THE SANDMAN, por Joan Antoni Fernàndez

CONTINUARÁ

 

Resulta inevitable, como en todo buen cómic también estamos llegando al final. Ha sido bonito mientras duró, esperamos que los amables lectores de esta modesta sección hayan disfrutado con los comentarios realizados. Nuestra intención ha sido transmitir la pasión que sentimos hacia el mundo de la ilustración. Con mayor fortuna en el caso de Antoni Segarra, y con más tozudez que resultados en el mío, se ha tratado de ofrecer un reducido muestrario de la infinidad de cómics que existen en el mercado.

Cuando los amigos de BEM on Line tuvieron la amabilidad de ofrecernos realizar esta sección, reconozco que yo tuve mis dudas. Aunque siempre he sido gran aficionado a los cómics, nunca me había imaginado en la tesitura de tener que reseñar sus grandes obras. Aquí intervino la persistencia de Toni Segarra, quien logró convencerme e hizo que me uniera a él en esta gratificante aventura.

Fue en Enero de 2005 cuando Toni inauguró la sección Scratch! con un interesante artículo, “El futuro cumple medio siglo”. Desde entonces hemos ido intercalando artículos sobre algunos cómics, intentando ofrecer variedad. La gran maestría de Toni ha sido evidente al reseñar obras tanto añejas como nuevas, siempre de calidad. Yo, lo reconozco, me he tirado a lo fácil. Mis reseñas muchas veces han sido de cómics extremadamente conocidos, pero siempre pensando que ya habría tiempo de tocar piezas más exóticas.

¡Ay, el tiempo! Se acaba, amigos lectores. BEM on Line cierra sus páginas, lo cual nos vuelve a todos un poco más pobres. Sin duda quedará su enorme estela, ese glorioso historial que hace de esta página web todo un clásico. Lamentamos mucho perder este lugar de común encuentro, cita obligada para todo buen aficionado a la ciencia ficción. Y lo que tal vez los lectores no lamenten tanto, se queda sin escribir un montón de reseñas para Scrtach! Qué le vamos a hacer.

Pues no, por una vez seamos malos. Como último desatino, al menos por mi parte, dejamos una lista de “deberes” para nuestros fieles seguidores (hola, mamá). Así, aunque ya no escribamos sobre el tema, dejamos constancia de la existencia de un buen número de excelentes cómics, confiando en que alguien quiera leerlos y valorarlos por sí mismo.

Porque ya nunca escribiremos en Scratch!sobre las maravillosas ilustraciones de Jesús Blasco en “Zarpa de Acero”. No diremos nada de Miguelanxo Prado y su gran “Trazo de tiza”. Carlos Giménez será ignorado en obras de la categoría de “Los Profesionales” o “Barrio”. Tampoco “El Eternauta” de Oesterheld y Solano será mencionado. Y tantos otros, como “Rapsodia húngara” de Vittorio Giardino, “Blackhole” de Charles Burns, cualquier tomo de Colto Maltés de Hugo Pratt, o la obra de Will Eisner (desde la serie “The Spirit” hasta la enorme “Vida en otro planeta”.) Por no mencionar el “Adolf” de Tezuka, el “Maus” de Spiegelman o “Palestina, en la Franja de Gaza” deJoe Sacco. Incluso “Astérix legionario” del gran Goscinny.

Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. O tal vez no.

Si nuestra modesta sección ha servido para fomentar en alguno de los lectores un sano interés hacia los cómics, habrá valido la pena. Nada estará perdido.

Como se acostumbra a decir, continuará.

                                                                        Joan Antoni Fernández  / p.p. Antoni Segarra

SANDMAN

Alan Moore & Neil Gaiman

 

Resulta sorprendente, pero bajo el sello de “DC Comics” se han publicado títulos excepcionales dentro del género de la ilustración, incluso alguna de sus series más innovadoras. Y es que esta veterana editorial norteamericana, especializada desde sus inicios en publicar historietas de evasión con un estilo a lo “pim pam pum”, también supo hacer de la necesidad virtud y con el tiempo llegó a sacarse de la manga una línea mucho más adulta.

