RECUERDOS DE LA VIEJA TIERRA, de José Manuel González

Por Joan Antoni Fernàndez

Si bien es cierto que las joyas auténticas escasean en Literatura, aún abundan menos dentro de la Ciencia Ficción. Los lectores aficionados al género muchas veces nos hemos de contentar con meros ejemplares de bisutería barata, simples abalorios que suelen ofrecer las editoriales. Pero en contadas ocasiones, cuando tanto escritor como editor se hallan alineados en una extraña conjunción planetaria, podemos llegar a toparnos con alguna pieza de exquisita orfebrería. Un diseño tan elaborado que incluso al ojo experto le será difícil diferenciarlo entre joyas de gran valor.

Tal es el caso que nos ocupa. Recuerdos de la Vieja Tierra es un engarce de selecta bisutería, con su justo baño en oro y un delicado trabajo en la confección de sus piezas, un conjunto digno de rivalizar con otras joyas de indiscutible calidad dentro del género. Utilizando un tono clasicista en su justa medida, cierta dosis de space opera y una sabia utilización de la tecnología que sabe maravillarnos sin apabullar, el libro nos ofrece una antología de aspecto clásico y moderno a la vez. Se trata de una obra sólida que luce un deslumbrante acabado.

De nuevo el Grupo Ajec, dentro de su cada vez más valiosa colección Arrakis Ficción, nos presenta un volumen de lo más interesante. Ya de entrada nos muestra una impactante portada, diseñada con acierto por Calderónstudio y basada en el relato “Las tribus de la noche”, uno de los mejores de la antología. Sigue con algo no muy habitual y que conviene agradecer, como es la inclusión en la pestaña interior de una foto del autor acompañada por una breve reseña. Y todo ello enmarcado en una edición bastante esmerada, con un tipo de letra agradable de leer. Vamos, que ya a primera vista el libro entra por los ojos.

Sobre su autor, decir que se trata del escritor vasco José Manuel González. Para quien no lo conozca, conviene señalar que tal vez sea el participante en el Certamen Alberto Magno que cuenta con más premios en su haber, ahí es nada. Es por ello que puede ofrecernos en este libro seis relatos premiados en dicho concurso, los que van desde el año 2000 al 2005. Para redondear el volumen ha añadido una séptima historia sin galardón alguno, pero no por ello menos interesante que el resto. Así el conjunto resulta todo un lujo para el buen aficionado, una auténtica gozada que se lee casi de una tacada.

Un detalle digno de resaltar es que el volumen cuenta con un prólogo escrito por el mismo autor, además de notas introductorias en cada uno de los relatos, los cuales han sido ordenados de forma cronológica a su presentación en el certamen. Para que nos entendamos, se ha editado en una línea similar a las antologías que publicaba Isaac Asimov, donde muchas veces era más interesante lo que nos explicaba sobre su vida que el relato en cuestión. Sin llegar a estos extremos, me ha gustado la experiencia, pues el lector puede seguir la evolución en el estilo de José Manuel González, así como conocer detalles sobre la confección de su obra. Ameno en sus explicaciones, éstas resultan agradables de leer, acercándonos a la personalidad del autor y logrando que empatizemos con él.

La narración que abre el libro se titula “El desastre de Enfer”, fue su primera participación en el Alberto Magno del año 2000 y ya, de entrada, obtuvo el segundo premio. Aquí el autor sienta las bases de lo que será su estilo más definido. En primer lugar, adrenalina pura en una acción a raudales que no decae en ningún momento. Otro rasgo distintivo en su escritura es la extrema facilidad para la creación de bichos extraterrestres, los cuales resultan a la vez exóticos y creíbles. También cabe señalar su dominio de la tecnología, que da un toque de realismo futurista a sus historias. Y por supuesto, está el diálogo…

Este tema merece una consideración aparte. Debo confesar que la lectura de “El desastre de Enfer” me maravilló enseguida por su estilo narrativo. A excepción de algún apunte que se intercala para explicar con detalle la “morfología” de las curiosas especies que aparecen, la historia está narrada a base de diálogos. Los personajes hablan y cuentan lo que hacen a través de la radio, por lo que la acción es explicada al lector al mismo tiempo que está pasando, o bien acaba de pasar. Ello le confiere una rabiosa inmediatez que engancha. Interesante y prometedor comienzo.

