IN MEMORIAM: PHILIP JOSÉ FARMER, por Domingo Santos

Joan Manel Ortiz me dio la noticia, antes incluso de que apareciera en Bem on Line: el 25 de febrero de 2009 Philip José Farmer había muerto en su casa de Peoria, Illinois, a la joven edad, que diría él socarronamente, de 91 años. Como fuera que Nueva Dimensión y yo habíamos sido en cierto modo los introductores de su obra en nuestro país, creía que yo era la persona más indicada para escribir unas palabras sobre él. Por supuesto, no podía (ni quería) negarme.

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P.J.Farmer

No soy amigo de los obituarios, pero en el fondo creo que le debo algo a Philip José Farmer, aunque sólo fuera por la forma en que nos ayudó en los primeros tiempos de Nueva Dimensión. De modo que, tras asimilar el primer impacto de la noticia, me senté ante mi ordenador y empecé a hilvanar palabras. No para hacer un sesudo estudio sobre la vida y la obra del autor (ya han aparecido varios; incluso Jacinto Antón le dedicó a los dos días escasos de su muerte un excelente artículo en un periódico tan sesudo y elitista como El País), sino una reflexión personal sobre este autor al que considero uno de los grandes clásicos innovadores del género y cuya obra, por desgracia, es aún injustamente poco conocida, si no olvidada, en nuestro país.

Con orgullo pero sin vanagloria, empezaré diciendo que tuve el honor y la satisfacción de introducir, junto con Sebastián Martínez y Luis Vigil, a Farmer en el mercado español: en 1973, y para conmemorar el número 50 de la revista Nueva Dimensión, publicamos un número extra con la que hoy es considerada su mejor novela, A vuestros cuerpos dispersos, que acababa de obtener en Estados Unidos el premio Hugo. En números sucesivos publicamos el segundo volumen de lo que sería su serie del Mundo del Río, El fabuloso barco fluvial, y como media docena de sus mejores relatos, entre ellos el celebrado (y controvertido) «Jinetes del salario púrpura». Y en los libros de Nueva Dimensión le siguieron otras novelas: CarneEl dios de piedra despiertaLos pórticos de la creación… Debo decir, y por ello mi más profunda gratitud hacia Farmer, que todo eso fue posible gracias a la amabilidad y la generosidad del propio Farmer que, como muchos otros autores anglosajones en los primeros tiempos de Nueva Dimensión, nos cedió los derechos de sus obras a unos precios más que razonables.

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Por otro lado, y como seleccionador de la colección de ciencia ficción de Ediciones Acervo, publiqué en ella su segunda y más rompedora (en el tiempo de su publicación en los Estados Unidos: 1960) obra, Los amantes (anteriormente había sido publicada en España en la colección Galaxia de Ediciones Vértice, pero mejor olvidar esa edición), a la que siguieron Dare y Noche de luz. Más tarde, dentro de la colección de ciencia ficción de la Editorial Ultramar, conseguí editar todos los seis volúmenes de la serie de El Mundo del Río, reeditando los dos primeros que habían aparecido en Nueva Dimensión y añadiéndole los otros cuatro. Y más tarde aún, en Ediciones Júcar, incluí Lord Tyger y los dos primeros volúmenes de su serie del Mundo de Día, cuyo tercer volumen no pudo llegar a aparecer al cerrar la editorial.

dareToda esta producción (a la que hay que sumarle unos pocos libros más, publicados en su mayor parte por EDHASA) se remonta de mediados de los 1970 hasta principios de los 1990. Desde entonces, Farmer ha dejado de aparecer en el mercado español, pese a que siguió publicando en los Estados Unidos (el conjunto de su obra alcanza los 60 títulos, muchos de ellos realmente estimables). En la actualidad, en España, Farmer, como muchos otros autores de ciencia ficción de su época, es un «autor de librería de viejo», en donde sin embargo algunos de sus títulos alcanzan una buena cotización; pero, dentro de la tendencia actual de las nuevas generaciones de lectores de ignorar a los clásicos (incluso Asimov está en horas bajas), Farmer es uno de tantos olvidados, y por ello hay que agradecer a La Factoría de Ideas el que en 2007 reeditara A vuestros cuerpos dispersos en una nueva y cuidada edición. Aunque es poco probable que reedite el resto de la serie.

Pese a esto, Farmer sigue siendo uno de los autores de ciencia ficción a los que considero más innovadores y dignos de atención por parte del lector. Su ecléctica producción abarca todos los temas y estilos, pero en ella hay una serie de características que hacen que la obra de Farmer se distinga netamente de la de los demás autores.