Merced a una política agresiva DC había ido adquiriendo otras editoriales menos lucrativas. Por ello, en los años ochenta poseía los derechos de gran cantidad de personajes, la mayoría de ellos olvidados o con un índice de ventas muy bajo. No teniendo nada que perder, la editorial optó por contratar a dibujantes y guionistas de la pujante industria inglesa, dotándoles de mayor libertad creativa. Se trataba de un experimento, nadie sabía cómo iba a reaccionar el público americano ante aquellas historias sobre creaciones de segunda fila y escasa popularidad, alejadas del clásico castañazo y tentetieso. Pero de forma inesperada semejante línea generó una respuesta entusiasta entre un grupo importante de lectores.

Según la leyenda, todo comenzó en 1983 con el éxito arrollador de Alan Moore y su nuevo “Swamp Thing”, un cómic hasta entonces en horas bajas que su creador Len Wein, en funciones de editor, decidió dejar en manos del británico. Ya en su primer número, el genial autor mataba al protagonista para, en un antológico segundo episodio, redefinir su historia por completo. Una lección de anatomía fue todo un hito y marcó un antes y un después, no sólo en La Cosa del Pantano, también en la línea editorial y en el propio género.

Tras el éxito de Moore, los editores de DC intentaron aprovechar la estela y se lanzaron a publicar material vanguardista. El nuevo sello empezó a editarse bajo un baile de nombres distintos, en especial Hélix, siendo conocido a partir de 1993 por Línea Vértigo. De allí saldrían títulos tan emblemáticos como el mencionado “Swamp Thing” o “Hellblazer”, todos ellos creación de un fenomenal Moore. Pero también dio cabida a otros autores británicos de prestigio, como Grant Morrison,  quien  en 1988 se hizo cargo de un par de series que entusiasmarían a los aficionados, la excelente Animal Man y la no menos sorprendente Doom Patrol. Seguirían varios autores más, como Jamie Delano o el irlandés Peter Milligan. Y entre todos ellos despuntaría un joven llamado Neil Gaiman.

Porque si en la línea Vértigo el gran Alan Moore había llegado a ser Dios, sin duda Neil Gaiman era su Profeta.

Nacido el año 1960 en Portchester, Inglaterra, Neil Gaiman era un gran aficionado a la literatura, hasta el punto de ansiar en convertirse en un gran escritor. Trabajando como articulista llegó a entrevistar a Alan Moore y ambos congeniaron enseguida, compartiendo la pasión por los cómics. Pero tal vez la relación más interesante en esta primera etapa de formación sería la que Gaiman mantendría con otra joven promesa del género, el extraordinario dibujante Dave McKean. Fruto de la conjunción de ambos talentos surgiría la novela gráfica Violent Cases, que vio la luz en 1986.

El salto a DC Cómics se produce en 1988, cuando la pareja de creadores lanza al mercado “Black Orchid” (Orquídea Negra), donde Gaiman parece seguir los pasos de Moore. Cogiendo un personaje femenino casi olvidado, creación de Joe Orlando en 1973, el autor le da nueva vida tras hacerla morir y resucitar como ser vegetal, de una forma parecida al Swamp Thing de Moore. No es de extrañar que dicho personaje tenga una breve aparición en la obra, haciendo de guía espiritual de la protagonista en su nueva condición.