El segundo relato se titula “El dios de Seed”, y fue finalista del premio Alberto Magno en 2001. Debo confesar que su lectura me resultó más decepcionante, tal vez porque se trate de la adaptación retocada de una novela de mayor tamaño, como el propio autor reconoce. Tampoco ayuda que el tema de la colonia perdida a estas alturas resulte bastante manido, además el estilo diálogo-acción, marca de la casa, aquí ya no resulta ni tan acertado ni tan novedoso. Otro fallo estriba en que, a pesar de su mayor extensión, los personajes siguen siendo planos. Por todo ello esta narración tal vez sea un pequeño fiasco dentro del conjunto de la obra. No quiere decir que estemos ante un mal relato, tiene sus buenos momentos y se lee con facilidad, pero flojea en parte y sabemos que su autor puede hacerlo mucho mejor.

Más estimulante resulta la estupenda historia titulada “Las tribus de la noche”, una de las mejores del volumen y sin duda justa ganadora del premio Alberto Magno del año 2002. El autor nos ofrece un mundo inhóspito y extraño, donde sus habitantes se han de mantener en continuo movimiento a través de la noche. Son nómadas eternos intentando que no les alcance el día, acompañado por los rayos mortales de un sol abrasador. El tema puede rememorar a la excelente El mundo invertido, de Christopher Priest, pero pasada por el tamiz de José Manuel González. Acción a raudales, bichos y plantas extraños que amenazan a los humanos en su camino, y por supuesto, diálogos visuales del protagonista, un observador infiltrado que va explicando sus andanzas a los miembros de su nave nodriza. Historia estimulante, muy proteica, que hace gala de las mejores virtudes de su autor.

El siguiente relato es, en mi opinión, el mejor de todos. Se trata de la excelente “Mar de titanes”, premio UPV del año 2003, sin duda la historia más elaborada del repertorio y que pide a gritos una continuación tras su desastrado final. Porque a pesar de semejante lunar en el desenlace, hay que descubrirse ante el autor. Las aventuras de los valientes marineros del navío Hespérides, surcando los procelosos mares de un lejano planeta a la busca del ignoto continente de Canobé, guiados por unos delfines autóctonos de lo más veleidoso y enfrentándose a los temibles krakens, es sin duda de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Con personajes bien construidos, de mayor empaque, aportando rasgos originales como los Negociadores de Delfines, una gran solidez del mundo donde se sitúa la acción, así como una tensión latente y bien dosificada que impregna la travesía, todos los elementos del relato se unen hasta formar un acorde perfecto que suenan de maravilla. Ni siquiera un final excesivamente abrupto puede quitar el buen sabor de boca que su lectura provoca.

Otra de las perlas de esta antología es el relato “El secreto del César”, finalista del premio Alberto Magno en 2005. Aquí José Manuel González cambia de registro para ofrecernos un relato con tintes históricos, una aventura de romanos que se desarrolla en tiempos de Marco Aurelio, aunque sin llegar a entrar de forma abierta en la ucronía.  La mención al principio de una extraña linterna ancla el relato en la ciencia ficción, lo que se hará evidente en el tramo final de la obra.

Curiosamente, la parte histórica resulta la mejor. El relato del viaje plagado de peligros que realiza el grupo comandado por el tribuno Aulo Gavio, a través del desierto  entre Alejandría y Siria, resulta fascinante y engancha con gran facilidad. Digamos que cuando la expedición llega a su destino y finalmente se revela la parte futurista del relato, éste pierde puntos y se vuelve más intrascendente. Un detalle que se puede apreciar en otras historias: al autor le cuesta perfilar buenos finales. Digamos que su hándicap se halla en el momento de rematar la faena. Una pena, porque de nuevo un buen relato queda sin redondear justo en el momento de la conclusión.

