2001: de 1968 a 2008, por Juan Carlos Planells

Este año se cumple el cuarenta aniversario del estreno de 2001: Una odisea del espacio, el film de Stanley Kubrick. Para conmemorar debidamente el acontecimiento el Festival de Sitges proyectará el film, y ha invitado a algunos protagonistas del mismo, así como a Jan Harlan, colaborador de Kubrick. No pretendo hacer una valoración sobre el film: demasiado se ha escrito ya sobre él (y muchas veces para no aportar nada en absoluto); pero en todo caso este aniversario sirve para echar la vista atrás, hacia 1968, a cómo fue ese tiempo y cómo ha llegado el film hasta nuestros días, atravesando cuarenta años.

csit08granSe ha dicho en algunas ocasiones que la ciencia ficción –referido a la literatura, desde luego– es un reflejo del tiempo y las circunstancias en que se escribe la novela o relato en cuestión. En el texto aparecen reflejados de una u otra manera nuestras inquietudes y las de la época en que ha sido escrito, incluso aunque el autor no sea consciente de ello ni lo pretenda. Sin duda, habrá aficionados que no estarán de acuerdo con esta visión, pero sí la mayoría.

Un rápido vistazo a la historia de la literatura de ciencia ficción nos permite ver en líneas generales cómo fue el tiempo en que se escribieron las historias pertinentes: la década de 1930, de convulsiones políticas, alumbró una ciencia ficción de alocados experimentos científicos o inverosímiles aventuras extraplanetarias; la de 1940, marcada por la larga guerra mundial, trajo el rigor científico, la puesta de largo del género y la aparición de sus clásicos; la de 1950, tiempos de paranoia anticomunista y terror atómico, el género estuvo acorde al clima de guerra fría y persecución maccartista; la de 1960, era de revoluciones, convulsiones y cambios sociales, que se reflejaron en una ciencia ficción cambiante, que evolucionaba con rapidez hacia formas más adultas; la de 1970, era de desengaños y frustraciones, una ciencia ficción algo desnortada tras el domesticamiento de su anterior revolución; la década de 1980, una era vacía, huera y consumista, decididamente retrógrada, ofreció una ciencia ficción donde lo comercial tenía preponderancia sobre cualquier otra fórmula y los editores marcaban las sendas que los autores debían seguir obedientemente; la de 1990, harta de la superficialidad anterior, presentó pequeñas y modestas revoluciones en todos los ámbitos, mayor concienciación y una literatura de ciencia ficción que se esforzaba en proponer temas novedosos, puede que con escaso brío, pero con buena voluntad de sacudirse el yugo de la superficialidad. Este es un resumen, un esbozo en realidad, apresurado, y no pretendo que nadie comulgue con él.

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Arthur C. Clarke

En todo caso, el 2001: Una odisea del espacio de Kubrick era hijo directo de su tiempo, de su época, e incluso de su año (el año del Mayo francés, la Primavera de Praga, revoluciones sociales en Latinoamérica, fin y derrota del Flower Power y sustitución por la conciencia política y social, primeras manifestaciones antifranquistas en España, asesinatos de políticos en Estados Unidos, etc. etc.). El mundo parecía abocado a hacerse adulto de la noche a la mañana y “revolución” era la palabra de moda (no sólo una canción de los Beatles, aunque también). Ese año, pues, se estrenó la película que significaba asimismo el paso a la edad adulta del cine de ciencia ficción, género menospreciado hasta entonces, pero que ya había avisado muy poco antes de sus intenciones de ser tomado en serio, con muestras como El planeta de los simios y Fahrenheit 451, entre otras, y que cabía situar en lo que entonces se llamaba “cine de anticipación” (lo mismo que se hablaba de una “literatura de anticipación“).

Como sin duda se habrán dado cuenta, esa palabra –“anticipación“– aplicada al cine y a la literatura del género ya ha caído en desuso –ha sido declarada obsoleta– hace no pocas décadas, más o menos coincidiendo con el fin de todas las revoluciones sociales. Pero el film de Kubrick no iba en ese sentido, en el sentido político-social de la palabra “anticipación“, sino que pretendía ser ante todo un film científicamente riguroso… y filosóficamente retador. Para ello, Kubrick, tras desechar obras de Heinlein y Philip Dick, se alió estrechamente con el recientemente fallecido Arthur C. Clarke, y utilizando temas de algunas de sus historias confeccionó al alimón con el novelista un guión que participara del rigor científico y de la especulación filosófica sobre el universo.

Yo tenía 18 años cuando vi el film en el Florida Cinerama, en un día de 1968 que no puedo precisar. Se había proyectado poco antes en la Semana del Cine en Color que se celebraba anualmente en Barcelona –una excusa para proyectar filmes que a veces no llegarían a verse en circuito comercial–. El Cinerama era una pantalla gigantesca, enorme: No tanto como los Imax de hoy día, pero cerca le andaba. De ahí que las películas proyectadas en ese formato tuvieran que ser algo especiales, de unas características visuales y espectaculares fuera de serie. Yo no tenía ni idea de qué era lo que iba a ver. Kubrick era para mí el director de Espartaco, por aquel entonces, y no era una recomendación que me entusiasmase mucho. Lolita había sido prohibida por la censura, y ¿Teléfono rojo? me resultó imposible verla hasta muchísimos años después, debido a su corta carrera en cines de reestreno y a su calificación de “no apta”. Aparte de esto, en aquella época no se disponía de la (hoy excesiva) información previa al estreno de cada película: lo único que sabía de ella era el enorme cartelón pegado en las paredes del metro: en él se veía un avión que salía despedido de una rueda espacial gigantesca. Y nada más, ni siquiera el nombre de los actores que trabajaban en el film.