En primer lugar está la imaginación. Farmer, a mi modo de ver, es uno de los autores más imaginativos, tanto en escenarios como en personajes y situaciones, dentro del panorama de la ciencia ficción. En ello corre parejo con otro gran olvidado del género, Jack Vance, con quien comparte entre otras cosas su gran sentido de la aventura. El planteamiento de base, por ejemplo, de su serie del Mundo del Río (un planeta-valle al que son resucitados todos los seres humanos que han vivido en la Tierra a lo largo de los siglos), o de Los amantes (el protagonista vive una intensa y apasionada historia de amor con una mujer que resulta ser un parásito insectoide), o de la serie del Mundo de Tiers, que yo prefiero llamar de los Universos Escalonados (toda una serie de universos de bolsillo creados y regidos por una raza de antiquísimos y decadentes seres) es la originalidad hecha letra impresa. Sin contar los libros mixtos, de los que hablaré luego, y que beben simultáneamente de las fuentes de la realidad y de los personajes literarios de ficción.

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A continuación está el sexo. Farmer fue el primer autor de ciencia ficción que rompió este tabú dentro de la puritana sociedad norteamericana de los años 60, planteando explícitamente el tema con Carne, su segunda novela publicada en Estados Unidos (la primera fue The Green Odyssey, una pura aventura no publicada en español), y rematándolo al año siguiente con Los amantes, ampliación a novela de un relato corto aparecido en 1952, y que, en medio del escándalo, y tal vez como estudiado bofetón a la pudibundez estadounidense, fue premiada por los círculos cienciaficcionísticos con el premio Hugo al «talento más prometedor». Farmer no dejó de utilizar el sexo a lo largo de toda su carrera, de una forma más o menos explícita, como un elemento más integrante de sus obras, pero fue en sus primeras novelas donde adquiría el rasgo de elemento principal de la acción, como en las dos citadas, o en Relaciones extrañas, que recogía cinco relatos («Madre», «Hija», «Padre», «Hijo» y «Hermano de mi hermana») sobre unas muy peculiares relaciones familiares. Incluso se adentró en la pornografía: a finales de los 1960 la editorial Essex, especializada en la publicación de obras pornográficas, le encargó tres novelas de fantasía erótica, que más tarde formarían su serie Herald Childe. Las dos primeras, La imagen de la bestia y Cuidado con la bestia, aparecieron en España en una colección generalista editadas por Anagrama, y en torno a ello quiero comentar una curiosa anécdota: Apenas contratados los dos libros, Anagrama se vio inundada de novelas de ciencia ficción enviadas, al reclamo de estas dos contrataciones, por todos los agentes literarios españoles, hasta tal punto que Jorge Herralde estudió seriamente la posibilidad de publicar una colección específica de ciencia ficción dentro de su editorial. La cosa no llegó a buen término, pero me pregunto qué hubiera pasado si una editorial tan seria e iconoclasta como Anagrama hubiera seguido adelante con el proyecto. En Estados Unidos, Essex no publicó la tercera novela de la serie, pero sí a cambio las dos primeras de la serie de Doc Caliban y Lord Grandritch.

La religión ocupa también un buen lugar en la producción de Farmer. Uno de sus más célebres personajes es el padre Carmody, un ser abyecto y depravado, un ladrón y asesino que ve de pronto la iluminación y el camino a la redención, que Farmer plasmó en su novela Noche de luz y al que dedicó toda una serie de historias que aparecieron en el Magazine of Fantasy & Science Fiction y que aglutinaría más tarde en la antología Father to the Stars. Y la religión está presente en buena parte de su obra. El protagonista de Los amantes es un puritano que se debate entre el remordimiento y la culpabilidad ante su aventura. El tema principal de The Unreasoning Mask es la búsqueda de Dios, lo cual no es óbice para que sea a la vez un trepidante space opera. Mundo infierno nos presenta un infierno muy particular, en el que los condenados son los amos y los demonios los sirvientes. De hecho, buena parte de los mundos creados por Farmer son variaciones más o menos mundanas del infierno y el purgatorio cristianos (pero no del cielo), desde los thoans de la serie de los Universos Escalonados en su papel sustitutivo de Dios hasta el concepto mismo del Mundo del Río, un lugar de resurrección de todos los muertos.

