NUNCA ME ABANDONES, LOLITA

Qué pueden tener que ver una novela narrada por un pederasta, en 1955, con otra narrada por una jovencita casi normal, en 2005?

No voy a desglosar al detalle la trama de ninguna de las novelas, para eso está Google y la Wikipedia, y menos de Nunca me abandones, pues casi cualquier apunte sobre ella acabaría por matarla (como en mi opinión se hace en la versión cinematográfica, de la que no escribiré ni un punto y aparte más). Baste decir que las dos novelas son muy diferentes entre sí, por la época en que fueron escritas, por el argumento, por la ambientación y lugares donde se desarrolla, y hasta por su forma, que hace que Nunca me abandones resulte, en su factura y estilismo, una obra inmensamente bella, lo que no sucede con Lolita, con su descarnada, cruda y fría brusquedad. Sin embargo, son muchos los aspectos que hacen que ambas novelas tengan mucho más en común de lo que podría esperarse en géneros, historias y tratamientos tan alejados entre sí.

Veamos algunas coincidencias.

lolita1Están narradas en primera persona. En Lolita (Vladimir Nabokov, 1955) por un hombre (Hubert H. Hubert) que padece una querencia obsesiva e irresistible por las niñas (a las que él llama Nínfulas), hasta el punto de casarse con la madre de una de ellas (Lolita, de 12 años) para tenerla a tiro todo el tiempo. En Nunca me abandones (Kazuo Ishiguro,  2005), una niña (Kathy H.) nos cuenta su infancia y adolescencia junto a otros de niños en dos internados (Hailsham y Las Cottages) hasta alcanzar el objetivo de su existencia. En las dos cada narrador nos cuenta sus propias experiencias a modo de diario, sus sentimientos y emociones, sus acciones, su vida y la de los otros personajes con los que trata a lo largo de la historia.

Su lectura se hace desagradable en muchos momentos. Lo cual es comprensible, en un caso (para el lector normal) por razones obvias, y en el otro, por la crueldad de los tremendamente creíbles acontecimientos que viven los jóvenes de Hailsham. Hay momentos en los que se requiere de un esfuerzo de voluntad para continuar; es en esas ocasiones cuando el lector levanta la vista del papel (o de la pantalla de e-reader) para descubrir algún rostro mirándote fijamente con expresión de “¿Qué cosa asquerosa estará leyendo esta persona?”

El amor y el sexo tienen una gran importancia. Hubert y Kathy creen sentir amor y desean tener sexo, uno por su impulso irrefrenable y pervertido, la otra por su impulso hormonal de juventud recién estrenada. Para el pedófilo, el sexo es libre y la posesión de Lolita es el objetivo de su vida, para Kathy, el sexo obsesivo es algo que intenta reprimir porque lo percibe como “malo” (a diferencia de su amiga Ruth, para quien es algo normal). Este asunto adquiere una fundamental importancia cuando se entremezcla con el amor (muy matizado en los dos casos) y con su función en la vida de las personas que lo sienten. En mi opinión, amor y pasión son dos monólogos simultáneos que sólo en ocasiones coinciden hasta el punto de convertirse en un diálogo, cosa que no sucede en ninguna de las dos novelas.

Me impresionaron, y quiero repetir. Lo cual, como cuando bebo vino o conozco a alguien, no es lo habitual. Muchas novelas leídas, muchas botellas abiertas y mucha gente tratada para quedarme con una de cada una, sólo una que me hace pensar, que me estremece, que me hace desear quedarme con ella, junto a ella, y repetir su contacto cada vez que sea posible. Nadie deja una botella de vino vacía de adorno en la estantería, sin embargo lo hacemos con libros que no volvemos a leer, y también con personas con quienes convivimos pero a quienes no volvemos ni a mirar. Estas dos novelas, por el contrario, sé que volveré a leerlas, igual que vuelvo a beber un vino que me ha emocionado o a quedar con una persona que me ha tocado el corazón.

lolita2Se pueden considerar dentro del género de terror. Es cierto que Lolita es una narración realista y Nunca me abandones está en el límite de la ciencia ficción social, pero el hecho es que las dos ponen los pelos de punta al osado lector. Sinceramente, ambas dan mucho miedo, un miedo terriblemente real. Pero… ¿por qué?

La ACEPTACIÓN es la clave de las historias
. Lo que a mí, lector, me aterrorizó de ambas historias no fueron tanto los hechos en sí (la pedofilia o la función en la vida de los niños de Hailsham) como la respectiva actitud de los protagonistas con respecto a dichas situaciones.

En Lolita, después de que Hubert haya sodomizado brutalmente a la niña, y de manera absolutamente franca y desprovista de arrepentimiento o escrúpulos, el degenerado individuo nos confiesa que le preocupa el estado de la cría, el que le haya hecho daño, la circunstancia de que ella no se pueda ni sentar, asumiendo que el dolor de sus desgarros es una consecuencia natural del acto en sí, por lo que no le otorga mayor importancia excepto en el caso en que ella no consintiera en repetirlo. La profunda y descarada desfachatez del tipo ante lo que es y lo que hace, es decir, su propia aceptación natural de su abominable naturaleza a lo largo de toda la novela, son estremecedoras, y tan realistas que llega un momento en que (por favor entiéndaseme bien) el lector llega a comprender a Hubert, su insania, que está enfermo, que está loco, que no puede hacer nada por evitarlo ni por cambiarlo. Lo cual es la excusa para sus actos, pero no una razón que los justifique.

Del mismo modo, en Nunca me abandones, los niños concebidos para lo que han sido concebidos asumen su destino del mismo modo que Hubert asume su perversión, no con resignación, sino con tranquila imperturbabilidad. Ante los hechos atroces e inevitables se muestran, sobre todo, impasibles. Las cosas que les pasan son espantosas, pero se aceptan, no se acatan sino que se viven con la misma naturalidad con que uno acepta el hecho, en nuestras vidas, de envejecer y de la propia muerte. Como mucho,  intentan solicitar un aplazamiento del desenlace, como nosotros, ante una enfermedad, vamos al médico para aplazar una muerte que, de ninguna manera, esperamos que no llegue nunca. No es conformismo, sino que se trata de algo contra lo que no nos revelamos, que no discutimos, a lo que no nos enfrentamos, que no ponemos en duda, que, en general, no intentamos cambiar por saber vano el intento, por tener plena conciencia de que se ha dictado una sentencia inapelable. Sabemos que ocurrirá, que envejeceremos e iremos perdiendo nuestras capacidades, y que moriremos tarde o temprano, y que ese es el camino natural de la vida. Es más, consideraríamos loco a cualquiera que pretendiera oponerse a ello. Es lo que hay, es lo que siempre ha habido, no es que no se intente cambiar, es que ni se plantea el hecho de que haya algo que pueda ser cambiado.

Por eso, justo por eso, por haber descubierto algo que para alguien es igual de inevitable y natural que la muerte, ambas novelas me han dado mucho miedo.

© 2012 Luis Astolfi

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