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ALMAS PERDIDAS, por Ricard de la Casa

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ALMAS PERDIDAS

Ricard de la Casa

ilustrado por Antoni Garcés

 

Presentación

“Almas perdidas” apareció en el Cyberpaís en febrero de 2001, cuando, y durante un tiempo, Cyberpaís fue una revista separada del diario El País y no un suplemento como al principio. La génesis fue, para mí, una idea ya vieja en el tiempo y explorada por otros muchos escritores, el quedarse enganchado al mundo virtual sin ningún deseo de regresar a la realidad. También lo fue las 12 primeras líneas, escritas y guardadas en una carpeta de mi ordenador a la espera de saber para qué servirían.

 

 

-¿Dónde estoy?
-Donde estamos.
-¿Dónde estamos?
-No lo sé. Averígualo.
-Esto es un asco.
-Sí, lo sé.
-¿Por qué tengo que averiguarlo?
-Fuiste tú quien preguntó. Empieza.
-¿Cómo?
-Empieza por el principio.
-¿Me estoy volviendo loco?
-¿Es ese el principio? Bueno, es una posibilidad, pero no, no te estas volviendo loco, sólo estas confuso. Empieza. ¿Quién eres?
-¡Dios mío! ¿Quién soy?
-Y vuelta… Piensa un poco. Mira a tu alrededor. Ni siquiera se te ha ocurrido abrir los ojos. Hay mucha información que puede ayudar a situarte.
Pedro abrió los ojos. En realidad no levantó los párpados, aunque esa fue la orden que envió su cerebro. El paisaje apareció en todo su esplendor. 360 grados completos, una imagen esférica. Los colores no coincidían con sus recuerdos, eran demasiado opacos. El lugar menos, nunca había visto nada parecido. Había una luz difusa que no venía de ninguna parte. Rayas, no, columnas. Tuvo una inspiración.
-Ya sé. Me he muerto…
-Si estuvieras muerto, no podrías hablar, no podrías oír, no podrías ver…
-Únicamente si estuviera muerto podría saberlo con seguridad. Así que si lo sé, como parece, con seguridad, es que estoy muerto, pero la conciencia de mi estado se contradice con lo que mis sentidos reciben, por lo cual no estoy muerto, pero…
-Vale. Ya veo que has conseguido empezar a razonar con lógica difusa. Eso ya es un paso y demuestra que algo funciona bien en ti.
-Entonces… ¿algo iba mal?
-Si. ¿No te acuerdas?
-No.
-Venga, volvamos al principio. ¿Quién eres? ¿Dónde estamos?
-No lo sé.
-Eso no es una respuesta. Piensa, mira a tu alrededor, ponte en movimiento, haz algo.
-¿Por qué no me ayudas? Pareces saberlo todo sobre mí.
-No estoy aquí para guiarte, sino para encontrarte.
-Muy amable, pero no lo entiendo.
-Créeme, lo entenderás.
-¿Quién eres?
-Llámame Sara.

 

-Tu voz no suena como una mujer.
-Claro. Averigua por qué.
-No lo entiendo.
-Tranquilo. Ponte en movimiento. Haz algo. Muévete. José Luis, el supervisor, se está impacientando.
-Hola José Luis.
No hubo respuesta.
-¿Que ocurre, por qué no responde?
-Las cosas, afuera, van algo más despacio. Ya te acostumbraras.
-Hola -dijo José Luis al fin.
-¿Por qué sois tan parcos?
-Para no darte información. Tienes que encontrarla tú.
-Pero no puedo averiguar nada. No recuerdo nada. El lugar donde estoy no me proporciona pistas.
-Pero sí puedes recordar lo que te dije antes ¿no?
La conversación volvió a él completamente, con todos los matices, tono, volumen, como si fuera una reproducción.
-Si. Es curioso, lo recuerdo todo al pie de la letra, sin esfuerzo.
-Pues eso.
-¿Y cómo lo hago?
-Piensa que lo haces.
Pedro se movió hacia adelante, a medida que avanzaba, la niebla y las columnas se movieron hacia él con mucha rapidez. El paisaje cambio, se difuminada por el lugar del que se alejaba. Se formaba justo delante. El lugar le resultó familiar. Pensó en una habitación concreta. Llegó a ella.
Amplios ventanales con pequeños vidrios enmarcados por finas tiras de madera. Una cama, vetusta pero limpia. El suelo parecía extrañamente liso, las paredes desnudas. Se movió hacia una de las ventanas. Afuera todo era normal. Un jardín, una calle silenciosa sin gente, sin vehículos, incluso sin brisa. Todo era demasiado artificial.
-Ésta es mi casa, mi vieja casa en Santiago -comentó Pedro.
-Bien. Ya es algo.
-Pero no es real. Es mi imaginación ¿si?
-Vas por buen camino.
-Estamos en la Urdimbre
-Premio.
-Así que nos estamos moviendo por lo que llaman el ciberespacio. Por lo tanto ambos estamos enlazados y por eso José Luis tarda tanto en responder.
-Sigue.
Hubo una pausa.
-¿Soy una Sombra no? –la voz era apagada, había perdido la vitalidad-. Estas buscando a mi par
Sara no podía mentir.
-Si.
El paisaje tembló como si atravesara una termoclina y desapareció.
-¿Te importa si seguimos un poco más? -dijo Pedro.
-No. La verdad es que me aburría en ese paisaje.
No hubo sensación de movimiento, pero Sara supo, al participar de los actos de Pedro, que este se movía deprisa por los canales.
Al saber donde estaban, Pedro se movió con mayor seguridad. Estaban en la Urdimbre, las vías por las que circulaba toda la información en el ciberespacio. Tras pasar por circupuntos de seguridad planetaria, saltaron por canales militares a la Luna y salieron al Circunvalón. Sobrepasaron una imagen del Kilimanjaro con la cumbre nevada. Un poco más allá un modesto castillo hizo su aparición y se desvaneció. Sin solución de continuidad estaban frente a un enorme dragón verde con escamas doradas, inmóviles. Su boca, negra, era la puerta. Era el parque de AntraZ.