farmerstrangerelationsUna de las características que más han contribuido a crear la personalidad literaria de Farmer entre el público, sin embargo, han sido las series. De las 60 obras publicadas por Farmer, 24 se engloban en seis series distintas, de las cuales la más célebre es por supuesto la del Mundo del Río, 6 volúmenes, traducidos todos ellos al español (las demás son la de los Universos Escalonados ─6 volúmenes, 2 en español─, Opar ─2 volúmenes, ambos en español─, Doc Caliban y Lord Grandrith ─3 volúmenes, ninguno en español─, Herald Childe o la Trilogía del Exorcismo ─3 volúmenes, 2 en español─ y el Mundo de Día ─3 volúmenes, 2 en español─). Sin embargo, pese a la fama que le han proporcionado, las series han sido en cierto modo el gran handicap de Farmer, al ir perdiendo progresivamente el interés a medida que se avanza en la serie, como suele suceder en el 99 por ciento de los casos (el de la serie de Dune, por citar un ejemplo, es el más escandaloso de todos). La razón de ello es lógica. En la serie, el autor vuelca siempre todos sus recursos y toda su imaginación en el primer volumen. Luego, si el libro tiene el éxito suficiente, y/o si el autor ha sido previsor y ha dejado el final del libro lo bastante abierto, la saga puede continuar. Pero es difícil mantener el interés del tema a lo largo de varios volúmenes, por mucho que se añadan nuevos personajes y elementos a la peripecia original. La novedad se diluye; la trama no tarda en convertirse en un dejà vu. Un crítico dijo en una ocasión que el interés de un libro perteneciente a una serie es inversamente proporcional al número que tiene dentro de ella. Lo suscribo. Me atrevería a decir que es casi una fórmula matemática (aunque Harry Potter sea la excepción que confirma la regla). Por eso, de muchas de las series de Farmer, en España sólo han aparecido los primeros títulos. ¿Los siguientes han sido rechazados por los asesores de la editorial, por el propio editor ante el descenso de las ventas de los sucesivos volúmenes? Creo que sería interesante analizar más profundamente este aspecto de la cuestión.

2Cobertes_Ph.J.FarmerNo obstante, Farmer sigue siendo reconocido mundialmente como un autor de series. Ello se debe sobre todo a lo imaginativo de la temática de todas ellas. Ya he mencionado la del Mundo del Río y la de los Universos Escalonados. En la del Mundo de Día, en la que una Tierra superpoblada ha hallado la solución demográfica: la población «vive» un día a la semana y duerme los otros seis, el protagonista se hace con seis identidades distintas y vive bajo ellas los siete días de la semana. Herald Childe pertenece a las novelas de Farmer calificadas de «pornográficas», y es un imaginativo pastiche de las novelas de detectives y de horror gótico, permeadas por una fantasía muy peculiar. Opar toma de Burroughs (Edgar Rice) el nombre de la mítica antigua ciudad perdida para narrar toda una serie de aventuras «a lo Tarzán». Y la de Doc Caliban y Lord Grandrith entra de lleno en lo que citaré a continuación: Doc Caliban es el sosias de Doc Savage, mientras que Lord Grandrith lo es de Tarzán, sumidos ambos en una venganza mutua en donde el sexo, con fuertes acentos sadomasoquistas, se mezcla con la aventura y el horror. A su publicación en Estados Unidos, la trilogía tuvo al principio una difusión muy limitada, centrada principalmente entre los consumidores de pornografía, y sólo más adelante amplió su campo al de la ciencia ficción.

Esta última serie me permite enlazar aquí con lo que para mí es el rasgo más emblemático y más sobresaliente de la producción literaria de Philip José Farmer: el pastiche, la inclusión, mezcla y revoltijo en muchas de sus obras de personajes reales y sobre todo literarios, hasta el punto de convertirlos en auténticos protagonistas de la acción. Buena parte de la obra de Farmer ─y para mí la más interesante─, puede englobarse en este apartado. El personaje principal de A vuestros cuerpos dispersos es el explorador del siglo XIX Sir Richard Burton, y entre todos los numerosos personajes históricos que desfilan a lo largo de la serie (no por nada todos los seres que han existido en la Tierra resucitan en el Mundo del Río) algunos adquieren relieve protagonista en sucesivos volúmenes, como por ejemplo Mark Twain. Buceando entre los distintos personajes del mundo literario que le habían impactado, Farmerconvirtió en personajes suyos a Doc Savage, Phileas Fogg, Jack el Destripador (a caballo entre la realidad y la ficción), Sherlock Holmes, King Kong, y toda una serie de personajes de los cómics y de los pulps…, pero sobre todo Tarzán, el héroe de Edgar Rice Burroughs, al que convirtió en una de sus criaturas predilectas, casi un fetiche. Sobre todo en la segunda mitad de su carrera, Farmer dedicó buena parte de su obra a lo que ha sido calificado como una enorme y festiva mitología particular, que el propio Farmer bautizó como la «familia Wold Newton», pretendidamente nacida cuando una familia pasó con su carruaje cerca del meteorito caído en Wold Newton, Inglaterra, el 13 de diciembre de 1975, y su descendencia se vio genéticamente afectada por sus radiaciones.