Aquí se acaban las similitudes, desde luego, pues el guión de Gaiman adquiere vida propia. Incluso se permite el lujo de hacer aparecer a Lex Luthor y Batman en unas cortas pero precisas interpretaciones de ambos personajes que no tienen ningún desperdicio. Aunque “Black Orchid no es una obra redonda, pues pierde fuelle conforme avanza en sus tres tomos hasta llegar a un final algo decepcionante, el gran arranque nos muestra el tremendo potencial de su autor. Mención aparte merece el extraordinario dibujo de Dave McKean, con esos colores que conforman unas fantásticas ambientaciones, así como la creación del asilo Arkham más tétrico que nadie haya plasmado nunca, ya para siempre marca de la casa. En definitiva, unas ilustraciones fuera de serie y un guión repleto de guiños y recovecos, capaz de mimar hasta al menor de sus personajes, hace de esta obra una historia muy interesante que conviene disfrutar.

La buena acogida de “Black Orchid” entre el público entusiasmó a la entonces editora de DCKaren Berger, quien ofreció a Gaiman el guión de una serie mensual sobre un personaje olvidado: The Sandman. El autor aceptó encantado y le propuso crear de nuevo al personaje, sin cortapisas y partiendo desde cero, sólo conservando el nombre. Por desgracia, Dave Mc Kean no se vio capaz de semejante esfuerzo, aunque se comprometió a desarrollar las portadas de la nueva serie, algo que sería mítico y toda una seña de identidad en la colección. Al mismo tiempo, este dibujante empezó a colaborar con Grant Morrison en la confección de otra novela gráfica, la fabulosa “Batman: Arkham Asylum”, con un estilo deudor de su recreación en “Black Orchid”.

Por su parte, Gaiman comenzó a trabajar en The Sandman con la ayuda de Sam Kieth, un guionista-dibujante poseedor de un estilo extremo, tendente a deformar las figuras hasta casi la exageración, quien llegaría a constar como co-creador de la serie. A ambos se uniría como entintador otro gran dibujante, Mike DringenbergSería éste, tras el abandono de Kieth en el número seis de la colección, quien pasaría a dibujar la serie, dotándola de su aspecto final, mucho más realista. También sería el responsable de crear el carismático personaje de Muerte, basado en una conocida suya en lugar de las descripciones de Gaiman.

The Sandman es una maravilla que significa un punto y aparte en el mundo del cómic. Cuando en 1988 comenzaron a publicarse sus historias en ejemplares de 32 páginas y periodicidad mensual, algo cambió para siempre. Junto a la saga “American Gothic” del Swamp Thing reconstruido de Alan Moore, es la serie que rompe de forma definitiva con las típicas aventuras de superhéroes para mostrarnos historias mucho más profundas, por completo adultas y repletas de capas argumentales que estimulan una nueva lectura. Los guiones de Gaiman resultan literarios en la mejor concepción del término, son cultos y con historias atractivas, repletas de matices. Así, aparecen continuas referencias a genios de la talla de, por ejemplo, Shakespeare, Chesterton, Mark Twain o incluso Borges. Tramas absorbentes, aderezadas con diálogos brillantes y personajes inolvidables, todo conforma una auténtica joya que cualquier buen lector, aún sin ser aficionado a los cómics, sabrá apreciar y disfrutar con fruición.

Explicar de qué va The Sandman puede ser una labor titánica. Jugando con la mitología y la literatura hasta construir una mixtura digna de las mejores portadas de Dave McKean, su otra seña de identidad, el genio de Gaiman mezcla deidades anglosajonas, griegas o egipcias, alumbrando una mitología propia que resulta fascinante. El autor recrea todo un universo onírico que resulta real a la vez, capaz de atrapar al lector dentro de una fantasía magistral.

El mejor resumen de tan magna obra, conformada por 75 números y cerca de dos mil páginas, se halla en las propias palabras de su creador. Así, cuando en una entrevista le pidieron una breve sinopsis de la serie, dejó esta célebre sentencia: “El rey de los sueños comprende que uno debe cambiar o morir y entonces toma su decisión”.

