HABLANDO CON JOSEP MARTIN BROWN

La novena entrega de esta columna vuelve a recalar en España y nos permite descubrir a Josep Martin Brown, un joven talento que acaba de ser publicado en la antología Cefeidas, que compilé junto a Jordi Bonet para ediciones Mandrágora. Esta vez no han transcurrido dieciocho meses, ni nueve, ni cuatro y medio. Hace apenas dos meses y medio que tuvimos la visita de Daniel Frini y tal vez no transcurra siquiera ese lapso para que se publique otra entrega de “Entre Ushuaia e Irún”. ¿Quieren saber qué ha ocurrido? Es muy sencillo: esto nos gusta cada día más, a los directores y a mí, por lo que nos hemos propuesto aumentar la frecuencia de las presentaciones de jóvenes escritores hispanoamericanos. Así que pasen y lean a Josep Martin Brown y sepan desde ya que se puede esperar de su carrera

Sergio Gaut vel Hartman

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Te llamas Josep Martin Brown? ¿Eres anglosajón?

Josep Martin Brown: Es un seudónimo. Mi nombre verdadero no importa. Además es feo y está lleno de cosas que no me gustan. Pero corresponde a las iniciales de APG.

Sergio Gaut vel Hartman:
 Háblanos de tus orígenes, entonces.

Josep Martin Brown:
 Si la vida de un hombre es una novela histórica, entonces puedo decir que soy hijo de los españoles que se refugiaron en las montañas tras la expulsión de los moriscos. Mi madre trabajó pastoreando vacas y ovejas hasta los catorce años con sus padres y sus seis hermanos. A las montañas que separan las provincias de Castellón y Teruel apenas llegó el franquismo ni los curas, como tampoco lo hizo ni la electricidad ni el agua corriente. En esa cultura de la pobreza, aislada del resto del mundo y con serios problemas de endogamia, subsistieron los míos durante siglos hasta que se sintieron atraídos –como casi todos- por el desarrollismo de finales de los 60.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿En qué región está ese pueblo?

Josep Martin Brown: Pude hacer nacido en Barcelona o Valencia… Pero al final mi abuelo decidió asentarse en Onda, un pequeño pueblo industrial de la Plana de Castelló. Pero antes hizo lo que muchas familias pobres de la época tenían por costumbre y que explica muchas de las cosas que me sucedieron después. Puso a sus tres hijas “a servir”. Esto es, en los años sesenta la servidumbre de las casas adineradas se reclutaba en la bolsa de la emigración, pero en aquella época la emigración era interior. A mi madre le tocó servir en la familia de un médico de la capital, Castellón. A los 18 años, en uno de esos jueves por la tarde que libraba conoció a mi padre, un hombrecillo montado en Vespa que debió de parecerle a mi madre un príncipe azul.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Cuándo naciste?

Josep Martin Brown: Nací  en el 1974 y me crié en un barrio del extrarradio de la ciudad conocido por entonces por ser el mercado de la heroína de Castellón. Los años 80 fueron para un niño como yo un cúmulo de escenas que no tenía que haber visto y de cosas que no tenía que haber sabido. Todavía hoy me sorprendo al recordar cómo los yonkis nos preguntaban a los niños dónde encontrar al “Rana”. Crecí pues en un entorno carente de los estímulos adecuados. Rodeado de tristeza y resignación y del que aún arrastro pesadillas recurrentes.

Sergio Gaut vel Hartman:
 ¿Eso ha tenido que ver con tu desembarco en la literatura fantástica?

Josep Martin Brown: Con este bagaje, creo que entenderás perfectamente que no me guste ni la literatura realista y la novela urbana contemporánea. El realismo sublima una realidad que es fea y decepcionante. Invariablemente, estaba condenado a sucumbir a los encantos de la fantasía y la ciencia ficción.

Sergio Gaut vel Hartman:
 Imagino que empezaste siendo un gran lector.

Josep Martin Brown:
 Mi afición a la lectura comenzó a partir de un conflicto que tuve en el barrio a causa de una deuda. Estuve una semana sin bajar a la calle por culpa de un puñado de canicas. Y si no quería recibir una paliza, no me quedaba otra que encerrarme en casa hasta que amainara la tormenta. El problema es que en 1983 no teníamos ni internet ni consolas y la tele era propiedad del patriarca… Así que aburrido de jugar con los clics de famobil, busqué algo para leer y encontré en una estantería uno de los pocos libros de mi padre. Un libro maravilloso ajado y maravilloso, “Viaje al centro de la tierra”. Ese fue mi primer encuentro con la ciencia ficción.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Qué estudiaste?

