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LOS SIGLOS PERDIDOS, de Santyago Moro

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por Joan Manel Ortiz

Hace ya algunos meses que me leí el primer libro de las Crónicas de la Federación, serie de la que es autor el polifacético Santyago Moro, y que comenté oportunamente en BEM on Line,y ahora me dispongo a hacer lo propio con su continuación, Los siglos perdidos, segundo libro de las crónicas. El leer la continuación de una novela que te gustó tiene sus riesgos, probablemente las expectativas que te creas sean excesivas. Algunas veces el autor te sorprende y escribe algo superior a la anterior entrega. Otras no como, lamentablemente, sea el caso que nos ocupa. Pero no adelantemos acontecimientos y analicemos el libro por partes.

Para comenzar, echemos un vistazo al argumento: un acaudalado alienígena acusa a un miembro de la tripulación de laMercurio, concretamente a Alof, el telépata, con cargos inventados pero que pueden conllevarle severas penas de prisión… a menos que su capitán, el ex-militar Igor Casis, acepte cumplir una misión para él: averiguar qué fue de su hijo, desaparecido en unas excavaciones arqueológicas en un planeta lejano. Naturalmente, nuestro héroe, como no podía ser de ninguna otra forma, accede para salvar a su amigo y los demás miembros de la tripulación le acompañarán sin dudarlo en un viaje que les llevará más allá de lo que ellos hubieran soñado jamás. El argumento promete una novela repleta de sentido de la maravilla, acción y aventura a granel.

El libro comienza con un televisivo y espectacular flashback que parece presagiar muy buenas sensaciones, pero, de pronto y sin saber muy bien por qué, el argumento parece encallarse y empieza a avanzar demasiado lentamente, a trompicones. El ritmo se pierde y se hace evidente una exagerada descompensación argumental en la novela: se dedican más de la mitad de sus páginas a los preámbulos de lo que será, propiamente, el núcleo de la historia: el viaje y el rescate del hijo del magnate. Eso provoca un exceso de laaaargas escenas preparatorias y conversaciones intrascendentes antes de ponernos en camino hacia la aventura prometida.

Poco a poco, la novela va cogiendo velocidad. Se nos introducen nuevos personajes y hasta coquetea el autor con los viajes en el Tiempo. Conocemos más de cerca a los enemigos mortales de la Federación, losneomasianos, al capturar a uno de ellos tras una batalla estelar. Aunque de fisiología muy diferente, según nos describe el autor, el carácter del personaje me recordó mucho a los klingon de Star Trek. Las páginas pasan ligeras y se consigue mantener una agradable velocidad de crucero, nada excepcional pero suficiente, hasta llegar a la conclusión de la historia, que no voy a desvelar aquí por motivos obvios, a mi parecer demasiado inverosímil y precipitada.

Los personajes siguen siendo un punto a mejorar de Santyago Moro. Aunque en Los siglos perdidos hay profusión de diálogos, el autor, como le sucedía en la novela anterior, no consigue llegar a transmitir sentimientos convincentes. Son conversaciones demasiado formales, rígidas, donde se nota que los personajes parecen no tener una vida propia. Un ejemplo clarificador podría ser los diálogos que se entablan entre el capitán de la nave, Igor y su novia Belén. Por muy enamorados que puedan estar, sus frases son tan almibaradas que producen un cierto repelús. Y, por supuesto, no convencen.

En síntesis, la impresión que transmite la lectura de Los siglos perdidos, es una interesante novela de aventuras espaciales, pero sin pulir. Creo que el libro adolece de cierta falta de maduración antes de su publicación, como si hubiera sido escrito de una sola tirada, sin demasiadas correcciones posteriores. Estoy convencido de que con algunas revisiones previas se hubiera logrado un resultado mucho más satisfactorio. También se echan en falta algunas subtramas que sin duda hubieran añadido interés a su lectura, complicando un tanto un argumento demasiado lineal.

No obstante, aunque obviamente de calidad inferior a su predecesora, también se pueden destacar cosas buenas en Los siglos perdidos. Por ejemplo la fuerte apuesta del autor en favor de la novela de aventuras, sin complicaciones ni largas explicaciones pseudotecnológicas. Hay tecnología, como no podría ser menos en una novela de ciencia ficción, pero supeditada siempre al argumento y no al revés. Vuelven a ser precisamente, una vez más, las escenas espaciales, donde Moro se siente más agusto y eso se nota. De hecho, es una novela que bien podría haberse encuadrado dentro de las denominadas (y tristemente desaparecidas para algunos) novelitas de a duro,con sus defectos y sus virtudes y si el lector la encara con este espíritu, comprobará que se puede pasar un rato distraído leyéndola. He de reconocer que, aunque me he sentido un tanto defraudado con la lectura de Los siglos perdidos, sigo sintiendo curiosidad por conocer las nuevas aventuras de Igor Casis y sus amigos y pienso seguir leyendo el resto de los libros que integran estas Crónicas de la Federación (por el momento, si no voy errado, hay 5 más un sexto que está terminando el autor). Ya les iré contando.

Respecto al libro en sí, hay que tener presente que Los siglos perdidos es una autoedición y aunque en su interior me he encontrado alguna que otra erratilla (hay otras editoriales “profesionales” que cometen más, eso lo sabemos todos los que leemos), en líneas generales, la presentación es muy digna y llamativa. Lástima que el cuerpo de letra sea inferior a su predecesora, algo que supongo viene motivado por el ahorrar páginas y costes pero que, como dice el lema del tabaco, puede perjudicar seriamente la vista.

Una novela que, a pesar de todo, se lee con rapidez y que, en bastantes momentos, llega a distraer

(c) 2009 Joan Manel Ortiz

Los siglos perdidos, de Santyago Moro. Crónicas de la Federación II. Autoedición. Portada de S. Moro. Galapagar 2008. 292 páginas. 14,25 euros.

Texto de la contraportada

Tras librar a la Federación de estados de una grave crisis los tripulantes de la nave Mercurio se enfrentarán a una inquietante aventura, que arranca en un planeta dedicado en exclusiva al lucrativo negocio del juego y el ocio. El dueño de la corporación que controla el planeta les hará víctimas de un chantaje para obligarles a aceptar una misión. Más allá, les espera un fantástico viaje en el tiempo, que les transportará veinte mil años en el pasado, cuando la Federación de Estados no existía aún, y en la Tierra los hombres ni soñaban con llegar a surcar el espacio algún día.

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