LA CARRETERA, de John Hillcoat

 

por el taller, Alfred Alhmann

The roadLa habíamos visto en versión original, pero ahora se ha estrenado en España, como progresivamente se hará en todo el mundo, La carretera (The Road), del director australiano John Hillcoat, rodada hace algo más de un año. Es una adaptación fiel de la novela del mismo título de Cormac McCarthy, ganadora del prestigioso Premio Pulitzer de ficción en 2007 y del español Ignotus en 2009, con más de diez ediciones ya en castellano y más de cien mil copias vendidas. Su recaudación de taquilla en los Estados Unidos supera ya ampliamente su presupuesto de 26 millones de dólares.

The road

Los lectores de McCarthy, un especialista en westerns pesimistas, como lo bautizaron los intelectuales irlandeses y escoceses, aguardábamos con expectación esta película, que daría a conocer al público del mainstream una de las mejores novelas de ciencia ficción aparecida en lo que va de siglo.

La tierra permanece de George R. StewartPondría de actualidad, además, una de las mejores novelas del género de todos los tiempos, la inolvidable La Tierra permanece (Earth abides), de George R. Stewart, catedrático de Filología Inglesa en la Universidad de Berkeley, que en 1950 obtuvo el primer World Fantasy Award que se otorgó. Las dos están ambientadas en una negra América postapocalíptica y, a pesar de tan ilustre precedente, La carretera no nos ha defraudado, ni a nosotros ni a la crítica, que la ha destacado como un excelente filme.

La carretera y La Tierra permanece guardan una semejanza y lo que las diferencia no son los humanos -escribe Uribe-, sino la Tierra misma. En Earth abides la Tierra resiste, mejor que permanece, y lo que falla es la masa crítica de población capaz de sostener la civilización. A diferencia de The Road, cierto es que transcurre menos tiempo, los objetos funcionales pasan a ser míticos, lo que culmina en el antológico pasaje final en que el abuelo moribundo otorga un mudo testamento al entregar a uno de sus descendientes el martillo, que es ya sólo el símbolo del poder.

En La carretera, en cambio, la Tierra no resiste, falla como soporte vital del hombre, no hay sol, no hay luz, no hay fauna ni flora. Cuando el padre y el hijo penetran en una granja y encuentran ahorcados en el granero a sus dueños, la mujer y el marido se colgaron cuando dejó de haber cosechas y se comieron las últimas simientes. El testamento final va a ser no menos hermoso, pero muy distinto.

Novela y película ponen fin a un ciclo. Recientemente hemos leído y visto apocalipsis nucleares, de colisiones cósmicas, de virus y otros más, pero aquí, mientras que el colapso de la Tierra es absoluto, los autores -novelista, guionista y director- optan deliberadamente por no revelar su origen. También optan por no elegir a una pareja de científicos que saben todo cuanto se puede saber sobre lo ocurrido, sino a dos personas del montón que no saben nada, simplemente lo padecen todo.

Su acción se centra en la relación paterno-filial de los protagonistas principales, un Padre que intenta enseñar la “moralidad del ser humano” a su Hijo, nacido en el Viejo Mundo pero habitante del Nuevo, en un implacable peregrinar sin reposo en busca de los buenos:

“-Quedan pocos tipos buenos…
“-Pero, papá, ¿verdad que nosotros somos todavía tipos buenos?

John Hillcoat y Viggo MortesenHillcoat no es el director artesano de los estudios, sino el creador de películas tan conseguidas como The Proposition, con la que La carretera tiene puntos de contacto morales y de estilística cinematográfica. Y en ésta ha sabido captar y reflejar la cultura americana a través de los vestigios de ese mundo devastado, lo que constituye uno de los mayores  logros de la película, que debe su éxito a la profunda interacción, que se muestra bien visible en la pantalla, de todo su equipo artístico y técnico, además, por supuesto, del excelente punto de partida que supone la obra en que se basa.