Josep Martin Brown:
 Nunca tuve ningún problema con los estudios. Iba a curso por año hasta que llegué a la universidad, aunque en aquella época esto no resultaba tan extraño como ahora. El problema lo tuve con mi familia, pues aunque mis inquietudes no apuntaban por ese camino, insistían en que estudiase una carrera de ciencias y no filosofía, como yo pretendía. El fracaso fue total. Convertí el absentismo en una institución. Solo me presenté al examen de álgebra; creo que fue porque era lo más parecido a un examen de letras en ingeniería. La situación se hizo insostenible y la ruptura con mi familia inevitable. Esas navidades dejé los estudios y me puse a trabajar a jornada completa. La decisión más afortunada de mi vida, porque de otro modo no hubiera conocido a Raquel, la mujer que comparte su vida conmigo desde entonces. Reunimos fuerzas y recursos, y juntos volvimos a la Universidad de Valencia donde cada uno hizo su carrera de letras sin que su familia lo molestara.

Sergio Gaut vel Hartman: Te recibiste, ¿entonces qué?

Josep Martin Brown: Con el título de filosofía en la mano y rechazando las múltiples ofertas de trabajo que me llovían —nótese la ironía—, no me quedó otra que buscarme mi propio sustento. Desde hace ocho años llevo un pequeño negocio que me da para vivir. Un negocio sin local y sin horario que me ha permitido dedicarme a una de las dos salidas que tiene un filósofo: la enseñanza o la literatura. Mi mujer se decantó por lo primero y le va mejor que a mí… de momento.

Sergio Gaut vel Hartman:
 ¿Qué escribes en este momento?

Josep Martin Brown:
 Actualmente trabajo en la elaboración de una saga de ciencia ficción. La primera novela ya está acabada. La he titulado Azul y Luna. Es una novela aún inédita, aunque su segundo prólogo va a ser editado por la Editorial Mandrágora en una recopilación de cuentos de próxima aparición. Al primer prólogo le estoy sacando actualmente mucho partido. Tanto que creo que puedo desgajarlo de la primera novela y extenderlo hasta escribir una segunda. La primera novela quedaría como un thriller futurista, mientras la segunda como una auténtica space opera. Pero ambas están conectadas a pesar de la distancia. Son como un iceberg.

Sergio Gaut vel Hartman: Cuéntanos qué lee un escritor que escribe una saga que va del thriller futurista a la space opera.

Josep Martin Brown: Leo lo que pillo, siempre y cuando no tenga nada que ver con la novela urbana contemporánea. No la soporto. En estos momentos estoy leyendo “El aprendiz de guerrero” de Louis McMaster Bujold. Lo último que me ha impresionado ha sido la saga Hyperion de Dan Simmons. Me he llevado alguna que otra decepción con eso de “leer lo que pilles”. Alguna de 20€, de autoras españolas y con títulos en inglés, que son las que más me han dolido. Pero en general quiero agradecer a la colección byblos de ciencia ficción el haber hecho posible llenar mis estanterías con libros de 5€. ¡Es que nadie va a seguir el ejemplo!

Sergio Gaut vel Hartman:
 ¿Cuáles son tus proyectos?

Josep Martin Brown: Ser escritor de ciencia ficción es todo un proyecto de vida para mí. Creo que actualmente tengo mucho más de lo que nunca hubiera soñado. Una casa, seguridad económica, una compañera maravillosa que me acompaña desde hace quince años… Disfruto de una gran libertad. De momento puedo decir: “hoy no me levanto de la cama”. Y la consecuencia no es el despido, porque soy mi propio jefe. No pensamos tener niños, de tal manera que podemos dedicarnos a nosotros mismo el resto de nuestras vidas. Es un egoísmo ilustrado muy de nuestra generación dinky. O Peter Pan. O lo que sea. Una mamá me dijo hace bien poco que no sabía lo que me perdía por no tener niños. Yo le contesté que ella nunca sabrá lo que se pierde por tenerlos.

Sergio Gaut vel Hartman:
 ¿Has tenido satisfacciones como escritor? Es decir, ¿qué has publicado hasta ahora?