 

-Creo que este es nuestro destino, aquí está el avatar que buscas – dijo Pedro.
Sara calló, la eficacia de la Sombra era limitada, pero su sentido natural la hacía derivar hacia su par, sólo que entrar en AntraZ no era fácil. Lo intentaron.
-¿Has notado esa luz? -preguntó Pedro.
-¿Qué luz? –Sara no había percibido nada.
Antes de que respondiera, la luz volvió. Esta vez mucho más fuerte, casi flamígera. Esta vez ella lo noto.
-¿Tiene esto algo que ver con nosotros?
-Si, claro –respondió Sara, su mente insinuó una sonrisa. No entraba cualquiera en AntraZ
El flash se hizo cada vez más insistente y cegador. De nada servía cerrar los ojos, la luz saturaba todo el espectro e incluso producía quemaduras.
Sara creó una protección contra la luz. Todo se volvió negro. El Dragón, algo difuminado, seguía allí.
-Quiero entrar –dijo Pedro mirando hacia la boca.
AntraZ era un parque privado. Las leyes que lo regían no eran las corporativas del Circunvalón. Sara lo sabía, pero la Sombra no. El parque sólo permitía la entrada a mentes brillantes o a quien tuviera algo que ofrecer al resto de invitados. Los precios ni siquiera existían. Sólo los invitados o quien descifraba las claves tenía acceso. Era uno de los muchos lugares cerrados del Circunvalón.
-Pues adelante.
Se movieron de nuevo velozmente hacia el Dragón, pero este parecía retroceder a la misma velocidad. Empezaron a ser bombardeados por picos sónicos. La barrera negra osciló levemente y desapareció. Tras el breve descanso, la luz volvió con mayor ímpetu. Esta vez fue Pedro quien creó una esfera de negra protección a su alrededor, ésta aún tardó menos en ser destruida.
-Parece que quien no desea que entremos aprende rápido también -comentó con un cierto tono de sarcasmo Pedro.
De repente todo se volvió gris y empezaron a deslizarse por tonalidades diferentes. Pedro había creado una nueva barrera.
-Mejor no me interrogues -se adelantó Pedro a la pregunta de Sara.
La sensación de velocidad se amortiguó completamente.
Pedro informó.
-Algo ha creado un campo denso. Apenas podemos avanzar. Me imagino que lo hacen para estudiar nuestra barrera y hacerla saltar antes de que… ¿entremos?
-Si -respondió Sara, intranquila.
Volvieron a acelerar.
-Yo también aprendo de sus trucos –comentó Pedro.
Las fauces del Dragón estaban frente a ellos, distorsionadas pero bellas; colmillos, lengua bífida, músculos tensos, goteante humedad…
De repente estaban dentro. El Dragón había desaparecido. Un parque lleno de hayas y olivos, algún abedul. Caminos que parecían no llevar a ninguna parte, serpenteaban desde la Glorieta en la que estaban ambos sentados frente a frente, perdiéndose en el bosque. Finalmente Sara pudo mirar a Pedro, este había recuperado la imagen de su cuerpo, la Colmena de AntraZ se preocupaba de todos los detalles. Los ojos de Pedro brillaban de forma extraña. Incluso le colgaban sus ridículas gafas, ahora innecesarias.
-Sabía que vendrías.
Sara se dio cuenta de que la Sombra de Pedro había sido absorbida por su avatar, una vez que había cumplido su objetivo.
-Yo también me alegro –respondió Sara a la pregunta no formulada pero que estaba implícita en la afirmación -, me alegro que la Sombra que creé para localizarte haya sido absorbida, era muy limitada.
