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NEAR DARK. de Kathryn Bigelow

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Lo más próximo a la realidad de los vampiros

por el Taller, Alfred Alhmann

 

En un pequeño pueblo de Oklahoma, una noche Caleb Colton (Adrian Pasdar) encuentra a Mae (Jenny Wright), una atractiva joven vagabunda. Justo antes del alba ella lo muerde en el cuello y, a la salida del sol, él siente que su carne arde. Lo conduce entonces a una caravana en la que viaja un pequeño grupo, lo que llamaríamos un núcleo familiar, pero de vampiros.

El más cruel de ellos, el sociópata Severen (Bill Paxton) pretende matarlo de inmediato, pero Mae le revela que ya lo ha mordido para convertido en uno de los suyos. Su carismático líder es Jesse Hooker (Lance Henriksen), un vampiro que proviene de la guerra civil americana y que accede con desgana a que pase una semana con ellos y demuestre que es capaz de cazar y matar como un miembro más del grupo.

Así se inicia la acción de la película Near Dark,  estrenada en España como Los viajeros de la noche y en Francia con el poético título de En las fronteras del alba. Es en Italia donde mejor se ha respetado el título original, al verterlo como El oscuro se acerca.

K. Bigelow

Se trata del segundo largometraje de Kathryn Bigelow, quien, a sus más que bien llevados 58 años, sólo ha dirigido ocho. El primero fue The Loveless, en 1981, que no alcanzó demasiado eco. Como curiosidad, su protagonista fue un entonces desconocido Willem Dafoe, el único vampiro nominado por un papel de esta condición.

Es una película que fascina a Ahlmann más allá de cuanto pueda explicar, la recuerda como una de las que le dejó mejor sabor de boca cuando la vio y, ciertamente, la tiene por el mejor filme de vampiros desde el mítico Nosferatu de Herzog de 1979. Atrás deja también las meritorias aportaciones de la Hammer y el excelente Drácula de John Badham de 1981.

Es realmente una obra maestra, a la que se ha llamado lírica serie B de Kathryn Bigelow, que ha sobrevivido al paso de los años. Es un filme culto y hoy invisible fuera del DVD, que, tras haber causado sensación en varios festivales, conoció una carrera sólo discreta en las salas comerciales. Y en la década de los 90 desapareció cuando las películas fantásticas conocieron su genocidio.

Jenny Wright

El tiempo ha sido cruel con los clásicos cultos de los 80, pero Near Dark lo ha resistido. Es una lucha entre los recuerdos y el año 2010, entre el corazón y la objetividad. Se sienta uno en su sillón ante su DVD y se deja penetrar en el antro de las tinieblas, un universo en el que nunca antes ha penetrado nadie, preguntándose, todo lo más, si el paso del tiempo lo ha resistido mejor Jenny Wright o Tangerine Dream.

Es lírica porque su construcción dramática es una sucesión de escenas fuertes, encadenadas las unas a las otras con la ayuda de escenas intimistas, como las que tienen que ver con los padres del héroe, mejor el antihéroe Caleb Colton, escenas que nunca son falsas, sino al contrario.

Y es serie B en el sentido de que, en los 80, incluso las películas de serie A se rodaban como si fueran serie B, pero lo que Bigelow llevó a la pantalla fue una serie B tan perfecta que sobrepasa sus límites, sin gratuidades, sin tiempos muertos, con un ritmo constante desde la primera hasta la última escena.

Encuadres bien construidos, soluciones formales que sugieren una gran sensibilidad por el espacio y el movimiento y que preanuncian el largometraje siguiente de la directora, Pointbreak, con escenas tan inolvidables como la masacre de toda la clientela de un bar en medio de la nada al son de un juke-box.

Muy deliberadamente, Bigelow escoge explicar poco, nunca decir mucho, en una época en que hacerlo así estaba excluido del cine. ¡Cuántas películas de entonces no habrían sido mejores sin tanta cháchara! Aquí henos de agradecer que Near Dark nos tome por seres sensibles e inteligentes.

Si se dice, como se ha dicho, que es un western de vampiros y, aún, una de las mejores películas de horror contemporáneo, con grandes dosis de tensión y suspense, no se le hace justicia bastante. Es un western, sí, en el que un grupo de vampiros modernos recorre en caravanas o furgonetas con los cristales oscurecidos, para filtrar los rayos del sol, las interminables carreteras solitarias del Medio Oeste, saltando en perpetuo movimiento de ciudad en ciudad de Tejas, Arizona u Oklahoma en busca de nuevas víctimas, lo que no deja de evocar los serial-killers que vendrían después.

Un western diurno en que las nubes de polvo de la arena del desierto y los paisanos de los tranquilos lugares de una pacífica América dan paso a un western nocturno, de frías luces de neón, bares de carretera, moteles y áreas de servicio. Es todo un hallazgo el de estos vampiros nómadas, que dan lugar a la primera road-movie del género llevada a la pantalla.

Los vampiros, por su parte, son unos marginados sociales, desaliñados errabundos que visten vaqueros y ajadas chaquetas de cuero y no los elegantes atuendos aristocráticos de los vampiros convencionales. A primera vista, a lo que más se asemejan es a una pandilla de gamberros. Nunca sufren transformaciones animales, mantienen siempre su forma humana y ni siquiera vuelan, andan a pie o conducen los vehículos robados a sus víctimas.

Se presentan como violentos seres amorales a los que no preocupa su destino, viviendo a gusto con él y disfrutando en sus aventuras de todos los placeres posibles sin el menor remordimiento. Mas, cuando avanza la película, se ve que no es así. La maldición de su eternidad los atormenta y por eso buscan desesperadamente una pareja con que atravesarla, Mae con Caleb, Jesse Hooker con Diamondback.