Digamos que la historia empieza como un genuino relato de terror. A principios del siglo XX, en una Inglaterra de regusto victoriano, una logia secreta y practicante de la nigromancia intenta invocar a la propia Muerte. Sus intenciones son aprisionarla en un círculo mágico para lograr la inmortalidad, pero algo sale mal en el conjuro. La entidad que la secta captura no es Muerte, se trata de su hermano menor, Sueño, Señor del Mundo de las Pesadillas y los Sueños. Este Ser, también conocido como Sandman o Morfeo según las distintas religiones, es uno de los Eternos, los siete hermanos elementales que existen desde los inicios del mundo. Durante setenta años Sandman permanecerá cautivo, perdiendo algunos de sus objetos de poder, a la vez que varias pesadillas bajo su control lograrán escapar al mundo real para sembrar el caos. Una vez libre de su cautiverio, Morfeo buscará venganza y deberá recuperar todo el poder para reconstruir su reino abandonado.

Las historias que nos cuenta The Sandman, con sus respectivos arcos argumentales, deambulan desde el clásico relato de terror de sus inicios para ir derivando hacia la más pura fantasía. Sueños, pesadillas, dioses, demonios, espíritus y, por supuesto, humanos se trastocan y se confunden en una amalgama maravillosa que impacta en el lector hasta dejarle sin aliento. Con semejante material nada queda libre de ser tratado por Gaiman. Desde el sexo, pasando por las drogas, la soledad, la incomunicación, los deseos más ocultos, los anhelos más profundos, todo un compendio de las inquietudes que yacen en el corazón humano y en nuestra propia sociedad. Como en “Black Orchid” se nos muestra una violencia y una tensión que no necesitan ser visualizadas de una forma física, por lo que se hacen más agudas y nos golpean con mayor fuerza.

Un desfile de personajes extraordinarios glosa esta gran obra. Desde el mismísimo Morfeo, cuya apariencia se basa en la desaliñada figura del propio Neil Gaiman con un toque romántico, pasando por su fascinante antagonista Lucifer, Monarca del Infierno y del cual ya se ha realizado un interesante spin-off a cargo de Mike Carey (autor de la muy recomendable The Unwritten), sin olvidar a El Corintio, grotesca pesadilla con dientes en los ojos que es un genuino asesino en serie. Otros personajes inolvidables son John Constantine, que aún siendo creación de Alan Moore tiene momentos brillantes en esta serie, Gilbert “el campo del violín”, La reina Nada, Rose Walker o el inmortal Robert “Hob” Gadling. La lista sería larga hasta formar una inmensa galería, todos ellos con tanto carisma que cualquiera podría ser el protagonista de su propia serie, algo que Lucifer John Constantine ya han logrado.

Pero sin duda el argumento de The Sandman también podría ser descrito como la historia de las relaciones entre una compleja y disfuncional familia de hermanos. Los Eternos sobre los que pivota la historia son unos personajes muy bien definidos, la piedra angular en la que se asienta todo el engranaje de los distintos arcos argumentales que conforman el conjunto de esta saga. A tal efecto, cabe señalar que, en inglés, The Endless suena y podría traducirse también como “D Eterna”. En el idioma original, cada uno de sus nombres comienza por dicha letra. Así Sueño es DreamMuerte es DeathDestino es DestinyDestrucción es Destruction, los gemelos Deseo Desespero son Desire Despair, a la vez que la inestable Delicia reconvertida en Deliro es Delight – Delirium. Ellos son la representación de los conceptos básicos que mueven a los seres humanos, así las luchas internas en la familia se revelan como la batalla que todo espíritu humano libra en su interior.

La complejidad temática y argumental de The Sandman sin duda puede competir con obras mayores de la literatura, como El Señor de los Anillos, sin duda una buena referencia. También resulta evidente que la base de la inspiración se halla en la novela El Señor de la Luz de Roger Zelazny, aunque muy pronto trama y personajes rompan todo nexo con nada escrito con anterioridad para forjar un universo propio. Aclamado tanto por el público como por la crítica, llegó a ser un auténtico fenómeno. No es de extrañar que fuera pieza de culto dentro del movimiento del romanticismo gótico, aunque tal vez sorprenda más descubrir que buena parte de sus fans fueran mujeres, la mayoría jóvenes y nada aficionadas a los cómics. Y es que las historias de The Sandman más que agresivas son emotivas, en ellas no existen los enfoques cargados de testosterona tan abundantes en los relatos de superhéroes al uso.