De esa forma llegamos a “Las dudas de Job”, historia ganadora del premio UPV el año 2005. Aquí recuperamos al jocoso teniente Ruiz, protagonista del primer relato de la presente antología, “El desastre de Enfer”. Poco más que decir, sin duda la narración resulta en exceso convencional, ni siquiera hay bichos raros y sólo la simpatía desbordante del personaje hace que se siga con interés. Eso y la acción tan visual de la que González es todo un maestro. Así el relato nos presenta el típico planeta colonizado por una secta religiosa minoritaria, donde un robot enloquecido hará de las suyas y otro tendrá dudas existenciales. En algunos momentos recuerda un episodio de Star Trek, y no precisamente de los más brillantes. El autor no es muy dado a las reflexiones filosóficas, así que tras algún ligero intento, finiquitará el asunto de forma directa, casi repentina. Tras los consabidos diálogos-acción nos ofrecerá un nuevo final en seco, aunque mejor hilvanado que en relatos anteriores. Obra correcta y entretenida que se lee de un tirón.

Como colofón al presente volumen tenemos “Albedo 992, el único relato sin mención ni premio alguno. No importa demasiado, la historia resulta interesante y nos presenta un nuevo cambio en las directrices del autor. Aquí nos plantea un futuro más próximo, donde una misteriosa hecatombe, denominada El Velo, ha causado la casi completa extinción de la raza humana en el planeta. Los escasos supervivientes viven en búnkers subterráneos y se acercan a su inexorable extinción. En semejante tesitura, el retorno de una nave tripulada, lanzada antes de la catástrofe, abrirá la puerta de la esperanza a la humanidad y descubrirá el secreto que se oculta tras el espantoso holocausto.

Planteamiento interesante, bien llevado en su tramo inicial, poco a poco cae en los vicios y virtudes del José Manuel González más tradicional. Digamos que la cabra tira al monte, así vuelven a surgir los ya clásicos diálogos-acción y todo suena un poco a leído en el mismo libro. No obstante, los personajes tienen bastante enjundia y la historia se lee con verdadera fruición, por lo que se llega a un final bastante bien resuelto, aunque un tanto flojo. Como último relato no deja mal sabor de boca, aún sin cumplir todas las expectativas.

El resultado global de esta antología es bueno tirando a excelente. Las siete historias que conforman Recuerdos de la Vieja Tierra no son profundas pero resultan agradables de leer, alguna incluso roza la genialidad. El estilo de su autor llega a ser adictivo, tiene genuinos toques de originalidad y destila un amor hacia el género que impregna todas sus páginas. Pese a algún momentáneo altibajo, nadie es perfecto, la sensación general en el lector es de tener entre las manos una pequeña maravilla. No aburre en ningún momento, engancha con facilidad y tiene el añadido de mostrar detalles que perfilan la personalidad del autor que hay tras la obra. 

Nos hallamos ante un libro que puede llevarse encima a cualquier parte, dada la facilidad con la que podemos sumergirnos en sus páginas. Con un estilo sencillo y directo, resulta recomendable para aficionar a la lectura, más aún a la Ciencia Ficción. No me extrañaría que muchos maestros lo pusieran en sus listas de libros para leer, puede crear adicción.

Interesante, divertida y amena, esta obra desintoxica a la vez que despierta el sentido de la maravilla. Provoca una gozada de lectura como las de antaño, de esas que por desgracia ya no son nada frecuentes.   

© 2012 Joan Antoni Fernàndez para BEM on Line

Título: Recuerdos de la Vieja Tierra
Autor:  Jose Manuel González
Portada: Calderón Estudios
Precio: 16,50 €
Tamaño: 23×16 Cm
Páginas: 370
Isbn: 978-84-15156-27-7
Edición: Noviembre de 2011

Texto de la contraportada

En estos siete relatos nos adentramos en un mundo lleno de aventuras, alienígenas, marines espaciales, seres extraordinarios, monstruos marinos y dioses;  todo ello entre viajes en el tiempo y viajes espaciales que complementan el sentido de la maravilla de estas narraciones con el sabor de la ciencia ficción más clásica

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