J.G. BALLARD: EL TIEMPO DESOLADO, de Pablo Capanna

por Domingo Santos

Pablo Capanna es uno de los ideólogos (por no decir el ideólogo) más importantes en lengua castellana de la ciencia ficción, no sólo en Argentina sino también en todos los demás países de habla hispana. Aunque nacido en Florencia, Italia, en 1939, recaló en Argentina a los diez años, de modo que se considera argentino por los cuatro costados. Filósofo, periodista, profesor universitario, y sobre todo ensayista, descubrió a muy temprana edad la ciencia ficción gracias a los cómics (Alex Raymond es uno de sus iconos), de los que pasó muy pronto a la literatura de la mano de la mítica revista argentina Más Allá. Durante toda su vida ha ejercido la docencia como profesor universitario, y aunque en la actualidad se halla ya retirado de ella, no por eso ha menguado su labor ensayística y divulgativa en otros campos. Es autor de una quincena de libros sobre el género, entre ellos sendos estudios sobre Cordwainer Smith, Philip K. Dick, J. G. Ballard y el cineasta Andrei Tarkovski, y colabora asiduamente en toda una serie de revistas y publicaciones de varios países. Ha obtenido multitud de premios, varios de ellos internacionales. Es autor entre otras obras de El sentido de la ciencia ficción, el primer ensayo sobre el género escrito originalmente en español, y de El mundo de la ciencia ficción, y buena parte de su obra es considerada seminal para una completa comprensión del género.

J. G. Ballard: El tiempo desolado, apareció por primera vez en 1990 serializada en las páginas de la revista argentina El Péndulo, y en 1991 pasó a formato libro. Siguiendo la tradición de Capanna de ampliar y actualizar periódicamente sus obras (lo mismo hizo recientemente con el volumen dedicado a Philip K. Dick y con el libroCiencia ficción: Utopía y mercado, y está preparando la reedición de El Señor de la Tarde, conjeturas en torno de Cordwainer Smith), ahora le ha llegado el turno a Ballard. La triste circunstancia de la reciente muerte del gran autor inglés ha hecho que algunos hablen de oportunismo editorial. Si existe, será en todo caso sólo por parte del editor: conociendo lo concienzudo de la forma de trabajar de Capanna, es materialmente imposible que en el poco tiempo transcurrido entre el fallecimiento de Ballard (abril de 2009) y la aparición del libro (junio de 2009) haya podido preparar esta edición ampliada y actualizada de la obra, ni siquiera sobre la base de una edición anterior. Es evidente que esa reedición estaba preparada ya por Capanna desde hacía un cierto tiempo, como lo demuestra el que, en todo el libro, sólo dedique una escueta y lacónica frase a su muerte, sin duda añadida en el último momento, al final del capítulo segundo: «Murió el 19 de abril de 2009, en casa de Claire, al cabo de una larga lucha contra la enfermedad.» El que el editor haya aprovechado la coyuntura de su muerte es otro asunto.

Capanna cierra su libro con una frase tan modesta como inexacta: «Aquí sólo he pretendido ofrecer algunas pistas», dice. Ciertamente, hay que reconocer que la personalidad de Ballard es tan compleja que no puede sintetizarse en unas pocas frases lapidarias, y a veces sólo puede abordarse a través de aproximaciones. Pero el libro de Capanna da mucho más que tan sólo algunas pistas, es mucho más que una simple aproximación a la vida y la obra de Ballard: es una profunda, detallada y lúcida radiografía, me atrevería a decir casi una auténtica disección, tanto de la obra como de la personalidad del escritor. Y hecha por la mano de un experto.
El libro se divide claramente en tres apartados, que se corresponden respectivamente con la vida, la obra y los últimos tiempos del autor. El primer apartado, que (tras un capítulo inicial que es una breve introducción que nos sitúa en el contexto) abarca prácticamente todo el segundo capítulo, «De Shanghai a Shepperton», se ocupa de la biografía esencial de Ballard. Sin embargo, dista mucho de ser una biografía lineal al uso: Capanna sigue la vida de Ballard no exteriormente, sino interiormente: no sólo nos cuenta su vida, sino también sus reacciones a la vida, y de hecho ésta es precisamente su mayor virtud: en unos tiempos en que los biógrafos suelen ofrecernos solamente la imagen externa de sus biografiados a través de una sucesión de simples hechos y datos tan fríos como una estadística, Capanna ahonda desde un primer momento en el interior del personaje para ofrecernos constantemente y ante todo una visión subjetiva de la vida del biografiado, lo cual le proporciona una dimensión, una profundidad y una riqueza de matices que muy pocas biografías consiguen transmitir al lector.