Tal vez la parte más floja, aquella que impide que la obra sea considerada del todo insuperable, se halle en el apartado gráfico. Sin duda la complicidad del genial Dave McKean hubiera logrado una serie imbatible, superior a todas las demás. Lo mejor son esas portentosas portadas que han quedado de forma indeleble en el imaginario colectivo, marcando un antes y un después en el cómic. Cuenta la leyenda que el ilustrador se las vio y se las deseó para convencer a los editores de que no hacía falta que el protagonista apareciera siempre en las portadas. En la primera se inspiró en el póster de la película El vientre del arquitecto de Peter Greenaway, componiendo un collage con estanterías laterales donde colocó piezas tan interesantes como el Reloj de Arena, el buda o el gato negro. Todo ello indica el alto nivel que hubiera alcanzado el dibujo bajo los pinceles del artista. Pero McKean no aceptó el reto de ilustrar 32 páginas cada mes, así que el baile de dibujantes comenzó pronto y fue continuo.

Tras la exageración a lo cartoon de Sam Kieth y el realismo de Mike Dringenberg llegarían otros ilustradores, como Kelley Jones y su toque feista, el detallista Michael ZulliCharles Vess con su trazo fino y elegante, muy a lo art-decó, o el gran entintador Malcolm Jones III entre varios artistas más. Este continuo ir y venir de colaboradores causó un resultado ecléctico en la obra, provocando una evidente falta de estilo propio. Aunque Gaiman supo adaptarse muy bien a la situación y llegó a sacarle el jugo a cada uno de los distintos dibujantes que pasaron por la serie, el conjunto final no acaba de ser por completo redondo.

Podemos decir sin reparos que Neil Gaiman es un gran escritor que hace excelentes guiones para cómics. De la misma manera, su mentor Alan Moore, es un excelente guionista de cómics que también escribe buenas novelas. La diferencia es importante, pues Moore nos ofrece lo mejor de su genio a través del cómic (Watchmen, The Swamp Thing, Promethea, etc.), donde contextualiza muy bien la imagen con la narrativa. En cambio, para Gaiman no resulta tan importante el aspecto gráfico. A pesar de dominar la técnica del encuadre y permitirse ocasionales genialidades con ella, es en el aspecto narrativo donde reside la fuerza de sus historias. Por ello, a través de unos dibujos más bien funcionales, unos planos correctos y bien resueltos, el lector percibe cierta falta de originalidad a la hora de enfocar la viñeta. Digamos que el autor no persigue tanto la forma como el fondo de sus historias.

Detalle significativo de la rigurosidad en la elaboración de sus guiones, cabe señalar el brillante tratamiento de los globos que hace Gaiman, definiendo ya de entrada el carácter de sus personajes. Así Sueño habla usando globos negros y deformes, con una tipografía blanca, pareciendo negativos fotográficos de los bocadillos convencionales.  Destino suele hablar poco y en forma de alegorías, utilizando la cursiva para dar mayor realce a sus palabras. Para Desesperación utiliza una tipografía ondulada de formas irregulares. En cuanto a Destrucción, suele usar unos globos de diálogo con gruesos bordes que confieren aspecto de dureza. Por último, las palabras de Delirio acostumbran a ser un sinsentido y su tipografía cambia continuamente de fuentes.

En la actualidad The Sandman está publicada en diez tomos recopilatorios que abarcan los 75 números de la serie y algún especial. A saber, Preludios y nocturnos (del número 1 al 7), La casa de muñecas ( del 8 al 16), País de sueños (del 17 al 20), Estación de nieblas (del 21 al 28), Un juego de ti (del 32 al 37), Fábulas y reflejos (del 29 al 31, del 38 al 40, el 50 y el nº 1 de The Sandman Special), Vidas breves (del 41 al 49 y parte del especial The Sandman Gallery), El fin de los mundos (del 51 al 56), Las benévolas (del 57 al 69 y Vertigo Jam 1) y El velatorio (del 70 al 75).

