LA COMPAÑÍA DEL TIEMPO. LA SERIE QUE YA NO SEGUIRÁ, por Kage Baker

Esta columna tiene mucho de recuerdo para Kage Baker, la escritora norteamericana que falleció el pasado 31 de enero, autora de la serie ucrónica La Compañía del Tiempo, compuesta por ocho volúmenes y un noveno a aparecer en este mismo año de 2010.

Kage BakerHabía nacido en 1952 en Hollywood, que fue para ella algo más que su lugar de nacimiento. La primera novela de la serie, la única traducida al castellano y seguramente la mejor, es In the Garden of Iden y en ella son constantes las alusiones al cine, empezando porque la lingua franca de los agentes de la Compañía es el “cine estánadar” y siguiendo por las numerosas citas de películas que hace. La novela no tiene nada de hard en el sentido habitual del hard de ciencia: es hard  de cine, hay que ser un cinéfilo experto para saber qué películas son reales y cuáles simples cameos ucrónicos.

Es más una novela de viajes en el tiempo que una ucronía propiamente dicha. Sus primeras páginas se ocupan de terribles interrogatorios de la Inquisición española, pero las siguientes presentan una Inglaterra preisabelina tanto o más tenebrosa que España, una oscura Inglaterra que la autora conocía bien, pues era una especialista en la era Tudor. Encierra ecos de la Pavana de Keith Roberts, con la que no sólo guarda semejanza en su lento desarrollo, sino que hay un pasaje en que la protagonista la elige como su danza preferida por su tempo reposado.

Esta protagonista es la agente Mendoza, botánica nacida en el siglo XVI cerca de Santiago de Compostela, que, a los cuatro o cinco años fue salvada de las garras de la Inquisición por el veterano agente Joseph, que apreció en ella grandes cualidades. Después fue educada y entrenada para desempeñar su primera misión en la Inglaterra de María Tudor, casada con Felipe II, lo que permitía la presencia de españoles católicos en la isla.

La trama de la serie arranca de la existencia de la poderosa multinacional Dr. Zeus S.A., que crea una organización de científicos y hombres de negocios en un siglo XXIV con graves problemas ecológicos, que casi no faltan nunca en la literatura de ciencia ficción finisecular del XX y primisecular del XXI. Su fin es la explotación de dos descubrimientos extraordinarios, la máquina del tiempo y la inmortalidad. Su propósito declarado es contribuir al bienestar de la Humanidad, ganando de paso la mayor cantidad de dinero  posible, si es que el maquiavélico Dr. Zeus no busca además algún otro lucro oculto.

in the garden of idenLa máquina sólo permite desplazarse al pasado y regresar sin traer nada de él ni alterar la Historia registrada. No se puede evitar el incendio de la Biblioteca de Alejandría, pero sí adelantarse para microfilmar sus fondos y depositarlos en un sitio de dónde los sacará después la Compañía. El proceso de inmortalización, por su parte, sólo funciona bien en niños chicos que se convierten de por vida en cyborgs, lo que explica que los hombres del siglo XXIV no se perezcan por volver inmortales a sus hijos. Estos cyborgs tienen una debilidad, el chocolate.

Una cosa poco comentada es que en la novela se habla del antiguo culto al Gran Carnero, “que atrasó el progreso en diez mil años y estuvo a punto de exterminar a la Humanidad”, porque mataban a quienes no practicaban el culto. Una novela de ciencia ficción propone así una explicación científica a la muy escasa presencia de yacimientos y cuevas con restos en el Paleolítico Superior, en comparación con períodos anteriores.

Hemos ido demasiado lejos. Bajo la personalidad de Dª Rosa Anzolabéjar, en 1553 Mendoza va a recoger raros ejemplares de plantas extintas con propiedades anticancerígenas en un jardín de la siniestra Inglaterra que es propiedad del coleccionista sir Walter Iden. A pesar de las advertencias de Joseph sobre lo peligrosas que resultan las relaciones entre mortales e inmortales, Mendoza se entrega en brazos de Nicholas Harpole, el secretario del aristócrata, hombre de ideas religiosas extremadas. El final es agridulce.

 

Los Mortales siempre creen que están viviendo los Tiempos Modernos. Aprueban esas leyes tan humanitarias y entonces ocurre algo: hay una crisis económica o la ciencia hace algún descubrimiento que no son capaces de asimilar. Y, pum, vuelta a matar judíos…

 

La historia está escrita en un inglés isabelino que contribuye a recrear con sabor una época. Y, salvo el principio y el final, las páginas tienen más de disputas religiosas y enredos amorosos que de búsqueda del deseado ilex tormentosum.

Vino a continuación Coyote celeste, que se desarrolla en el territorio que en el futuro será California, cuando los cyborgs se disponen a festejar el paso del año 1699 al 1700. Es una historia narrada por Joseph, del que averiguamos cómo fue reclutado y lo que ha hecho a lo largo de miles de años.

