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LOS HIJOS DEL PARAISO, de Nick Sagan

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por Xavier Riesco Riquelme

Nick Sagan (sí, ese apellido que pesa billions and billions) teje una peculiar fábula postapocalíptica partiendo de una premisa simple pero efectiva: al final ocurre lo peor y  llega una plaga imparable que expulsa a la humanidad (y a la mayor parte de los primates superiores) del escenario de la historia. O casi. Casi porque un grupo de científicos pone en marcha un astuto plan para garantizar la supervivencia de la especie frente a la plaga. Así, cierto tiempo después, una nueva generación criada en aislamiento y educada en un entorno de realidad virtual (ya que no queda nadie vivo para hacer de padre) se ha convertido en la dueña y señora del planeta, aunque su número sea de lo más reducido.

Y los pocos miembros de esa mimada generación postapocalíptica y posthumana ya se han enfrentado a acontecimientos que les han dejado terribles heridas físicas y psíquicas: amores desgraciados no correspondidos, rencillas personales e incluso un mítico asesino en serie y un antihéroe que lo detiene, los primeros gérmenes de una nueva mitología particular, quizás. Pero esta generación ya es mayor, y su principal ocupación consiste en criar y educar a la segunda generación. O más bien las segundas generaciones. Por una lado las posthumanas europeas han creado laboriosamente una segunda generación de laboratorio a su imagen y semejanza (ya que el método tradicional de reproducción, simplemente, no funciona), mujeres de sistema inmunológico hipereficiente, mientras que el místico Isaac ha criado una generación de jóvenes humanos verdaderos, que tienen que medicarse continuamente para no perecer ante la omnipresente plaga.  A esas alturas, ambas generaciones de “primos” han llegado ya a la adolescencia.

En un principio, el mundo descrito en esta novela parece uno de esos artificios estadísticos en los que se reduce la población mundial a cien personas o así para demostrar argumentos sobre el reparto de la riqueza, el agua o el acceso a la sanidad, sólo que aquí parecen representar otros factores más de carácter, personalidad e ideología. (incluyendo el número de fundamentalistas islámicos: incluso después de desaparecida la humanidad en conjunto, aparece uno casi por generación espontánea), pero la narración, contada desde diferentes puntos de vista (incluyendo el de algún personaje misterioso), no parece avanzar en ninguna dirección determinada, sino que es más bien una larga introducción a ese mundo y sus pobladores. Pese a ello, llegado determinado punto, la historia se vuelve mucho más interesantes gracias a unas cuantas vueltas de tuercas, y esas vueltas de tuercas, sorpresas y revelaciones convierten la obra en una  novela amena: hay pecados inconfesables, amores fou, adolescentes perturbados (es que hay cosas que no cambian nunca), sacrificios que hacer y secretos que sacar a la luz, y las cosas se mueven a un ritmo mucho más atractivo para el lector.

Pese a la premisa inicial y a los esfuerzos del autor y los personajes, sin embargo, la parte más decepcionante de la novela quizás sea la de biología y biotecnología (con alguna excepción): la plaga no deja de ser una excusa para plantear la trama, los traumas de los personajes y las tensiones entre diferentes ideologías sobre la repoblación del planeta; su reaparición añade dramatismo, pero poco más, y tampoco hay excesiva profundidad en la ciencia del asunto, pero cumple su cometido.

Una lectura entretenida, con unas cuantas ideas interesantes y un par de sorpresas que recompensa el tiempo que se le dedica pero tampoco aporta demasiado al género (ni parece pretenderlo, bien es verdad).

(c) 2009 Xavier Riesco Riquelme

Los hijos del Paraíso, de Nick Sagan (Edenborn; 2004). La Factoría de Ideas, col. Solaris Ficción nº 121. Madrid, abril de 2009. Traducción de Myriam García Bernabé. ISBN. 978-84-9800-456-4. 416 páginas

TEXTO DE LA CONTRAPORTADA

Los niños de Idlewild han sido creados mediante bioingeniería para aguantar los efectos del apocalipsis microbiano bautizado como la peste negra, que prácticamente diezmó a la humanidad de la faz del globo.

Dieciocho años más tarde, una generación tanto humana como poshumana dividida en bandos, debido a la ingeniería genética que se utilizó para crearlos, está preparada para heredar la Tierra.

Pero mientras que uno de los bandos aboga por una evolución natural y el otro se empeña en perfeccionar a los individuos a través de la ciencia, una plaga incluso más letal surge de las cenizas de la peste negra. Su único propósito, el exterminio de la humanidad.

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