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EL ULTIMO HOMBRE MORTAL, de Syne Mitchell

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por Ricard de la Casa

 

La inmortalidad es un tema sugerente pero complicado, como muchos en el género. Nada más aburrido que un personaje que se pasea por los siglos, lo cual, en general, es sinónimo de poco que hacer. Por fortuna y muy a pesar de lo que el título pueda sugerir, el tema de la novela no es precisamente la inmortalidad. Nos encontramos aquí  con una novela de aventuras, en su mejor formato “space opera” sino fuera porque toda la acción  transcurre en nuestro planeta y lo más lejos que viajamos (por ascensor espacial eso sí) es a las estaciones que nos orbitan.

La nanobiología ha venido para solucionar todos los problemas del mundo, bueno todos no, pero al menos si aquellos que nos atenazan en estos momentos. Seguimos en un mundo capitalista donde el dinero es capaz de comprar la inmortalidad y si no tienes suficiente, si al menos algunas “mejoras” que harán tu vida mucho más agradable o la capacidad de encontrar un mejor trabajo.

Todavía resuena en mi cabeza aquel Incordie a Jack Barrow, de Norman Spinrad (Acervo) donde la premisa esencial estaba en la misma inmortalidad y la forma de conseguirla, donde el personaje se planteaba si era ético o no conseguirla al precio indicado (un precio no monetario). La autora no plantea la novela en esos términos, e inclusive deja de lado otras ideas que transpiran por sus páginas como son la “gestalt” a la que gaia.net (nuestra Internet) sumerge a todos aquellos humanos modificados por la nanobiología, capaces de sentir las emociones del resto de humanos que interactúan en la red.

Novela ambiciosa en su concepción, de lectura fácil y absorbente. Mitchell vuelca sin problemas ideas y más ideas como si fuera el final de un castillo de fuegos artificiales, configurando un mundo realista donde el poder y el miedo son los absolutos protagonistas. Syne Mitchel sabe crear una atmosfera intensa en base a la contraposición de elementos positivos y negativos. La dualidad de todo lo existente, el Ying y el Yang. Así crea la nanobiología positiva (hacedor de bienes) y su contrapuesta el desensamblador (destructora de ella). Crea un ser inmortal (Alexa), con apenas un leve recuerdo de su humanidad y su antagonista un humano incapaz de sobrevivir en ese mundo nanobiológico (alérgico a la nanobiología).

Un tour de force intenso, donde las escenas de acción priman en la narración, acariciando algunas ideas interesantes como el ecologismo tan de moda, o ideas tan atemporales y a la vez tan rabiosamente actuales como por desgracia el racismo, la intolerancia, la injusticia social, que quizá podría haber tocado con mayor profundidad.

Curiosas algunas analogías que la autora utiliza, como por ejemplo la de los lugares “muertos” para designar lugares libres de nanobiología, donde siguen viviendo algunas comunidades que el cine se ha encargado de poner de actualidad en las últimas décadas, amish, menonitas… de nuevo el Ying y el Yang aparece para contraponer la nanobiología y la ausencia de ella.

La resolución de la novela, aunque muy elaborada y siguiendo los mismos pasos del resto de la novela, contraposición de elementos del Ying y del Yang, viene un poco forzado dado el impresionante ritmo acelerado a la que la escritora somete al lector en las últimas 50 páginas. La dictatura del editor a veces juega malas pasadas.

La obra tiene un final abierto. Syne Mitchell se deja una puerta sin cerrar para poder seguir con los mismos personajes y el mismo universo. Desde luego y aunque yo no soy muy partidario de segundas partes, tantas buenas ideas bien merecerían una revisita en un futuro.

Por cierto,  la lectura de esta novela me hizo recordar la afortunada frase de Arthur C. Clarke que dice “Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Siendo El último hombre mortal pura ciencia ficción, el mundo nanobiológico en el que nos sumerge la autora me hizo pensar sobre cuan profundamente están unidos ambos conceptos. Polvo inteligente, edificios imposibles, personas que se reconstruyen… me hizo reflexionar sobre la sencillez de unir ambos términos y la nueva fantasía que parece abrirse paso lentamente en nuestras mentes.

 

(c) 2008 Ricard de la Casa

 

 

Contraportada: La joven Alexa Dubois creció en Lousiana, donde los vertidos industriales echaron a perder las reservas de agua y acabaron con la vida de su familia… y muy pronto también acabarán con la suya. El cáncer la está consumiendo, pero no se puede pagar una nanoregeneración celular, ni mucho menos el costoso proceso —diez millones de dólares— que la haría inmortal, Eterna. Alexa no se resigna a su suerte solo por ser pobre; decide pasar a la acción y unirse a un grupo de personas que planean asesinar al tirano Lucius Sterling, el propietario de la tecnología que da la Eternidad, y bisabuelo de Jack Sterling, un hombre alérgico a la nanotecnología, condenado a ser el último hombre mortal.

Syne Mitchell nació en los años setenta en el sur de los Estados Unidos. Con su primera novela, ‘Murphy’s Gambit‘, se hizo con el premio Compton Crook a la mejor obra novel. Según la propia Syne, su experiencia como adolescente en el profundo sur, creciendo entre el racismo y la desigualdad social, se refleja fuertemente en esta primera obra. En 2002 publicó ‘Technogenesis‘, una reflexión futurista sobre las consecuencias de la falta de privacidad en el ser humano. Solo un año después publicó su siguiente novela, ‘Changeling Plague‘, en la que toca el controvertido tema de la medicina genética, el cual retoma en su última obra publicada hasta la fecha, ‘El último hombre mortal‘.

 

Titulo original: The last mortal man. Editor original: Penguin. Autor: Syne Mitchell. Ganador de los premios: Crompton Crook. Traducción: Álvaro Sánchez-Elvira Carrillo. Fecha de publicación: septiembre de 2008. Formato: 23 x 15 cm. Encuadernación: Rústica con solapas. Páginas: 352. PVP: 19,95 €. ISBN: 9788498004014. Colección: SOLARIS FICCION Nº: 112. Género: Ciencia ficción. Otros idiomas: más de seis

 

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