EL REICH AFRICANO, de Guy Saville

Las terroríficas SS del continente negro

 

 

 

El día que hayamos organizado sólidamente Europa, nos ocuparemos de África.

De un discurso de Hitler a las SS

 

 

Como resulta cada vez más frecuente, The Afrika Reich es una novela ucrónica de acción y suspense, un thriller que su autor ubica en un mundo alternativo para así desarrollarlo mejor. ¿Dónde iba a encontrar en nuestra línea temporal una Schädelplatz de las SS solada con los cráneos de veinte mil negros matados? Como dijo Dick, si piensas que nuestro mundo es malo, imagina cuán peor podría ser. Y Saville lo ha imaginado.

EL REICH AFRICANO de Guy SavilleEstá en la línea de las especulaciones británicas que arrancan de ¿y si Guillermo el Conquistador hubiera perdido la batalla de Hastings?, pasan por ¿y si la Armada de Felipe II hubiera conquistado Inglaterra? y terminan ¿y si la Segunda Guerra Mundial se hubiera resuelto por una pronta paz con Alemania antes de que intervinieran los Estados Unidos?

El nivel de la documentación histórica que maneja el autor es muy elevado, lo que le permite establecer divergencias con la realidad que resultan muy plausibles, echando una mirada al horror que no fue, pero que pudo haber sido, a través de acontecimientos que se hacen creíbles. Es una denuncia.

Tras el ataque sorpresa de Alemania a Francia y los Países Bajos en la primavera de 1940, las fuerzas expedicionarias británicas sufren un verdadero descalabro en Dunquerque. Mueren cuarenta y cinco mil soldados, más de doscientos mil son hechos prisioneros y sólo cinco mil logran retirarse.

El desastre le cuesta el puesto al primer ministro Winston  Churchill, cuyo lugar lo ocupa el pacifista lord Halifax, que en la realidad ya estuvo cerca de suceder a Chamberlain. Con los Spitfire y los Messerschmitt luchando sobre suelo inglés, los embajadores de los países ocupados clamando por recuperar su independencia al precio de pactar con Alemania, con manifestaciones de mujeres ante el Parlamento pidiendo el regreso de sus maridos y sus hijos y la opinión pública en un tres a uno a favor de la paz, Halifax llega a un acuerdo con Hitler que pone fin a la guerra, mientras los Estados Unidos se mantienen al margen. Los boches dicen que es porque les tienen miedo y los llaman los Estados Cobardes.

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Winston y Halifax

Nadie quiere otra guerra como la del 14 y Gran Bretaña acepta las condiciones de paz que le dicta Germania, que así pasa a llamarse Alemania. Como dijo Hitler, Inglaterra no tiene nada que ganar y puede perderlo todo. Los países ocupados, Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca y Noruega adquieren el status de los libres, Italia, España, Portugal, Suecia y Finlandia, con un gobierno de derechas bajo tutela germana.

Los ingleses se comprometen a no intervenir si los alemanes han de defender sus fronteras orientales ante los rusos, como sucede en 1943, cuando la nación nazi se extiende hasta más allá de los Urales, con unos pueblos eslavos casi sometidos a la esclavitud. El continente africano se lo reparten -lo parten, dice Churchill- entre Inglaterra y Alemania, que ha de buscar fuera de sus fronteras “alemanes étnicos”, alemanes de segunda clase que necesita para dominar tanto territorio: un antepasado germano o un cráneo ario de categoría 1/2 bastan para lograrlo.

Los británicos conservan sus intereses en Oriente Próximo y Medio, desde Egipto, así como Rodesia y Nigeria. Los alemanes recuperan los territorios que perdieron en la guerra anterior y adquieren las posesiones de los demás, conquistando las colonias francesas en el Oeste africano: De Gaulle, tras perder el Camerún, se rinde personalmente en Duala al mariscal Von Armin, Der Elefant, el sucesor de Rommel al mando del Afrika Korps.

Su gran conquista es el Congo Belga, que pasa a ser el Deutsch Kongo, con salida al Atlántico por Neu Berlin y al Índico por la Deutsch Ostafrika, el África del Este Alemana. Es el almacén de Germania, a la que suministra algodón, madera, azúcar y arroz, producto del que son los mayores productores del mundo, hasta el punto de que lo exportan a Asia. Proporciona también estaño y cobre para sus metalurgias y cobalto para fabricar los motores a reacción de los Messerschmitt. Lo que Alemania no necesita, básicamente materiales de segunda fila, los comercia con el resto de Europa y Estados Unidos.

“España no había intervenido en ningún momento en la guerra. Después, su prolongada neutralidad la convirtió en un árbitro útil […] Los españoles poseen la clase de imparcialidad que nos conviene […] El Führer estaba de acuerdo, por lo que España fue el país anfitrión en la Conferencia de paz de Casablanca; desde ese momento Marruecos pasó a ser colonia española.”

 

Italia domina Libia, Abisinia y Somalia, il corno d’Africa. Portugal conserva en principio Angola y Mozambique y la Francia de Vichy, Argelia, con Laval al frente. Más allá de este continente, Gran Bretaña ve cómo se le escapan de las manos la India y Singapur, invadido por los japoneses.