La nueva misión consiste en ponerse de acuerdo con el pueblo de los indios chumash para que se desplacen antes de la llegada del hombre blanco, a fin de preservar su cultura. Los indios son muy inteligentes, poseen un sistema económico con moneda, tienen sindicatos y una visión racional del mundo. Hacen caso de un Joseph al que se han acomodado prótesis que lo asemejan al “Coyote”, uno de los dioses de su mitología

Dada la importancia de la misión colaboran en ella  inmortales y mortales llegados del siglo XXIV para supervisar las operaciones. Mientras los primeros gozan de una experiencia de siglos, lo que los vuelve un poco cínicos, los segundos están menos instruidos y peor preparados. Como además son vegetarianos, absolutamente no violentos y poco amigos de que les lleven la contraria, se suceden los conflictos entre ellos.

Un año más tarde llegó Mendoza en Hollywood, donde ésta ha de prestar testimonio por la muerte de siete personas. En 1862, lo que después será Hollywood no es sino unas pocas casas cruzadas por caminos de tierra. Allí están destacados Mendoza, Porfirio, el encargado de la seguridad y las cuestiones técnicas, Einar, un zoólogo amante del cine mudo, Oscar, un antropólogo  que hace de vendedor ambulante y la también antropóloga Imarte, que ejerce la prostitución, el uno para oír a las gentes del lugar, la otra para escuchar las confidencias de sus clientes. Nos vamos enterando de cómo viven, trabajan y se divierten los agentes, a más de algún detalle nuevo sobre la Compañía.

Como se lucha no lejos en la Guerra de Secesión, tenemos ocasión de asistir a algunas intrigas de mortales, como la de quienes intentan que los británicos recuperen California. Y se suceden las aventuras de los inmortales, como la de Mendoza y Einar, que exploran una zona “extraña” y son proyectados hasta 1996, un desplazamiento al futuro supuestamente imposible. O un Porfirio que, vulnerando todas las reglas, mantiene lazos con su familia primitiva y protege a sus parientes a lo largo de los siglos.

En el último capítulo una sequía agosta la flora. Los cyborgs parten y  Mendoza se queda sola en el albergue. Recibe entonces la vista de un hombre que es un doble de su amado Nicholas, al que en trescientos años no ha podido olvidar, y vuelve a dejarse seducir por él, siguiéndolo hasta esas siete muertes en un tiempo y un lugar en que se mata por muy poco.

la cia del tiempo 2La serie se va haciendo un tanto pesante, sobre todo si se pretende leerla de un tirón, mas al año siguiente llegó el cuarto título, El juego del cementerio, cuya acción tiene lugar en parte en el futuro. El inmortal Lewis, que ama en secreto a Mendoza, se pone de acuerdo con Joseph para ir a buscarla en ese 1996 al que se había visto proyectada, intentando de paso averiguar qué sucede con los cyborgs que dejan de ser útiles a la Compañía y que desaparecen sin que nadie vuelve a saber nada de ellos. Uno es Budu, el que reclutó a Joseph.

A lo largo de más de tres siglos recorren Francia, Inglaterra y los Estados Unidos del porvenir, en los que California ha devenido una república independiente: la ucronía deja paso a la anticipación. Por encima de dónde está Budu o quiénes eran realmente Nicholas y su doble, planea la incógnita de las verdaderas motivaciones de la Compañía y lo que sucederá tras el 2355 en que termina la misión colectiva de sus agentes.

Pero no sólo no se despejan las dudas sino que surgen otras nuevas de carácter misterioso, como la posible existencia de unos seres siniestros de tecnología superior a la de la Compañía. Los cyborgs se espían y se traicionan entre sí y Joseph y Lewis descubren secretos que ponen en peligro sus vidas.

Da la impresión de que la autora concibió una idea para la primera novela y luego la fue complicando, pasando a la vez de un futuro optimista a otro pesimista. Por más que se han hecho descubrimientos importantes en el campo de la fusión fría y la antigravedad, ha seguido habiendo guerras, epidemias y catástrofes naturales. Y por lo que respecta a las costumbres, a veces se han exagerado hasta lo ridículo, como la prohibición que existe en determinados países de consumir leche o carne en virtud de los derechos de los animales.

© 2010 Augusto Uribe y Alfred Ahlmann

 

Kage, Baker. 1: La Compañía del Tiempo (In the Garden of Iden, 1997), La Factoría de Ideas, Madrid, Solaris Ficción nº 31, 2003, trad. Manuel María Álvarez-Santullano, rúst., 325 pp. 2: Sky Coyote (1999). 3: Mendoza in Hollywood (2000). 4: The Graveyard Game (2001).

 

uribe01Augusto Uribe es doctor en una ingeniería, periodista y tiene otros estudios; ya jubilado, es presidente de una sociedad de estudios financieros. Ha ganado varios premios Ignotus y ha publicado en libros y revistas como el antiguo BEM o Nueva Dimensión, que lo tuvo por su primer colaborador.

 

 

 

alfredahlmannAlfred Ahlmann, director de la misión arqueológica española en Turquía, es doctor en Historia, profesor universitario en España e imparte clases en algunas universidades extranjeras: domina varias lenguas. Además de numerosos trabajos profesionales, ha publicado también artículos del género.

 

 

 

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