Josep Martin Brown: En realidad esta es mi segunda etapa como escritor. La primera novela que escribí, El hombre Imposible, tuvo un inicio muy afortunado. Tenía apenas 20 años y la primera editorial a la que se lo envié, Iralka, una editorial de Irún, lo aceptó entusiasmada. Era una novela realista ambientada en el futuro que un APG adolescente imaginaba para sí. Fue algo muy doloroso de escribir y es una experiencia que espero no volver a repetir. Desgraciadamente —o afortunadamente, solo el tiempo lo dirá— la editorial Iralka quebró poco después. ¿Cómo puede quebrar una editorial que editaba libros universitarios? El tal Manolo se fue sin despedirse y aún hoy estoy esperando una explicación. Después de aquello estuve años sin escribir una línea. Lo siguiente que escribí fue Azul y Luna.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Qué te produce la literatura, afectivamente?

Josep Martin Brown: Mi relación con la literatura siempre ha sido de amor. Solo mi relación con los editores es de amor y odio. Leer es la única actividad que me relaja. Consigo reducir mi ritmo cardiaco y mi respiración sin recurrir a ninguna droga. En realidad, creo que escribo ciencia ficción por puro agradecimiento. Sin esos libros no existiría una ventana por la que salir volando a otras realidades. Y sin personas que escribieran esas tonterías tampoco existiría esa ventana. Seguro que Julio Verne también pensó alguna vez que lo que escribía eran tonterías y sufrió cierto acomplejamiento. ¡Bendito Verne! Muchos animales le deben la vida a Viaje al Centro de la Tierra. Un niño amargado e hiperactivo puede hacer mucho daño si no tiene una realidad paralela en la que refugiarse. La imaginación siempre ha sido un refugio. Como Dios. Es una lástima que la vida no sea tal y como la imaginamos. Al menos nos quedan los sueños, que de un modo u otro también están vinculados con la realidad y son mucho más entretenidos.

Sergio Gaut vel Hartman: Descríbenos tu jornada de trabajo, como te organizas, si eso existe, claro.

Josep Martin Brown: Tengo una obsesión enfermiza por la prensa. En parte debido a mis problemas de insomnio. Bueno. No es que tenga dificultades para conciliar el sueño… En realidad duermo muy deprisa. Lo justo antes de la última pesadilla. Lo que suele suceder al cabo de cinco o seis horas de sueño. Entonces miro el despertador, me doy cuenta de que son apenas las seis de la mañana y me enfado conmigo mismo. Para evitar despertar a Raquel me levanto sin hacer ruido y enciendo el ordenador. La consecuencia es que un par de horas más tarde, cuando oigo el despertador, ya estoy cagado, informado y medio fumado. A pesar de los años que llevo haciendo esto —incluidos sábados y domingos por la mañana—, todavía me sorprende descubrir que disfruto de ello. Mi mujer dice que soy el único porrero del mundo que madruga (risas). Me lo dice con pena, pero lo que no entiende es el oscuro placer que me produce sentirme el hombre más despierto de la casa.

Sergio Gaut vel Hartman:
 ¿Qué más esperas de la vida, de la literatura, de lo que se te ocurra que esperas algo?

Josep Martin Brown: No creo en el la ley del mérito. Aunque me dé rabia reconocerlo, he incorporado a mi vida el principio marxista que siempre guió a mi familia: a cada cual según sus necesidades y a cada cual según sus capacidades. Como emprendedor, soy consciente de la contradicción vital que manifiesto al abrazar este principio. En el tardo franquismo, el deporte nacional consistía en intentar pasar desapercibido. Solo los poderosos podían permitirse el lujo de decir lo que pensaban en ese periodo de “extraordinaria placidez” que para ellos fue el franquismo. Son ellos precisamente los que enarbolan la bandera del mérito. En realidad la vida es más suerte que otra cosa. La mayor virtud que puede tener un hombre es el don de la ubicuidad. Estar en el lugar exacto en el momento oportuno. Me parece que es condición necesaria para triunfar en muchos aspectos de la vida, y no tanto el esfuerzo. En el mundo de la literatura es, simplemente, condición suficiente. Si no que se lo pregunten al autor de El Código Da Vinci

© Sergio Gaut vel Hartman Enero 2010

Puede leer el relato “El último hombre” de este autor pinchando aquí.

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