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Africa según Saville

Todo ello se nos va contando poco a poco en flash-backs sucesivos, como recuerdos de los protagonistas, al tiempo que la trama se ve salpicada de ucronismos, como la deportación de todos los hebreos de Europa al “vertedero judío” de Madagaskar o las grandes plantaciones de caucho de la Volkswagen en el Kongo. La gran obra germana es la “Autopista de la Paz”, la carretera panafricana construida con un hormigón que debe durar miles de años; su cemento se mezcla íntimamente con los huesos triturados de los héroes caídos de las Waffen-SS y el Afrika Korps.

La acción discurre inseparable del escenario, muy bien situada en su contexto. Burton Cole, un hombre que creció en África, ex miembro de la Legión Extranjera Francesa y después  soldado mercenario, es oscuramente contratado para matar a Walter Holchburg, el gobernador general del Deutsch Kongo en nombre de las SS: ni la Administración Civil ni el Ejército pintan nada allí.

Holchburg es el enemigo jurado de Cole de toda la vida y sólo piensa en arreglar cuentas con él; si fuera otro no hubiera aceptado el encargo, pues ama entrañablemente a Madeleine y quiere pasar lo que le quede de vida con ella, en su graja plantada de membrillos en Inglaterra. Así se inicia una mano de madera, une main de bois, que es como llamaban en la Legión a una misión suicida, una misión ésta que es la más sangrienta y cruel que imaginar se pueda.

El balcón de Holchburg se asoma a la Schädelplatz, que fue idea suya y él puso con sus manos el primer cráneo. Su pasado es espeluznante: ya en su juventud, antes de que los alemanes entraran en África, cuando perdió a la mujer que amaba, que se ocupaba de un orfanato, cerró sus puertas con cadenas y le prendió fuego, muriendo abrasados los muchos niños que había en su interior, los “botoncitos negros”, que decía con cariño la mujer.

En reseñas anteriores de otras historias alternativas hemos ofrecido escenas tan terroríficas como las de El Señor de la Svástika (Sueño de hierro), de Norman Spinrad, o 2012, la guerra por las almas, de Whitley Strieber, pero se trataba de universos inhumanos, que sentíamos ajenos  a nosotros; en cambio el mundo de The Afrika Reich nos resulta cercano y creíble. De ahí el gran horror del condenado cuya ejecución se deja a la discreción del verdugo, los prisioneros a los que se marca con hierros como si fueran animales y el sospechoso al que se hace hablar introduciéndole por el glande guindilla y un punzón o haciendo que un pelotón de soldados viole hasta la muerte a la mujer que lo acompaña.

Desgraciadamente la misión fracasa y la huida de Cole y sus compañeros a través de los territorios nazis de África los lleva primero a terribles lugares del Congo y a los campos de esclavos de Angola, después. A los alemanes les interesa Angola porque posee grandes canteras de mármol negro que necesita Albert Speer, el arquitecto del Régimen, para levantar los colosales edificios de la nueva Germania. Y como el Presidente Salazar pone un precio elevado a ese mármol invaden y conquistan con facilidad el país, donde portugueses y hereros nativos luchan juntos por librarse del yugo nazi.

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Guy Saville

El plan es maquiavélico, excitante, explosivo y convincente. Al final, al cabo de las tres semanas que dura la trama, Cole llega al corazón de la conspiración, con revelaciones sorprendentes. Entremedias, sospechas, mucha violencia, brutalidad permanente y peligro constante,

La desesperada huida del protagonista crea esa tensión fílmica que aparece en unas pocas películas: esta novela se llevará pronto a la pantalla. Cuenta con un cast de caracteres muy creíbles, varios de los cuales encierran profundidad emocional, y escenas muy poderosas para su rodaje.

Como decimos, esta primera novela de Saville, un periodista inglés de 38 años de edad, que Ediciones B ha traducido por primera vez a otra lengua, es un thriller rico e imaginativo, políticamente sofisticado y terriblemente plausible, lo que hace difícil borrarlo de la memoria. Va a tener continuación, el autor deja la acción tan resuelta como abierta a una prolongación.

© 2011 Augusto Uribe y Alfred Ahlmann

Saville, Guy. El Reich africano (The Afrika Reich, 2011), Eds. B, Barcelona, col. Grandes Novelas, 2011, trad. Laura Paredes, rúst., 493 pp.

uribeAugusto Uribe es doctor en una ingeniería, periodista y tiene otros estudios; ya jubilado, es presidente de una sociedad de estudios financieros. Ha ganado varios premios Ignotus y ha publicado en libros y revistas como el antiguo BEM o Nueva Dimensión, que lo tuvo por su primer colaborador.

alfredahlmannAlfred Ahlmann, director de la misión arqueológica española en Turquía, es doctor en Historia, profesor universitario en España e imparte clases en algunas universidades extranjeras: domina varias lenguas. Además de numerosos trabajos profesionales, ha publicado también artículos del género.

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