EL ESTRENO, de Armando Rosselot

 

Fue una noche espectacular. Esperada por todos y, por fin, había llegado.

Entramos al gran estreno; todo el mudo sonriente y bien vestido. Compramos los chocolates y las palomitas, alguno que otro gastó su dinero en hotdogs o donuts.

María y yo sólo estábamos preocupados por encontrar una buena ubicación.

Esperamos varios interminables minutos hasta que la música comenzó a sonar y las luces fueron perdiendo intensidad y sólo quedó la luz de la enorme pantalla, que ahora cubría todo el horizonte. Los colores llenaron el espacio con holgura mientras las notas musicales brotaban en total condescendencia con las nacientes imágenes.

Ahí estaban Humprey Bogart y Bruce Willis, distendidos en una brumosa cantina, entre hombres rudos y mujeres de mala vida. De pronto, Harrison Ford, entró batiendo un gran látigo atacando a Bogart, pero no contaba con la rapidez de Willis y la vertiginosa acción de Errol Flynn, gran espadachín, con lo cual la riña tomó ribetes realmente, increíbles; mientras las sensuales mujeres de los caballeros que peleaban: Sofía Loren, Vivian Leight y Samantha Cordobés, cubrían sus hermosos rostros, víctimas del miedo de ver a sus amados en tan mortal gresca.

María, tomó mi brazo.

—Necesito algo de beber —dijo—, pero no te preocupes. Esperaremos a que venga una parte lenta y me buscas una bebida.
Nunca hubo una parte lenta en la película.

Los diálogos eran absorbentes, bien hilvanados, muchas veces cargados de un incipiente pero lúcido sarcasmo. Las dos horas y media transcurrieron mucho más rápido de lo que mi mente hubiese creído normal.

Vimos morir a Ford y a Bogart en una escena repleta de valor y realismo, a Flynn llorando la muerte de su ex amada Sara, magistralmente interpretada por Julia Roberts. El final, sublime, y maravillosa la declaración final de Orson Welles en contra del ya agonizante bandido, encarnado sólidamente por Steve McQueen.

Las luces se encendieron de repente, casi un insulto para el estado emocional en el que nos habíamos sumergido. llegando hasta lo más profundo. Nos bajamos de la cama—butaca, no sin cierta dificultad, salimos lentamente y María compró dos Cocacolas. Tomó mi brazo y nos fuimos comentando la película calle arriba.

Las lunas estaban llenas y el cielo mostraba las escasas estrellas que teníamos sobre nosotros. Realmente era una noche maravillosa. Y estar junto a María era lo mejor que me podía suceder.

Al llegar al parque, que estaba frente al lugar de María, la besé largamente, casi como lo habían hecho Julia Roberts y Errol Flynn en una escena magistral de la película; sentí su aliento tan real como su delgado y frágil cuerpo, y en un momento creí que era la pieza que faltaba para completar un gran nuevo ser.

—Te quiero —me dijo.

—Y yo a ti —contesté, mientras le sonreía, con esa sonrisa que siempre le entregaba al despedirnos.

Caminamos lentamente hasta la entrada. Abrió con cuidado la gruesa puerta de roble y entró.

Ahí estaba Freddy Krugger, quien la tomó furiosamente, sacándola de mi lado. No tuve miedo.

Para el estreno anterior quien partió salvajemente en dos a mi amada María había sido la Momia.

Corrí, como siempre, hacia la plaza, sabiendo que en cualquier momento un hombre lobo, un zombi, un vampiro, o cualquier otro monstruo tomaría toda mi vida y me enviaría a los tenebrosos archivos una vez más.

No sucedió nunca. Algo falló. Y hasta hoy no he logrado saber que ha sido.

Estoy solo, en un lugar sin cielo ni tierra, ni ruido, ni otros como yo. Esperando y esperando un nuevo estreno que haga que mi vida y la de María fluyan de nuevo hacia este lugar.

Aunque sólo sea por algo más de dos horas y media.

© Armando Rosselot 2010

Puede leer aqui la entrevista que realizó a este autor Sergio Gaut vel hartman

 

 

armando1Armando Rosselot es un escritor chileno de 42 años que está casado, tiene dos hijos y reside en la capital de su país, Santiago. Amante de todo lo que no sea obvio y huela a mercado, prefiere el arte a los negocios y otras cosas por el estilo. Ha publicado textos en sitios como NGC 3660, Aurora Bitzine, Tauzero, Axxón y Alfa Eridiani y blogs como Ráfagas, parpadeos y Químicamente impuro. En papel tiene un texto (“La buena suerte”), en el Especial Asimov de libro Andrómeda, otro en la antología chilena TXT (“Los niños se aburren por la tarde”), cuento que se repitió en una de las compilaciones del grupo Poliedro, donde también aparecieron “Corazón de melón”, “El informe 5002”, “El encuentro”, “La buena suerte” y “Madejas”. Esta intensa actividad se ha visto coronada por la publicación de la novela Te llamarás Konnalef  (Editorial Forja, 2009), y por la futura aparición del libro de cuentos El triturador de cabezas, programado por Ediciones Andrómeda de Buenos Aires para el segundo semestre de 2010.

 

Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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