pjforbit001Visto todo lo anterior, en su conjunto la obra de Farmer no puede ser más rica y variada. Ciertamente, buena parte de ella se adscribe al género de aventuras, pero muchas veces con inclusión de otros elementos que son los que le dan su toque mágico de personalidad. En ellas, Farmer no ha vacilado nunca en saltarse a la torera incluso las más sesudas leyes físicas para obtener el impacto que deseaba en el lector, como en el relato «Más allá del horizonte», por ejemplo, donde los protagonistas se dirigen con su barco hasta el límite del mundo…, para acabar cayendo allí por el precipicio donde se vierten todas la aguas. A este respecto «Jinetes del salario púrpura», que mereció en 1968 el premio Hugo a la mejor novela corta, es para mí una de sus obras más personales: escrita con un estilo inclasificable, casi me atrevería a decir que surrealista. Pese a ser, o quizá por ello, el texto más explícitamente sexual que he leído en muchos años. Y así podría citar innumerables otros ejemplos, que formarían un mosaico heterogéneo pero sin embargo dotado de un claro esquema, un orden, casi podríamos decir una planificación.

Pero, si me pidieran que escogiera una obra que defina más que ninguna otra la personalidad de Philip José Farmer como escritor, me quedaría sin dudarlo con un relato suyo, «El niño podrido de la jungla pasa de todo». Su protagonista, por supuesto, es el Tarzán de Edgar Rice Burroughs, pero la premisa de base del relato no puede ser más delirante: ¿qué pasaría, plantea Farmer, si el otro Burroughs, William, el de Nova Express, hubiera escrito las novelas de Tarzán de su tocayo? El resultado es irrepetible, indescriptible, y sólo puede comprenderse leyéndolo.

He intentado en este bosquejo trazar con unas pinceladas, con unos brochazos más bien, un perfil del Philip José Farmer autor de ciencia ficción que conocí. Figura entre mi panteón de los muy preferidos, junto con otros nombres ilustres, algunos de ellos quizá también un poco e injustamente olvidados. Creo que, en pleno siglo XXI, Farmer necesita una resurrección, y ahora quizá fuera el momento más adecuado: Farmer acaba de morir. ¿Acaso no somos una cultura necrófaga?

De todos modos, mientras llega este momento, si alguna vez alguno de ustedes pasa por una librería de viejo y ve una novela de este autor, no lo dude: cómprela. Me lo agradecerá.

Un último detalle: en una época en la que muchos autores de ciencia ficción utilizaban abudantemente uno o varios seudónimos para firmar sus obras, Philip José Farmer publicó también una novela con otro nombre: Venus en la concha, que firmó como Kilgore Trout. La elección tanto del tema como del nombre es típicamente farmeriana. El tema, como deja entrever claramente el título, es abiertamente sexual, y Kilgore Trout es un personaje recurrente en la obra de otro gran escritor de ciencia ficción norteamericano, Kurt Vonnegut. Al parecer, a Vonnegut no le hizo mucha gracia la usurpación del nombre

© 2009 Domingo Santos 

 

 

 

dsantos004Domingo Santos -Pedro Domingo Mutiñó- a pesar de haber sido un escritor de reconocido prestigio en el género (los premios Gabriel, por poner un ejemplo, toman su nombre de su novela homónima), es mucho más conocido por haber sido uno de los editores de la mitica revista Nueva Dimensión durante veinte años. Es imposible exagerar la importancia que para la ciencia ficción española ha tenido este autor, que, además de escribir, ha dirigido multitud de colecciones (Superficción, Ultramar, Acervo, Jucar…) y de revistas (la última de ellas la excelente Asimov Ciencia Ficción, de Robel), a través de las cuales ha dejado su impronta de forma indeleble.

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Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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