2001poster025Al término de la proyección, yo estaba literalmente sobrecogido en mi butaca. No era una película lo que había visto: había vivido una experiencia única, irrepetible. Creo que la persona que entró en el cine y la que salió de él era otra muy distinta. Con el paso de los años, la he visto innumerables veces: volví al menos un par de veces más al Florida Cinerama; luego, la he visto en reposiciones, en diversos pases por televisión, en su edición en vídeo (algo que en 1968 era un sueño inimaginable: poseer en propiedad una copia de ésta o de cualquier película), y finalmente en soporte DVD. Perdí la cuenta hace mucho de las veces que la he visto, acaso buscando recuperar ese asombro de la primera vez. Cierto, es imposible… pero se ha intentado; se ha intentado, sí, recuperar la inocencia (no encuentro mejor palabra para decirlo) de la primera vez.

El film de Kubrick significó, pues, un avance cinematográfico enorme, además de la puesta de largo de un género menospreciado. Incluso los más hostiles a la ciencia ficción tuvieron que rendirse ante la fuerza de aquellas imágenes, la seriedad de su propuesta.

Pero, ¿fue así siempre? No. El paso del tiempo acabó con ello.Unos diez años más tarde, aproximadamente, a rebufo del fenómeno de La guerra de las galaxias, se repuso el film de Kubrick, acompañado de una molesta e innecesaria frase elogiosa de George Lucas (o de Spielberg, no lo recuerdo y me da igual), aseverando que antes de Stars Wars estuvo 2001.Tremendo error. El público que asistía mayormente a la proyección –en Barcelona tuvo lugar en el cine Aribau— era una generación distinta, no conocía ni había oído hablar del film de Kubrick y eran fans acérrimos de la película de Lucas. Era una generación que no estaba precisamente para revoluciones, sino que iba a enfrentarse enseguida con la década de 1980, dominada por Reagan y Thatcher, la música disco y el pésimo cine americano de aquella época (no lo digo yo: está universalmente reconocido). La proyección fue un desastre: silbidos, abucheos, bostezos, risotadas… Todo ello, lógicamente, en su parte final. A los fans de Star Wars la ciencia y la filosofía les importaba un carajo; era una generación que cambió las revoluciones y las inquietudes sociales por las espadas láser y la música disco. El cine de ciencia ficción adulto había sido borrado del mapa gracias a George Lucas, y esta vez para siempre.

Indudablemente, es un colosal error comparar ambos filmes, el de Kubrick y el de Lucas. Son distintos, opuestos, contrarios… pero no tendrían que ser necesariamente enemigos, ni mucho menos. El tiempo que vio nacer 2001 estaba muerto y enterrado: era un mundo perdido. Lo había sustituido otro tiempo, otro mundo, que prefería juerga y diversión en lugar de preocupaciones e inquietudes, y que encaraba los ochenta con ganas de más juerga y más diversión, y usar el cerebro lo menos posible. Entrábamos en la era del diseño, la competitividad en todos los niveles y estamentos (sociales, profesionales…), las fortunas rápidas, el retorno a los valores tradicionales (Reagan, Thatcher...) y la carencia de ideales.

4.2.7

Stanley Kubrick

Puede que por eso, la década siguiente, la de 1990, saliera contestataria, quizá de manera moderada, pero en todo caso se barrió con bastante buena voluntad la estulticia acumulada durante aquellos años. Pero el daño ya estaba hecho. Cuando llegamos al 2001 según el calendario cristiano, evidentemente todo el mundo evocó el futuro ofrecido en el film homónimo de Kubrick y Clarke: no había ningún parecido entre lo imaginado y lo real. Pero, curiosamente, la década de 1990 nos había hecho lo suficientemente adultos como para aceptarlo deportivamente, y había subido una generación nueva menos frívola que la anterior. Muchos pensaron que el film de Kubrick nos había fallado, pero en realidad es más justo decir que, como de costumbre, era la humanidad la que le había fallado al futuro.

A algunos, el film les dolía por las ocasiones perdidas, pero en todo caso, respecto a eso, las culpas están desperdigadas y repartidas entre toda la humanidad, como debe ser. El tiempo lo asienta todo, y hoy, en el 2008, el film de Kubrick sigue siendo el gran clásico que fue en 1968. Nadie comete la idiotez de compararlo con la saga de aventuras creada por George Lucas. Nos hemos hecho un poco más adultos –sólo un poco, pero lo suficiente– y aprendido que ciertas comparaciones más que odiosas resultan imposibles.

Cierto que el asombro, la maravilla de su visión en aquel tiempo –y en aquella pantalla– son irrecuperables, pero nos queda la sensación de que, aunque el futuro no fuera como debió ser, en cierta forma el film de Kubrick ha acabado triunfando y recordándonos el tiempo que fue.

© 2008 Juan Carlos Planells.

 

jcplanells01Juan Carlos Planells nació en Barcelona en el año 1950 y falleció en la misma ciudad en 2011. Autor de las novelas de ciencia ficción El Enfrentamiento (Miraguano) y El corazón de Atenea (Espiral CF), fue uno de los principales estudiosos de la figura de Philip K. Dick. Tiene publicados relatos y artículos en gran parte de las revistas del género en lengua castellana: Nueva Dimensión, BEM, Tránsito, Gigamesh, Opción, Cuasar, Artifex, Asimov Ciencia Ficción y BEM on Line y fue finalista en dos ocasiones del premio Domingo Santos. En vida, mantuvo una interesante bitácora, Planells fact & Fiction.

Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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