-Para eso se crean ¿no? –dijo Pedro-. Siento que haya tenido que ser así. Se te ve tan hermosa como siempre. AntraZ sabe hacer las cosas bien, por eso lo escogí. Aquí es donde quiero permanecer.
El avatar de Sara lucía una cabellera negra azabache, los ojos eran exactamente como los reales, dos pozos de negritud inmensa.
-Sabes por qué estoy aquí. Es mi trabajo. La discusión que tuvimos no es motivo para huir. He venido a buscarte y por Buda que vendrás conmigo de vuelta.
Pedro la miró sin responder. Dejó pasar el tiempo.
-Demos un paseo –dijo al fin.
Bajaron de la Glorieta y tomaron uno de los caminos. Aunque caminaban, el suelo parecía deslizarse más rápido de lo que sus pasos avanzaban. Mansiones de diverso tamaño aparecían cada vez más a menudo. Se cruzaron con otros avatares, ninguno les dedicó una segunda mirada.
-No voy a volver. Es más, quiero que te quedes aquí conmigo. He hablado con AntraZ y estás invitada.
-No lo entiendo, eres un creador de cibermundos. Sabes lo que hay detrás de cada byte, nada supera la realidad. La Urdimbre es necesaria, pero Circunvalón y todos sus mundos, son únicamente un trabajo.
La voz de Sara permanecía tranquila, aunque se esforzaba en que sus emociones no se reflejaran en su avatar. Era su trabajo. Ella había rescatado mucha gente, pero cada día había más humanos que decidían no regresar al mundo real. Más y más personas dejaban sus cuerpos colgados de la Urdimbre, alimentados y cuidados por empresas especializadas. Eran esas mismas empresas las que habían montado el servicio de rescate de las que Sara formaba parte. Algunos se sentían atraídos sin más y era fácil traerlos de vuelta, pero Pedro no sólo era programador inteligente, ambos habían firmado un contrato de matrimonio de cinco años renovable. Sara no podía utilizar las técnicas habituales.
-Sabes que no es cierto –respondió Pedro-. AntraZ en concreto puede proporcionarme todo y ya has visto que aquí el universo es aún más real que allá afuera. Aquí podemos realizar todo aquello que deseemos.
Había un peligro, las almas perdidas deben volver pronto al universo real. Hay un límite de tiempo para regresar. Si se traspasa se produce una disociación permanente y la comunicación entre el cuerpo y la mente queda rota. Una mente encerrada en una prisión. Así que sólo queda la Urdimbre para escapar y volver a tener control, aunque sólo sea a través de un avatar.
-Me costó mucho crear una Sombra en condiciones. Y sabes que no voy a quedarme. No hay nada aquí que pueda seducirme, lo hemos hablado muchas veces –replicó Sara.
-Te equivocas –respondió Pedro de forma inmediata-. Estoy yo, y quiero compartir esta vida contigo. AntraZ es tan sólo el principio. Conoces Circunvalón, cada segundo los mundos, los programas, los avatares se hacen más complejos y sofisticados. No hay nada que no podamos hacer o satisfacer. Mírate a ti misma. Aquí eres más real que allá afuera, y no hay limitaciones.
-Ese es el problema. Lo podemos conseguir todo. ¿Qué hay de emocionante en ello?
El avatar de Sara casi se había parado y sin embargo seguían deslizándose a la misma velocidad. Ahora estaban en un lugar muy concurrido, era una plaza con edificios que se perdían en unos cielos oscuros, luces de neón anunciaban los servicios que se prestaban en su interior, había de todo, económicos, sexuales, sociales… Sara apenas prestaba atención a lo que ocurría a su alrededor.

 