Los detalles culturales yanquis son muy significativos, al igual que lo eran en la novela: el siempre en escena carro de la compra, la última lata de Coca-Cola del mundo que comparten el chico y su padre,  las banderas y las fotos que aún se distinguen en los arruinados edificios oficiales, la dicotomía Norte-Sur, el traspaso del gorro de la madre a su hijo, los “rednecks” ya degenerados como seres humanos, el terrible espejo de la suerte que sufre otra pareja de madre e hijo en la escena más dramática de la película y un largo etcétera.

Sin extrraterrestres ni naves espaciales, con un presupuesto dedicado a la dirección y el reparto, sin efectos especiales, se trata de una de las mejores películas de ciencia ficción que se han visto en el cine y también de una de las mejores interpretaciones. Y no sólo por el espléndido trabajo de Viggo Mortensen -¿cuándo se va a dar cuenta la Academia de Hollywood de que es uno de los actores con más tablas y matices de la pantalla?-, sino por todo el cast, que incluye actores que apenas necesitan pronunciar palabra. Son los antagonistas que dan auténtico miedo por el realismo que imprimen a sus personajes, una especie casi globalizada de las familias de las matanzas de Tejas de Tobe Hooper o Marcus Nispel. Mortensen, por cierto, interpretó a uno de estos familiares en la tercera entrega de la saga original.

La  carretera

Es una película equilibrada entre el relato intimista y el épico, que alterna momentos de gran melancolía y ternura con planos inquietantes hasta lo  aterrador, donde el trabajo del casi omnipresente Mortensen, estupendamente secundado por el del debutante de once años Kodi Smit-McPhee, lleva la batuta de la trama para dirigirla con credibilidad. Sólo por el visionado de la secuencia del testamento verbal del padre vale la pena ir al cine a ver la película.

El final, casi el final, es una escena impresionante. El hijo le dice a su padre que le había prometido que nunca lo dejaría solo y el padre le responde que así será, que siempre que lo desee podrá hablar con él. Cuando el chico se duerme, la cámara enfoca al padre con los ojos llenos de lágrimas y, cuando se despierta, ya ha muerto. Pero hablará con él. Cuando al final de todo, le dicen que rece a Dios, replica que prefiere hablar con su padre. Tras dejarlo muerto, se acerca a la orilla del mar con la pistola en la mano y nos deja por unos instantes con el corazón en un puño, pensando en lo que pueda hacer.

La impresionante fotografía, obra del español Javier Aguirresarobe, es un trabajo digno de análisis en las escuelas de cine. Fotografía y dirección artística son de las mejores que se han visto en una película de ciencia ficción. La fotografía es naturalmente en color, aunque el gríseo de la oscuridad permanente está tan conseguido que la visualizamos en la memoria en blanco y negro.

Ya hemos mencionado la fidelidad de la película a la novela, que es y no lo es. La cinta sigue la acción del libro hasta su conclusión misma y prácticamente plasma en celuloide todo cuanto se lee en sus páginas, aunque alguien echará de menos las imágenes del ejército con antorchas, pero la ternura que aparece en la pantalla no está presente en la novela de McCarthy, a pesar de la inspiración que para él supone la figura de su hijo.

Los mejores momentos de la película no son los tremendos de persecuciones y muertes desgarradoras, sino los más apacibles  que muestran esa ternura del padre para con su hijo:

“-Me estoy muriendo lentamente. Intento preparar al chico para cuando yo me vaya.”

The road de Cormac McCARTHYLa carretera de Hillcoat imprime mayor esperanza al futuro de la Humanidad que el libro de McCarthy. Además el personaje del viejo, que no podía ser otro que Robert Duvall, tiene aquí un nombre propio, Ely, aunque luego diga que no le pertenece, que es homófono del nombre del Dios véterotestamentario: Elí, Elí, lama sabactaní…. ¿Será una evocación del Dios que se dispone a morir como el viejo y a abandonar el mundo devastado?

Ely es el símbolo de un mundo que se fue de la manera en que el actor gesticula. Los detalles son abundantes y siempre bien traídos, nunca gratuitos. No dejéis escapar, por cierto, el guiño final al Ravenous de Antonia Bird.

