UN DESTELLO EN EL CIELO, de Kay Kenyon

por Joan Antoni Fernàndez

Confieso que la lectura de esta novela me ha desconcertado en buena medida. Y es que ojeando la contraportada uno ya se prepara para asistir a una space opera clásica, al parecer condimentada por la autora Kay Kenyon con cierto sabor a Dan Simmons. Lo sorprendente es sumergirse en sus páginas para descubrir que la historia transita de la ciencia ficción a la fantasía, y de la fantasía a la ciencia ficción, con gran fluidez y notable desparpajo. Kay Kenyon, autora para mí desconocida pero que ya cuenta con ocho novelas y ha sido nominada a varios premios, ha sabido crear un universo paralelo llamado el Omniverso, presentándolo con toda su complejidad y repleto de maravillas.

El libro nos cuenta de pasada los antecedentes de la historia. Tras un percance en su vuelo espacial el piloto Titus Quinn, su esposa Johanna y su hija Sydney llegaron a un extraño lugar dominado por crueles alienígenas, los tarig, quienes tenían sojuzgados a los chalin, unos humanoides con una cultura inspirada en la china. Tiempo más tarde Titus logró escapar y regresó a su dimensión, pero sin memoria y sin familia. La corporación Minerva para la que trabajaba no creyó su relato de un mundo mágico, despidiéndole. Pero al acontecer un percance inesperado, momento en el que empieza el relato, acabarán aceptando su versión y le enviarán de vuelta mediante una distorsión espaciotemporal, con el encargo de buscar nuevos métodos de realizar el viaje espacial. Una vez de vuelta alOmniverso, Titus empezará a recuperar paulatinamente su memoria, establecerá nuevas alianzas y tratará de encontrar a su hija perdida, prisionera en tan extraño mundo.

La historia empieza bien, con un primer capítulo que te atrapa, pero luego algo parece encallarse. Puede que el lastre se halle en el propio personaje de Titus Quinn, un protagonista que no cala en el lector. A mi modo de ver, la palabra clave es “soso”. Pero soso con avaricia. Un tipo que se nos presenta viviendo como un ermitaño y jugando a los trenecitos en su casa apartada de la costa, alguien que como en el anuncio de las hemorroides sufre en silencio. No despierta ningún tipo de empatía en el lector y es una lástima, porque priva al relato de un buen soporte.

No obstante, salvado el escollo de un personaje no muy atractivo, la cosa promete. El mundo futuro que nos describe la autora está muy bien trenzado, con una ley (Blix-Poole) que garantiza a todos los ciudadanos un nivel básico de vida, dividiendo la sociedad en necios, con sus necesidades básicas cubiertas sin necesidad de trabajar, y quienes tienen un coeficiente intelectual superior a 100 y pueden optar a una carrera profesional, cobrando más y ascendiendo de escala en sus funciones. De igual modo, los viajes interestelares a través de agujeros negros mediante el túnel Kardashev, los motores ProFabber y los cerebros mCeb, configuran una sociedad tecnológica que dominan corporaciones como Minerva.

En semejante contexto, reconozco sentirme atraído por la inteligente y malvada Helice Maki, sus juegos de poder dentro de la compañía y su deseo frustrado de explorar el nuevo mundo. Luego llega la brillante forma en que Titus vuelve a cruzar la barrera entre ambos universos, sujeto a un arnés y lanzado a través de la denominada espuma cuántica. Una buena entrada, sin duda.

Pero una vez al otro lado, en el Omniverso, parece que incluso la percepción de la autora queda trastocada. Aquí se abandona todo viso de ciencia ficción para caer en brazos de la fantasía. Nada que objetar al cambio, la descripción de ese nuevo mundo es muy efectiva, rica en matices y sugerente. Aunque sea una gran exageración lo que escribe el Literary Times, sobre que “rivaliza con las series del Mundo Anillo” de Larry Niven y del Mundo del Río de Philip José Farmer en cuanto a inventiva, aventura, complejidad y su capacidad para asombrar a los lectores”, lo cierto es que Kay Kenyon no lo hace nada mal. El Destello en el cielo que da título a la obra sin duda está inspirado tanto en el Río de Farmer como en elMundo Anillo de Niven. Sin llegar a la altura de los autores mencionados, la autora sabe construir un mundo tenebroso y bello a partes iguales, haciendo de la ambientación lo mejor de la novela.

Pero la historia en sí misma parece detenerse, víctima de esa velocidad relativista del tiempo entre ambos universos. Así las aventuras de Titus Quinn en el Omniverso avanzan a trompicones, como si ni la propia autora tuviera claro su destino. El viaje de Titus con su compañera Anzi, una guía chalin, se dilata entre un exceso de diálogos redundantes y con una tensión no resuelta entre ambos. A veces se intercala la historia de su hija Sydney, cegada por los tarig y entregada a los inyx, criaturas que viven en manada y que precisan jinetes ciegos que les monten, estableciendo un vínculo telepático con ellos. Igualmente algún capítulo regresa a nuestro universo para observar la tensa espera de la corporación Minerva, en especial de la desconfiada Helice. Paja innecesaria para alargar un libro que, por si alguien todavía no lo ha adivinado, es el primero de una serie de cuatro.

Ni que decir tiene que, tras ciertas aventuras y persecuciones por parte de sus enemigos, así como de entablar nuevos amigos y alianzas, Titus regresará a nuestro universo, llamado La Rosa, sin haber conseguido del todo sus propósitos. Tras el periplo realizado se ha hecho conocedor de un plan terrible de los talig para destruir La Rosa, robando la energía de esta dimensión para mantener en pie la suya. Si nadie les detiene, el universo desaparecerá en poco tiempo. Habrá que volver al Omniverso, y no tan sólo a por Sydney. Pero Titus se debate entre su lealtad a ambos mundos. ¿Por cuál de ellos se decantará finalmente? Como decían en los seriales antiguos, continuará.

Lectura agradable, aunque en ocasiones algo prolija en su desarrollo, se nota en exceso que es el inicio de una serie, El Omniverso y la Rosa, la cual puede ser interminable. Buena construcción de un mundo sugerente y exótico, con un planteamiento que podría dar mucho más juego, digamos que como primera toma de contacto no deja mal sabor de boca. Esperemos que su continuación sea capaz de iluminarnos con mayor intensidad, de momento ha quedado en un brillante destello.

(c) 2009 Joan Antoni Fernàndez

Un destello en el cielo, de Kay Kenyon (Bright of the Sky; 2007). La Factoría de Ideas, col. Solaris Ficción nº 122. Madrid, marzo de 2009. Traducción de Alvaro Sánchez-Elvira Carrillo. ISBN. 978-84-9800-4571 416 páginas.

TEXTO DE LA CONTRAPORTADA

Un desastroso vuelo interestelar lanza al piloto Titus Quinn, a su esposa y a su hija Sydney a un universo paralelo llamado Omniverso.

Titus consigue regresar a su dimensión sin memoria, con su familia dada por muerta y su reputación arruinada. La corporación para la que trabaja lo envía de vuelta por la distorsión espaciotemporal en busca de nuevos métodos de viaje espacial. Allí recordará gradualmente a los gobernantes de ese mundo, los crueles alienígenas Tarig, así como a la población humanoide subyugada por ellos, los Chalin, y averiguará que su hija ha sido apresada.

La odisea de Titus para recuperar a Sydney descubrirá un plan de los Tarig cuyas ramificaciones afectarán a algo más que a su propia familia.

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