SOL DE MISTERIO, de J.M. Cuesta y J. Rubio

Por Alberto Morell

Sol de misterio es una apasionante novela que narra el enfrentamiento, en el siglo IV, entre un joven cristianismo y unos cultos paganos en decadencia. El joven Juliano, que es a la vez estadista y militar, así como filósofo conocedor de los antiguos misterios, dirigirá el último enfrentamiento entre una Roma a punto de desfallecer y el pujante ímpetu del cristianismo. La batalla no será solo terrenal: Juliano quiere también salvar la cultura y la filosofía clásica, que Mitra vulva a señorear el mundo y lo hace a sabiendas de que es la última oportunidad. No dudará en emplear la magia y buscar ciertos conocimientos antiguos, o ciencias perdidas, que empleará como arma.

A lo largo de la novela percibimos la grandeza del mundo antiguo, su arte y su sabiduría que los autores nos muestran con el detalle del erudito, pero al mismo tiempo con el pulso de dos narradores con instinto y apasionados al mismo tiempo. En manos menos hábiles seguramente este detallismo, esa prolijidad en las descripciones de la cultura antigua, serían un lastre para la novela. A menudo el detalle se sobrepone al argumento, y la pasión por la historia al ritmo narrativo, pero Cuesta y Rubio saben convertirlo en virtud. Para mi la novela ha resultado ser más interesante por este lujo casi desmesurado de conocimiento, que fluye con naturalidad de sus plumas, que se soporta sobre citas de libros y personajes reales que logran hacernos amar u odiar.

Al mismo tiempo que una novela histórica, es también una agradable fantasía, donde rechinan tal vez algunos momentos de acción, pero que revela, o mejor rasga, de manera progresiva los misterios sobre los que versa. Porque en esta novela la dificultad estriba precisamente en aunar la novela histórica bien construida, con la fantasía que enfrenta misterios, religiones y magias. Demuestran en «Sol de misterio» que se puede escribir buena fantasía sobre la base de las grandes culturas mediterráneas y sus mitos, lo cual siempre me ha parecido una deuda pendiente de los escritores de este género. El emperador Juliano trata de combatir un nuevo orden que quiere imponerse al antiguo, pero la lucha es mágica y en ella se emplean los mitos antiguos que van adquiriendo presencia y consistencia a lo largo de la novela.

Este es un riesgo muy grande que han asumido los autores. De haber optado sólo por la novela histórica hubiera sido sin duda más digerible, más fácil de publicar. Puede que incluso hubieran ganado el premio en el que quedaron finalistas, el Planeta del año 2007. Si por el contrario hubieran seguido la estela de tantos otros, construyendo un mundo de fantasía irreal, pero con poca sustancia, de los que cargan en demasía las estanterías de cualquier librería, estaríamos ante una novela poco relevante. Pero es el conflicto mágico entre cristianos y seguidores de Mitra lo que le da fuerza. Lo autores lo saben y por eso asumen el reto, creo además que tomando parte: se nota que hubieran preferido que se salvara la cultura clásica desde la primera página, que les duele cada libro antiguo quemado en Alejandría y cada paso con el que el cristianismo se afianzaba más y más hasta llegar a someternos a la brutal depresión cultural de la Edad Media, que apagó las luces de la antigüedad y nos hizo caer en las sombras. En un momento de la novela un personaje le suplica al protagonista:

«Tu eres Prometeo, Juliano. Roba el fuego de los dioses y entrégaselo de nuevo a los hombres. Tú puedes devolver la salud a este mundo que agoniza. (…) Nos cortan las alas, nos quitan hasta la alegría de vivir, y nos amenazan constantemente con un infierno de torturas eternas.»