También existen varios especiales, como La canción de Orfeo Noches eternas. Destacar dos miniseries de tres números cada una de ellas, ambas sobre el carismático personaje de Muerte,  hermana de Sueño y competidora en popularidad con él. Me refiero a “Muerte: el alto coste de la vida” y “Muerte: lo mejor de tu vida”. Por supuesto, todas ellas muy recomendables.

Cabe señalar que la historia del número 19, titulada Sueño de una noche de verano e incluida en el tomo País de sueños, ganó el Premio H. P. Lovecraft al mejor cuento corto en la Convención Anual de Fantasía de 1991. Hasta la fecha ha sido el único cómic en obtener semejante distinción, ya que dicho galardón se halla reservado a la literatura. La colección obtuvo muchas más distinciones, como el prestigioso Premio Eisner, que le fue otorgado tres veces como mejor serie regular, mientras Gaiman lo consiguió en cuatro ocasiones como mejor guionista. Y todo ello siendo The Sandman el primer cómic donde, tras una férrea insistencia por su parte, se permitió al guionista usar la palabra “fuck” (joder) sin que saltara la censura (The Sandman número 64). Otro hito importante para la historia.

Se podría disertar sobre The Sandman muchísimo más, pero no hay nada incomparable al placer de leerlo por uno mismo y descubrir las maravillas que nos ofrece semejante joya. Resulta del todo imprescindible, tanto para lectores de cómics como para quienes no sean aficionados a ellos. Y es que esta obra trasciende géneros para convertirse en un clásico de lectura obligada. Literatura de gran calidad, aunque sea en un formato con ilustraciones.

Así acabaremos esta modesta reseña con un ejemplo de lo señalado. Utilizaremos para ello unas sabias palabras, elegidas entre las muchas que Gaiman ha puesto en boca de sus personajes. Es en el número 43 de la serie, incluido en el tomo  Vidas breves. Hablan Bernard Capax y Muerte, quien ha acudido a llevárselo.

“- Han sido, no sé, quince mil años. Está muy bien, ¿no? He vivido mucho tiempo.

“- Has vivido lo que todos, Bernie. Toda una vida. Ni más. Ni menos. Toda una vida.

Y es que, en efecto, en The Sandman encontraremos toda una vida.

© Joan Antoni Fernàndez, junio de 2012

joanantononifdezJoan Antoni Fernández nació en Barcelona el año 1957 y actualmente vive en Argentona. Escritor desde su más tierna infancia ha ido pasando desde ensuciar paredes hasta pergeñar novelas en una progresión ascendente que parece no tener fin. Ha sido ganador de premios fallidos como el ASCII o el Terra Ignota, que fenecieron sin que el pobre hombre viera un duro. Inasequible al desaliento, ha quedado finalista de premios como UPC, Alberto Magno, Espiral, El Melocotón Mecánico y Manuel de Pedrolo entre otros. Ha publicado relatos y artículos en Ciberpaís, Nexus, A Quien Corresponda, La Plaga, Maelström, Valis, Dark Star, Pulp Magazine, Nitecuento y Gigamesh, así como en la web NGC y en BEM on Line. Que la mayoría de estas publicaciones hayan cerrado es una simple coincidencia… según su abogado. También es colaborador habitual en todo tipo de antologías, aunque sean de Star Trek. Hasta la fecha ha publicado seis libros: Reflejo en el agua, Policía SideralVacío ImperfectoEsencia divinaLa mirada del abismo Democracia cibernética. Ha ganado el premio de relatos en catalán Manuel de Pedrolo.

Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
Esta entrada fue publicada en Scracht!. Guarda el enlace permanente.