No quedaba mucho tiempo, había tardado demasiado en crear la Sombra de Pedro. Sabía que no podía notarlo pero sus nervios se le tensaban de pánico. No podía sudar allí, pero su avatar era tan perfecto que sentía su cuerpo agarrotado frente a la multitud que no le prestaba la más mínima atención. Por un momento entendió a su marido. Se dio cuenta de que no podría traerlo de vuelta sólo con palabras, necesitaba algo más. Y no podía forzarle, no había nada que pudiera decirle, únicamente podía mostrarle que ella no se quedaría y darle a elegir.
Rebuscó en su mente algo que pudiera ayudarla. Algo que pudiera utilizar como palanca. Callada, dejó secar el tiempo que le quedaba. Finalmente le llegó la inspiración. Quizá serviría.
El avatar de Sara era tan perfecto que carraspeó para aclarar la voz. Como nunca, necesitaba que su voz dejara traslucir el tono, el volumen, la cadencia correcta.
-Me viene a la cabeza unos versos de una vieja canción –comentó sin darle importancia-. “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí” –recitó-. Me vas a perder definitivamente, no volverás a verme, tendrás una copia de mí que hará lo que tú quieras, pero sabrás que no soy yo. No tendrás mi futuro, eso también lo perderás.
Pedro la taladró con la mirada.
-Te equivocas siempre te tendré, a ti y todo lo que desee.
-Sigues sin entenderlo –dijo Sara sosteniéndole la mirada-. La vida deja de ser emocionante cuando se puede obtener todo. Justamente lo que no se puede conseguir se convierte en lo más bello. Lo más bonito es desear lo que no tienes. Jamás podrás gozar de esa emoción. Eso te lo vas a perder.
Sara no dijo más. Sintió un escalofrío que le subía por las piernas, no podía distinguir si era real o no. Rehizo el camino de vuelta, esta vez sola. Abandonó la plaza, el Dragón quedó atrás, pasó los circupuntos de seguridad, entro por la subestación de Cercedillas y tomo de nuevo el control de su cuerpo.
Volvió al mundo real.
Sara hizo que el sillón la incorporara un poco. Abrió los ojos y se pasó una mano por la frente. Soltó un suspiro de cansancio. Miró a Aurora.
-¿Ha regresado? –preguntó ansiosa Sara
-Justo detrás de ti. Estuviste realmente brillante –respondió Aurora.
El suspiro fue esta vez más prolongado.
-¿Cuántos me quedan? –preguntó.
-Dos, pero no te preocupes. José Luis se encarga de ellos. Tú estás agotada.
Sara no dijo nada, se recostó y pidió un vaso de agua. Más que nunca agradeció mentalmente el no tener que volver a salir. No más almas perdidas por hoy. Echó un vistazo al sillón de Pedro, empezaba a despertarse. Sus labios dibujaron una sonrisa.
Se durmió.

© 2001 – 2011 Ricard de la Casa

© 2011 Antoni Garcés por las ilustraciones

 

Ricard de la Casa, barcelonés, fue uno de los editores de la revista BEM de ciencia ficción durante los años 90. Ha publicado dos libros Més enllà de l’equació QWR y Sota pressió además de relatos y artículos en diversas antologías y revistas españolas y extranjeras. Ganó el Premio Domingo Santos y un accésit en el Premio Juli Verne. Su relato “El día que hicimos la transición” escrito al alimón con Pedro Jorge Romero, ha sido editado en la última década en varias antologías de “Lo mejor de…” Actualmente es uno de los editores de BEM on Line.

Antoni Garcés, ilustrador y diseñador gráfico. A mediados de los años 70 empieza como diseñador gráfico, realizando ilustraciones publicitarias y creando imágenes corporativas (marcas/logos) para empresas…

A partir de 1980 publica sus ilustraciones en numerosas publicaciones como El Jueves, Cimoc, Playboy, El Vibora, Europa Viva, Diari de Barcelona, etc.

Coeditor del Prozine “Zero Comics” (1980/1984)

También ha realizado cientos de ilustraciones para portadas de libros, mayoritariamente de ciencia ficción y fantasía, para colecciones de Ultramar, Salvat, Júcar, UPC, Labor, La Magrana, Edebé, Alcodre… etc.

Sus trabajos se han publicado en Francia (Metal Hurlant), EEUU (Heavy Metal, Byron Preis), Italia (Comic Art), Holanda (Magic Strip), Portugal (Meribérica/Liber)… etc.

Ha participado en numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas.

Ha recibido los premios “Creepy” de la Crítica, al mejor historietista de fantasía de 1984, en el Salón del Cómic de Barcelona a la mejor portada española de comic de 1986 y el premio Ignotus de la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción a la mejor portada de 1992.

Series y Albumes publicados por Antoni Garcés

Lavinia 2092 / Guión Emili Teixidor (Diari Barcelona, 1989)
Museum (Editorial Complot, 1989)
Refrenillos / Guión Onliyú (Makoki, 1989-90)
Demasiado humano / Guión Abulí (Norma Editorial, 1990)
Ú, la grieta móvil (Norma Editorial, 1991)
Somos extraterrestres / Guión Andreu Martín (Makoki, 1991)
Mixturmix / Guión Nieto (El Jueves, 1991-1995)
Bobot / Guión Abulí (El Jueves, 1996-1997)
Paralímpicos / Guión Abulí (inedita, 1999)
Veranitas / Guión: Eloi (Diario de Ibiza, 2001)

Si esta interesado en saber más de Antoni Garcés, ver otras obras suyas o ponerse en contacto con él, puede visitar la galería que mantiene en este portal (pinche aquí) o visite su web pinchando en este enlace: www.624c35.blogspot.com

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