Pero ya he dicho que es una novela histórica también, y sabemos cual fue la historia. Los esfuerzos de Juliano son titánicos, pero a lo largo de la obra los autores van mostrando como un manto de ignorancia y oscuridad cubre la antigua sabiduría. Nos vemos a nosotros mismos arrojados al abismo de la Edad Media, hasta hacer exclamar a Juliano frente a un obispo:

«A ver si de una vez por todas os matáis entre vosotros en lugar de atormentar a mi pueblo. A ver si dejáis de destruir nuestros templos, nuestras tradiciones, nuestros sueños. ¡Por Zeus Padre, qué me importa a mí o a nadie con sentido común vuestras peleas doctrinales! ¿Es que no os dais cuenta de que estáis desquiciados? No hay una fiera tan peligrosa para el hombre como lo son los cristianos para sus compañeros de fe. Desconocéis el significado de la tolerancia.»

Aunque el final de esta novela esté en los libros de Historia, nos permite soñar lo que no deberíamos haber perdido, lo que podría haber sido. Lo hace reconstruyendo viejos mitos, desde la Atlántida hasta momentos, como en esa cueva de los Pirineos, donde parece haber un toque de inmensidad lovecraftiana. Todo el libro es la construcción de una mitología que en parte fue real en aquella época, y en parte soñada por autores más modernos, pero elaborada de un modo muy personal en la que el misterio se va desvelando progresivamente. Los autores, como Juliano, quieren salvar una Roma que nos muestran entre el romanticismo y el exotismo de unas nuevas «noches árabes». Pero conforme Juliano va adquiriendo poder, la visión más lírica se nubla dando paso a una mayor fuerza y tensión en el relato. La filosofía amable del principio se va tornando guerra sin cuartel y deviene el motor del enfrentamiento. Es en realidad una novela que se puede leer a diversos niveles: desde la pura aventura hasta la reflexión sobre el sentido de la religión, de la complejidad de la lucha por el poder al repaso en clave romántica de una civilización perdida. Todos estos niveles de lectura se complementan y se logra evitar al final la simplista división entre buenos y malos. Es, en cierta manera, una forma más de reflexionar si el fin justifica los medios, o si el destino puede ser reescrito por los hombres.

En definitiva una novela que acepta el riesgo de fundir géneros, de hacer reflexionar y que es de recomendable lectura en todas sus dimensiones, incluida la aventura fantástica. Espero que ambos autores sigan profundizando en esta línea.

(c) 2009 Alberto Morell

Sol de Misterio, de José Miguel Cuesta y José Rubio. Ediciones Equipo Sirius, col. Transversal. Madrid, semptiembre de 2008. ISBN.978-84-96554-43-6. 328 páginas, 21,60 euros.

TEXTO DE LA CONTRAPORTADA

En el siglo IV, Roma, el poderoso Imperio que había sojuzgado el mundo, sólo era una sombra de sí mismo. El último velo de los antiguos misterios estaba a punto de ser desgarrado por la furia de los hombres.

En aquel tiempo de crisis, cuando el cristianismo y el mitraismo se enfrentaban por conseguir el poder en la tierra y en el cielo, surgió un joven idealista, un filósofo neoplatónico, un estadista, un guerrero, un soñador: Flavio Claudio Juliano, quien, como el mitológico Atlas, intentó levantar sobre sus hombros el mundo conocido y devolver a la Humanidad la perdida Edad de Oro. Quiso cambiar el signo de los tiempos y detener la Rueda de Cronos, la que arrastraba inexorablemente la civilización hacía el abismo de la Edad Media.

En esta epopeya la historia se funde con el mito, y la magia y las ciencias perdidas cobran protagonismo. Seguiremos a las legiones romanas por las frondosas tierras de la Galia y las áridas extensiones de Persia. Nos adentraremos en los secretos que guardan en su interior las montañas de los Pirineos, y nuestros sentidos descubrirán la luz y la oscuridad que envolvían a las ciudades de Pérgamo y Alejandría.

El alma de cada uno de nosotros podrá vislumbrar el perfume de lo que fue, y el sueño de lo que será, evocando la constante batalla del Hombre contra el Destino, vislumbrando El Ocaso del Sol Invicto y, quizá, su resurgimiento.

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