Se dan en la película hermosas metáforas sobre el Océano que es nuestro mundo y que la novela no aprovechó con tantos matices, quizá porque, a diferencia de McCarthy, Hillcoat es un isleño. Los clásicos elementos de agua, tierra, aire y fuego se manejan de modo maestro, a más de que abundan en la película las coordenadas geográficas que faltan en el libro. Ahora bien, el hecho de que la acción se circunscriba a un solo ámbito para nada le resta universalidad, es la historia de todos los hombres y de toda la Tierra.

Se ha escrito mucho sobre sus escenas de canibalismo, que han producido más de un rechazo, en nuestra opinión inmerecido.

“-Nosotros nunca comeremos a nadie, ¿verdad, papá?
“-Naturalmente que no.
“-¿Ni aunque nos muriésemos de hambre?
“-Ya nos estamos muriendo de hambre, hijo.”

Es cierto que el hombre posee un instinto depredador, lo que es una de las razones de que se haya situado como especie dominante en la escala zoológica. Pero en las excavaciones arqueológicas de civilizaciones pretéritas a que nos entregamos -escribe Ahlmann-, hemos podido constatar que, al menos desde que existe memoria de ello, tras tremendos desastres ecológicos y espantosas hambrunas, el hombre optó por caminos distintos al de la antropofagia, aunque es cierto que nunca se dieron circunstancias tan extremas del futuro de La carretera, en que el canibalismo no es sino una solución desesperada a corto plazo, que no ofrece otro porvenir que el de retrasar un poco la propia extinción: no hay viveros, sólo despensas que pronto se agotarán. Hasta ahora, la Historia del Hombre es la historia de una evolución continuada hacia un estado mejor y no de un cúmulo cíclico de subidas y bajadas.

Last Ship de William BrinkleyDespués de leer la novela y ver la película, nos permitiríamos recomendar una serie de lecturas de postapocalípticos, el primero el citado La Tierra permanece, si es que no lo habéis leído ya. Después, el Cántico por Leibowitz, de Walter M. Miller jr., Barbagris, de Brian W. Aldiss, La gente del margen, de Orson Scott Card, la más reciente Riddley Walker (Dudo errante en Berenice), de Russell Hoban, y esa joya olvidada por la perestroika que es The Last Ship (La última nave, 1988), de William Brinkley, donde los únicos supervivientes de la Humanidad son los hombres y mujeres de un buque de superficie americano y un submarino ruso, con una brillante acción rematada por un protagonista sin nombre.

Alguien del taller oyó decir a un chaval al salir del cine: Abuelo, los tipos buenos tenían un perro, no se lo habían comido.

Había entendido la película mejor que algún adulto.

En cierto modo, queda vida después de la muerte.

© 2010 por el Taller, Alfred Alhmann

Alfred AlhmannAlfred Ahlmann, director de la misión arqueológica española en Turquía, es doctor en Historia, profesor universitario en España e imparte clases en algunas universidades extranjeras: domina varias lenguas. Además de numerosos trabajos profesionales, ha publicado también artículos del género. También comparte en este portal y con Augusto Uribe, la columna sobre los mundos ucronicos Al-Ghazali Al-Magribi.

 

 

 

 

La carretera
Título original              The Road
Dirección                    John Hillcoat
Producción                 Nick Wechsler,
Steve Schwartz y
Paula Mae Schwartz
Guión                        Joe Penhall basado en el libro de
Cormac McCarthy
Intérpretes                Viggo Mortensen, padre
Kodi Smit-McPhee, hijo
Charlize Theron, madre
Robert Duvall, viejo Ely
Michael K. Williams, ladrón
Guy Pearce, padre errante con su familia
Molly Parker, su esposa
Música                       Nick Cave y
                                Warren Ellis
Fotografía              
    Javier Aguirresarobe
Presupuesto               $ 25.000.000
Género                      ciencia ficción, postapocalíptico
USA, 2009, 111 minutos
Estreno en España     5 febrero 2010{/xtypo_rounded2}

Anuncios

Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
Esta entrada fue publicada en El Taller de Martin Quatermass y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s