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BRASYL, de Ian McDonald

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por Luis Fonseca

Brasil no será un país serio como dice la frase del General De Gaulle que aparece en alguna de las tapas del libro, pero desde luego este libro pretende serlo, y en buena parte lo consigue. Claro que el Brasil protagonista del libro no es uno sólo país sino tres, cada uno de ellos escenario de una historia en una época temporal diferente. Tres, pues, son las tramas que conviven en este libro: una en un Brasil contemporáneo (2006), otra en un Brasil con un pie en el futuro cercano (2030), y una tercera, que siendo la última en presentarse, se desarrolla cientos de años atrás en la Amazonia, hacia el 1700. 

Tres Brasiles distintos, tres aspectos de un mismo país, una inmersión en un Brasil paralelo reforzada por la grafía del título. Un Brasil que aunque no estuviera disfrazado de mundo paralelo sería de por sí lo suficientemente exótico como para ser todo un mundo aparte, exotismo que el autor subraya con tres impresionantes geografías (Sao Paulo, Río de Janeiro y el Amazonas) y con el uso de abundantes y nada accesorios términos portugueses. Y si un lector latino casi agradece el glosario final, no me imagino lo alienígena que le habrá resultado el hecho a un lector anglosajón.

Aun rezumando extrañeza y exotismo, Brasyl es una obra de ciencia ficción con un corazón ‘duro’. El tema hard hace su aparición poco a poco, dando tiempo a las historias a desarrollarse y establecer las conexiones entre ellas, pero cuando lo hace en toda su extensión la novela pierde quizá algo de fuelle, no por falta de interés sino por la dificultad de lo tratado.

Volviendo a las tramas, en la del presente concurren, programas de TV desmadrados más allá de toda ética, cultos pseudo-religiosos (desde el propio futbol hasta otros con ranas de piel psicotrópica y ojos con sensibilidad cuántica) y lances de capoeira, ese arte marcial callejero disfrazado de danza indolente. En el Brasil del presente no sólo se da cita todo lo anterior sino también el Brasil pasado y futuro, por obra y gracia de la mecánica cuántica y los viajes temporales.

En el Brasil futuro medran los buscavidas de las favelas entre la tecnología más avanzada. Pero tecnología, aparte el Brasil contemporáneo y el futuro no se diferencian demasiado en su paisaje humano, y, desde luego, su contrapunto no es tan llamativo como el de cualquiera de ellos con la tercera trama, la que promete a priori ser el origen de todo. Esta tercera trama es más aventurera y más filosófica: una especie de La Misión sin música de Morricone con dos jesuitas con similar habilidad con la esgrima de la espada y la esgrima dialéctica pero distinta catadura teológica y moral … y un filósofo natural intentando medir el mundo y paseando por el Amazonas un telar mecánico de tarjetas perforada (una especie de tributo rendido al telar, bonito ejemplo combinado de automatismo mecánico y proceso lógico, coprotagonista de la revolución industrial y, además, responsable del primer caso de espionaje industrial, entre otras cosas)

Además de ideas interesantes, Ian McDonald muestra buenas maneras de escritor, no tanto con el lenguaje que usa, sino con las imágenes que consigue recrear, especialmente en las descripciones de los escenarios. Son realmente las descripciones, el que no sean banales y puramente instrumentales, las que, no diré que dan por entero la medida de cualquier escritor, pero sí que muestran si el autor se gusta y contempla su obra en diferentes planos.

Sin embargo, y como decía antes, a medida que la parte hard se afianza la novela también se desliza hacia terrenos movedizos y más inseguros. En algunos momentos y en algunos temas, McDonald recuerda a Greg Egan y a Neal Stephenson. Pero no es ni uno ni otro, ni pretende ejercer de ellos, desaprovechando quizá algunas buenas opciones. Y es que el cósmico tema central es difícil por partida doble: no sólo obliga a lidiar con la exasperante mecánica cuántica, sino también con computación… cuántica, porque al final acaba mezclándose tanto el multiverso como explicación cuántica de la realidad como el universo como resultado de una impecable simulación.

Las múltiples bifurcaciones, prácticamente infinitas, que una misma realidad puede tener fruto del desvarío temporal y la deriva entre universos acaban por enajenar cualquier historia. Tan imposible es echarles el lazo, como imposible es encontrar la imagen original de las infinitas reflexiones de una galería de espejos.

En otro orden de cosas, más de construcción de la trama, la justificación de la existencia de la Orden y su némesis a través del espacio y el tiempo podía estar mejor hilada. Intenta ser profunda y sicológica pero cuesta de tragar, así como los violentos métodos de su confrontación. Y lo que más me decepcionó fue ver aparecer el filo Q en manos del Padre Gonçalves de la historia amazónica, devaluando totalmente su posición ideológica, contrapunto del Padre Quinn, y convirtiéndolo en un histrión petulante carente de toda profundidad.

En cierto modo, Brasyl es una novela que acaba por sucumbir ante su propia ambición y lo complicado del tratamiento, pero lo hace con estilo y ambición, y en solo 350 páginas. Aun así, y como casualmente se escribe en el libro: ‘es la primera conversación mínimamente estimulante que he tenido en meses’… por fin un libro con un mecanismo interno razonablemente complejo, escrito con un lenguaje y unas maneras con ciertas dotes de seducción.

(c) 2009 Luis Fonseca

Brasyl, de Ian McDonald (Brasyl; 2007). La Factoría de Ideas, col. Solaris Ficción nº 123. Madrid, mayo de 2009. Traducción de Virginia Sanmartín López. ISBN. 978-84-9800-4656. 352 páginas.

TEXTO DE LA CONTRAPORTADA

São Paulo, 2032: Una ciudad con corazón de neón, de infinidad de millones de habitantes, de extraordinaria riqueza y extrema pobreza.

Una ciudad vigilada, donde un ladrón de favela puede verse atrapado en el letal y desconcertante mundo de la computación cuántica.

Río de Janeiro, 2006: Una ciudad de observadores y observados que se alimenta de realities. Una ciudad donde una ambiciosa productora de televisión puede conseguir su próximo gran éxito y perder su vida.

Brasil, 1732: Un país de belleza paradisíaca, de oro y muerte, de locura y religión, donde un padre jesuita en busca de un sacerdote descarriado encontrará la fe y la realidad llevadas al límite.

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