EL PEOR ENEMIGO Y MAS INCONDICIONAL ALIADO: DR. JEKYLL Y MR. HYDE, de Robert Louis Stevenson

 

Gracias a la web Tercera Fundación he descubierto que tenía un lío garrafal en la organización de las columnas que publiqué en BEM. Gracias a la información que ahí consta sobre mí mismo, he comprobado que la columna que hoy presento fue publicada en la sección “Se buscan libros” de BEM en el número 70 (Agosto-Septiembre de 1999), y que aquí aparece en duodécimo lugar. Pido disculpas al lector por el despiste, con mi agradecimiento a la Tercera Fundación.

En los diez años que han transcurrido desde que escribí aquella columna no hecho otra cosa que afianzar la idea que plasmaba en ella. En la vida, en el universo, no hay buenos ni malos, tan sólo un equilibrio perfecto entre los extremos. En el Cosmos lo hay, en nuestro planeta, en nuestra vida. Cuando algo crece en un extremo, el otro extremo reacciona y crece al mismo nivel, compensando la formula, manteniendo el equilibrio.

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Ava y Frank el día de su boda

Ayer (25 de enero) oía la noticia del aniversario del fallecimiento de Ava Gardner. En la TV se deleitaron recordándonos lo “ligera” que había sido con los hombres y el alcohol, que si el torero aquel, que si éste o el otro, hasta habían buscado y entrevistaron a un camarero de 90 años con quien al parecer se emborrachaba en su hotel cuando venía de visita a España…. Hablaron de que el amor de su vida fue Frank Sinatra, con quien vivió una (o más de una) relación apasionada y tormentosa. Dijeron que cuando ella murió estaba escuchando un disco suyo. Enseguida me acordé de otra pareja parecida, igual de tormentosa, igual de apasionada, igual de imposible: Liz Taylor y Richard Burton. La Historia nos ha mostrado muchas, porque al final, éstas son las únicas que han pasado a la historia.

El universo es un equilibrio de energía, la vida es un equilibrio de energía. Por eso las relaciones apasionadas de verdad son tormentosas, por eso hay a la vez amor y odio, placer y dolor, al mismo nivel. Por eso para que una pareja dure junta 50 años juntos, el principal requisito es que ninguno de los dos se enamore del otro.

Por eso Jekyll y Hyde estaban condenados a vivir juntos hasta la muerte.
Por eso cuando Ava murió, escuchaba cantar a Frank.

 

 

EL PEOR ENEMIGO Y MÁS INCONDICIONAL ALIADO

 

Usted, lector o lectora de BEM, será una persona soltera con o sin compromiso, o casada felizmente, o ya no, con o sin hijos, con un trabajo, bueno, malo, o quizá por encontrar, con amigos seguramente, y probablemente satisfecha con su vida. Pero, sea lo que sea, sin duda será una persona íntegra, honrada, honorable, decente, honesta y respetable, y no permitirá que nadie lo ponga en duda.

Pero ahora permítame que le haga una pregunta personal. Una pregunta “muy” personal: ¿qué es “eso” que bulle en su interior, “eso” que no confesaría jamás, “eso” que cuando piensa en ello le avergüenza, “eso” que si se hiciera público podría significar el fin de su reputación, “eso” que diariamente se esfuerza por controlar para evitar que “eso” le controle a usted? Tal vez sea un vicio oculto, un hábito indecible, un deseo imposible. Tal vez sólo sea una tentación…

A lo mejor “le gustaría” hacer algo de todo eso que ronda por su mente.

Pero no lo hace.

¿Se ha planteado alguna vez por qué no? ¿Qué es lo que se lo impide? Por favor, píenselo durante un minuto.

No, no lo haría jamás, y no por el miedo al castigo, en forma de una multa, o la cárcel, o el abandono de su mujer, junto a la casa, el coche y los niños, o la vergüenza pública, o la destrucción de todo lo que ha conseguido durante toda su vida. No lo haría, simplemente, porque en realidad ese deseo inconfesable no es tal, sino, en el caso peor, un instinto primario convertido en fantasía gracias a una única cosa: la socialización, la educación recibida, que impide a cualquier persona “normal” la realización de actos característicos quizá de individuos solitarios o inseguros, o incluso propios de personas mentalmente enfermas, porque es la socialización lo primero que se pierde cuando la razón se nubla a causa de una demencia grave, pudiendo transformar a un ser humano respetable en un maltratador de niños, en un violador o en un asesino.