Mae es una terrible dueña de la noche, a la vez felina y frágil, con una mirada soñadora que te conmueve cada vez que la enfoca la cámara. La relación entre Jesse y Diamondback es a la vez animal y delicada. Severen es brutal y el pequeño Homer inquietante.

Es un filme carente de la parafernalia que suele acompañar al género, no hay crucifijos ni hostias consagradas, no hay agua bendita ni ajos, sólo hay sed, sol, inmortalidad y miedo, sin el folklore de una imaginería seudorreligiosa. Su mitología es moderna, la mitología del western.

Es un filme que trata a la vez de la alegría de ser humano y del comercio de lo inhumano, lo que hace ver con sólo unos pocos planos mudos. El sufrimiento físico es bien visible, nunca divertido, y el sufrimiento moral del miedo nace de la soledad. Aunque menos visible, está omnipresente y se instala en la cinta gracias a un reparto que no está integrado por los mejores actores de Hollywood, pero donde todos representan su papel a la perfección.

Todo hay que decirlo, no falta la ironía, que acompaña la trama hasta su culminación. Quizá se muestre mejor que nunca en un happy end que más de uno calificará de acaramelado, quizá mientras se le escapa una lágrima contenida.

Hay quienes, como su propio productor, Brad Fuller, que piensan que el mito de la serie Crepúsculo parte de la misma premisa que el de Near Dark, pero el resultado es muy distinto y gana la segunda por muchos enteros. Más de un aficionado no se tragaba la integración social de los vampiros en aquélla, la franquicia nacida de la pluma de Stephenie Meyer.

Se nota en Near Dark el gran pulso de la dirección de Bigelow, con buena parte de sus logros centrados en una triple conjunción de factores, casting, guión y música. Del reparto ya hemos hablado y no sólo es acertada la elección de la pareja protagonista, con una espléndida Jenny Wright que hace el papel de su vida como Mae, sino el de todos los vampiros errantes, con un gran Lance Henriksen a la cabeza.

El guión está compartido por la propia directora y Eric Red, especialista en thrillers road-movies de los que cabe destacar The Hitcher (El autoestopista), al que un día esperamos dedicar toda una página en el Taller.

Tangerine Dream

El grupo berlinés Tangerine Dream es el responsable de la música “planeadora” de la película, que firma una de sus mejores producciones para un filme USA. Son varios los temas que dan realce a las imágenes y, cuando escuchas el excelente vinilo que editó Varese Sarabande, su sonido es evocador.

Otra secuencia excepcional -ya hemos hablado de la masacre en el bar- es la que recoge la escena en que los errantes y el protagonista a prueba se ven atrapados en un motel de Tejas y han de enfrentarse a la policía a plena luz del día. No duelen las balas, sino los orificios causados por ellas por donde penetran los rayos del sol, que se resuelve con la salida a cámara lenta del protagonista, con unas imágenes que habría firmado el mismísimo Sam Peckipah.

Directora y guionista imaginaron en principio el rodaje de un original western y fueron las exigencias para obtener un crédito -el presupuesto de la cinta fue de 5 millones de dólares- las que los llevaron a introducirse también en el terror.

La trama contiene poesía y desgarro, ya lo hemos dicho, con dos historias de amor entre los vampiros, aunque entremezclados con escenas de gran violencia, siempre justificadas y enmarcadas dentro de la elegancia del estilo. Una violencia a la manera de la que se vería después en Acero Azul (1990) y Le llaman Bodhi, un título oportunista hasta lo ridículo para Breakpoint, el siguiente largometraje de Bigelow. Parece como si el grupo cerrado de colegas fuera la constante de la directora oriunda del californiano San Carlos.

La película brilló en el Festival de París, obtuvo el segundo premio, el Cuervo de Plata, del Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas y supuso para Kathryn Bigelow su primera nominación en el Certamen estadounidense Saturn Award to Best Direction, un galardón que le arrebató Paul Verhoeven por Robocop. Justo el año anterior se lo llevó el que era entonces su marido, James Cameron, por Aliens, de quien ahora se acaba de tomar cumplida venganza en los Oscar con su otra obra maestra, The Hurt Locker (En Tierra hostil), frente a Avatar.

En la prestigiosa web de aficionados Rotten Tomatoes, Near Dark figura entre las 50 mejores películas de terror de todos los tiempos, aunque en un puesto que a Ahlmann le parece que debiera ser más alto.

© 2010 por el Taller, Alfred Alhmann

Ficha técnica

Título                           Los viajeros de la noche
Título original            Near Dark
Dirección                     Kathryn Bigelow
Producción                  Steven-Charles Jafe
Guión                           Eric Red y Kathryn Bigelow
Intérpretes                  Adrian Pasdar (Caleb Colton), Jenny Wright (Mae), Lance Henriksen (Jesse Hooker), Bill Paxton (Severen), Jenette Goldstein (Diamondback), Joshua Miller (Homer), Tim Thomerson (Loy Colton, padre de Caleb), Marcie Leeds (Sarah Colton, madre de Caleb)
Música                          Tangerine Dream
Fotografía                     Adam Greenberg
Presupuesto                 US$.5.000.000
Género                          Fantástico, western de vampiros
                                       USA, 1987, 95 minutos
Estreno en España     Primavera de 1988

 

Alfred Ahlmann, director de la misión arqueológica española en Turquía, es doctor en Historia, profesor universitario en España e imparte clases en algunas universidades extranjeras: domina varias lenguas. Además de numerosos trabajos profesionales, ha publicado también artículos del género. También comparte en este portal y con Augusto Uribe, la columna sobre los mundos ucronicos Al-Ghazali Al-Magribi.

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