. Imagino que cuando eres más joven y tienes más tiempo libre vas picoteando aquí y allá y eso te mantiene la mente abierta y poco a poco, a medida que vas haciéndote mayor (madurar no es un requisito) vas centrándote en las cosas que te gustan.

Desconozco si eso es bueno o malo. Pero el caso es que La casa de cristal pertenece a un subgénero al que siempre me ha dado una pereza terrible acercarme. La palabra “cyberpunk” es una de esas, como “vampiro”, “conspiración”, “templarios” o “Vaticano” que me hacen dejar de lado inmediatamente una novela cuando me las encuentro en el texto de contracubierta.

Con La casa de cristal hice una excepción y me alegro. Entiéndanme, la novela no me provocó mucho entusiasmo y en cierto modo ha venido a confirmarme algunos de mis prejuicios hacia el cyberpunk, pero leerla me ha dado una perspectiva nueva sobre lo que se está escribiendo hoy en día. El autor, Charles Stross (Leeds, 1964), es un escritor escocés autor de algunas novelas que han despertado el interés de los aficionados, como Cielo de singularidad y Amanecer de hierro y parece que es uno de esos nuevos valores a tener en cuenta en el futuro.

El protagonista de La casa de cristal, Robin, es un hombre del que sabemos bien poco al iniciarse la novela. En realidad, él mismo no sabe mucho de sí mismo. En el lejano futuro en el que vive, el cuerpo y el cerebro humanos no parecen ser más que arcilla maleable en manos de la ingeniería genética y la informática avanzada. Cambiar de personalidad, de cuerpo, incluso de sexo, parece estar a la orden del día. Lo único que sabe es que alguien le persigue para matarle por algo que no es capaz de recordar. Cuando le ofrecen formar parte de un experimento antropológico que pretende estudiar la vida diaria en una sociedad antigua (la nuestra) ve la oportunidad para escapar al acoso.

El experimento incluye la recreación de un entorno urbano de clase media que podría ser el de cualquier ciudad norteamericana de finales del siglo XX o primeros del XXI. Los participantes reciben nuevos cuerpos y nuevas identidades y no deben hablar sobre su vida en el exterior. Todo sería perfecto para su propósito si no fuera porque Robin (ahora convertido en una amante esposa) comienza a tener la sospecha de que el monótono paisaje urbano en el que se desarrolla su nueva y anodina vida puede esconder algo más siniestro.

La casa de cristal tiene algunas ideas y escenas realmente interesantes y es una lectura recomendable, pero adolece de dos problemas que la lastran.

El primero es un inicio no muy brillante en el que el lector tiene la sensación de estar asistiendo a la novelización de un videojuego no excesivamente original ni brillante. Además, en el momento en que Robin entra a formar parte del experimento antropológico, la novela se convierte, durante un buen tramo, en una historia contemporánea sobre un matrimonio que inicia relaciones, va a misa, compra en supermercados y acude a ñoñas reuniones sociales.

El segundo problema, ya lo habrá adivinado el lector más avispado, es que esa historia de la recreación virtual del siglo XX con un trasfondocyberpunk ya la hemos visto en la trilogía Matrix. Por otro lado, ese inicio de Espada y Gabardina hace temer que Robin no sea más que un pariente menor de Neo.

Sin embargo, en algún momento en que el lector está a punto de abandonar la lectura, Stross consigue interesarnos, cuando comienza a darnos datos sobre el oscuro pasado de Robin y logramos entrever la compleja trama que hay detrás del experimento. A partir de ahí, La casa de cristal se convierte en una lectura interesante y entretenida cuya tensión ya no decae.

Es de lamentar que Stross haya sido tan moroso a la hora de dosificar la información de su historia, especialmente porque lo que nos está contando mientras tanto no tiene el menor interés. Una vez más, tengo que decir que esta novela habría sido una magnífica novela corta y que es una pena que un escritor se sienta obligado a estirar una historia hasta una extensión que no le corresponde.

También debe resaltarse que la traducción no está todo lo pulida que debería estar y da la sensación de ser un trabajo hecho con premura y que es muy posible que, de haber contado con una mejor versión en castellano, es posible que mi opinión de la novela hubiera subido varios puntos.

Buscando datos acerca del autor, he notado un cierto consenso a la hora de juzgar La casa de cristal como una obra menor dentro de la producción de Stross, de forma que quizá merezca la pena echar un vistazo al resto.

 

(c) 2008 Mario Moreno Cortina

 

La casa de cristal, de Charles Stross (Glasshouse; 2006). Editorial ViaMagna, col. Sci-Fi. Barcelona, septiembre de 2007. Traducción de Carmen Ternero Lorenzo. 436 páginas, 16,95 euros. ISBN 978-84-96692-66-4

Texto de la contraportada

Cuando Robin se despierta en una clínica, habiendo perdido la mayor parte de la memoria, no tarda mucho en descubrir que hay alguien que está intentando matarlo. Estamos en el siglo XXVII, cuando el viaje interestelar se hace por puertas de teletransporte y las guerras se llevan a cabo mediante gusanos de red que censuran la personalidad de los refugiados, tomando como punto de mira a los historiadores. La guerra civil ha terminado, y Robin ha sido desmovilizado, pero alguien quiere terminar con él por algo que su identidad anterior sabía.

Intentando huir de un perseguidor inhumano y buscando un sitio donde esconderse, se presenta voluntario para participar en una sociedad experimental —la Prisión—, construida con el objetivo de recrear una cultura preacelerada. A cada participante se le asigna una identidad anónima: parece el escondrijo ideal para un posthumano a la fuga. Pero se trata de un ambiente del que no hay modo de escapar, y Robin tendrá que someterse a un cambio aún más radical, quedando a merced de su propia psique desequilibrada…

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Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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