Todo está en nosotros, cada acción, cada reacción, cada deseo, cada acto, lo positivo y lo negativo, todo a buen recaudo, perfectamente equilibrado, dominado gracias al esfuerzo de la razón. La razón que cuando se descontrola nos hace perder el equilibro, nos vuelve locos y deja salir lo peor de cada uno, el ser humano básico, instintivo y no socializado.

Y este pérdida del control que ejerce sobre nosotros la razón, esta liberación del yo oscuro que todos llevamos dentro, es el efecto de la sustancia química descubierta por el doctor Henry Jekyll, que al ingerirla permite escapar a su lado tenebroso, el monstruo Edward Hyde.

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Robert Louis Stevenson

En la más sombría de las obras de Robert Louis StevensonEl Dr. Jekyll y Mr. Hyde, no sólo se habla de dos personalidades en un mismo individuo, sino de un compendio de muchas: “al fin el hombre será tenido y reconocido como un conglomerado de personalidades diversas, discrepantes e independientes.” Pensemos en nosotros mismos, en nuestras distintas formas de ser que dependen, entre otras muchas cosas, del día, de la hora, y de con quién nos encontramos.

Estas personalidades, que son todas las facetas posibles del ser humano, permiten con sus diferentes pesos el equilibrio que la mayor parte de nosotros poseemos durante la mayor parte del tiempo; todos los elementos juntos se complementan, proporcionando a cada uno la armonía imprescindible para moverse razonablemente bien por el mundo, llevándose más o menos armoniosamente con los semejantes. Si se separan, entonces se pierde el equilibrio.

Hyde, me parece, no es malo en sí mismo. No es más que un niño grande, pues el niño es la pura esencia del ser humano: egoísta y violento, sincero y sorprendente. Es un ser lleno de fuerza y energía que no se halla sujeto a las reglas de la socialización, esas reglas que todos los padres saben de sobra lo difíciles que son de inculcar a los hijos, por lo antinaturales. Hyde es un ser que causa desagrado en los demás porque es todo lo que los demás no pueden ser por culpa de (o gracias a) su socialización. Es un ser que siente miedo, y angustia, y ansiedad, y que es agresivo porque su entorno es hostil, lleno de falsedad, cinismo e hipocresía, que golpea “con la insensatez con que un niño enfermo puede romper un juguete.”

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Por supuesto, el elemento que marca la línea argumental principal de la novela es la separación de los dos extremos de la personalidad, el “positivo” y el “negativo”, para convertirse en individuos independientes; sin embargo, yo he encontrado la magia de la obra en otro lugar, un poco más escondido que el sitio donde se halla lo evidente. Y esto que a mí me ha cautivado no es otra cosa que la “lucha” entre las dos personalidades dominantes, la batalla entre los dos límites por hacerse con el control del cuerpo que las hospeda, una vez que la ruptura entre ambas quiebra el orden que existía en el carácter del doctor.

La pugna entre el bien y el mal, o mejor, entre lo aceptado y lo no aceptado socialmente, el fuego de la feroz batalla interna que a todos nos consume en alguna ocasión, cuando en sus avatares la vida nos pone frente a una encrucijada, cuando llegados a un punto en el que ya no basta con ir dejando pasar el tiempo para ver qué pasa se hace imprescindible tomar una decisión.

En estos casos, la contienda se produce dentro de nosotros mismos. En El Dr. Jekyll y Mr. Hyde, ocurre en las oscuras y depravadas calles del viejo Londres.

Esta novelita breve, escrita con el obsoleto estilo propio del siglo pasado, sencillo pero ricamente adornado, es otra de las que sin falta debemos desempolvar librándonos del peso de los prejuicios levantados por décadas, de nuevo, de malas adaptaciones cinematográficas, junto a la ya comentada Frankenstein o el moderno prometeo, de Mary W. Shelley.

Hay una enseñanza que me ha parecido ver en este cuento, algo como un aviso que se esconde entre sus páginas: tanto Jekyll como Hyde son parte de nosotros mismos, pero no podemos considerar a uno como bueno y al otro como malo; ambos son nuestros enemigos, y al mismo tiempo nuestros aliados; Hyde es nuestro instinto, lo que ya traíamos al nacer, mientras que Jekyll es lo aprendido a lo largo de la existencia. Ambos pueden ser buenos o malos, pero ambos son necesarios y, sobre todo, ambos deben “estar unidos”, lo que resulta imprescindible para ajustar, día a día, el balance de nuestras vidas.

Ah, y todos aquellos que hayan visto la historia en cine, recuerden una cosa: en El Dr. Jekyll y Mr. Hyde, la novela, no aparece ni una sola mujer como objetivo de los instintos básicos del monstruo.

© 2010 Luis Astolfi

Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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