El segundo apartado, que forma los capítulos centrales y constituye el núcleo fundamental del libro, se adentra de lleno en la esencia de la obra ballardiana, en lo que Capanna llama las «Versiones de Ballard». El análisis se inicia con la primera etapa de Ballard como escritor de ciencia ficción, marcada por los relatos cortos, y de la que pronto se distanciaría, para seguir luego su evolución con la progresiva sublimación de su obra a través de sus distintas fases o etapas: surrealista, catastrofista, nihilista, metafísica e hipermoderna. Ballard, dice Capanna, nunca escribió una ciencia ficción convencional, y desde el principio de su carrera eso le hizo chocar a menudo con los editores más tradicionales, incluso en ocasiones con editores tan abiertos como los de la «experimental» New Worlds.

Apenas iniciados los años sesenta, sigue detallando Capanna, Ballard dio un brusco giro a su producción e inició lo que se ha dado en llamar su «fase catastrofista»: El viento de la nada, El mundo sumergido, La sequía y El mundo de cristal, cuatro obras protagonizadas respectivamente por otros tantos fenómenos naturales desencadenados: un viento huracanado, el agua, la falta de ella y la cristalización de todo a nuestro alrededor. Capanna les añade, aunque en buena ley no pueda incluirse en el cuarteto, Vermilion Sands (personalmente, una de mis obras de Ballard preferidas), una recopilación de relatos ubicados en un decadente resort a orillas de un mar de arena, y que destaca por encima del resto de su producción por sus derroches imaginativos.

La «fase nihilista» es una nueva vuelta de tuerca en la obra ballardiana, donde, señala Capanna, el autor se distancia del futuro y se ciñe a un presente más o menos inmediato. Básicamente esta fase está compuesta por su «trilogía urbana», que se inicia con Crash y sigue con Rascacielos y La isla de cemento: el automóvil como derivativo sexual, la degradación de las estructuras de la convivencia humana, y el mito de Robinson Crusoe trasladado al mundo contemporáneo. A su aparición, Crash constituyó un gran escándalo: fue acusada de pornográfica (en cierto modo lo es), y la versión cinematográfica que de ella hizo David Cronenberg no hizo más que acrecentar el escándalo. Aunque Capanna no la califique como una de sus mejores obras («su morosidad y reiteración comienzan a hastiar a partir del primer capítulo»), lo cierto es que, según el propio Ballard, «nadie, ni siquiera los críticos, había sido capaz de entenderla».

La «fase metafísica» la forma básicamente una sola obra, y constituye una ruptura total a todo lo escrito anteriormente por Ballard. El imperio del sol es una autobiografía («una autobiografía ficcional», define Capanna) centrada en las memorias infantiles de Ballard en Shanghai durante la guerra y su obsesión (que le duraría toda la vida) por los aviones. El éxito de la novela, y sobre todo el de la versión cinematográfica que Steven Spielberg hizo de ella, situaron a Ballard en el candelero de la escena literaria internacional y le dieron una fama y un reconocimiento que hasta entonces le habían sido esquivos. (Siete años más tarde Ballard escribiría una continuación a esa biografía, La bondad de las mujeres).

Tras su descripción de esas distintas fases, y bajo el encabezado de «Los paisajes interiores», Capanna hace un análisis título por título de las principales obras adscritas a ellas, situándolas en su contexto tanto dentro de su tiempo como de la obra general del autor.

Finalmente, la «fase hipermoderna», que forma el tercer y último apartado del libro, abarca el resto de la producción de Ballard, desde prácticamente El imperio del sol hasta su muerte, y parte de ella corresponde evidentemente a la actualización del libro. Según Capanna es su fase más ecléctica, en la que abandona definitivamente la ciencia ficción por un «hiperrealismo que parece diseñado para describir un mundo hipermoderno que por momentos puede parecer fantástico». Incluye el análisis de todo un ramillete de sus últimas obras, a menudo con trasfondo pseudopolicíaco, entre las que cabe destacar Noches de cocaína, Super-Cannes y su última novela, Bienvenidos a Metro-Center, y a las que Capanna dedica, una a una y en un análisis exhaustivo, su penúltimo capítulo, antes de cerrar el libro con una breve recapitulación (que puede considerarse más bien como un epílogo) que acaba de situar a Ballard en su contexto, por si alguien tenía aún alguna duda.

¿Qué decir de esta obra de Capanna? Personalmente, la considero una de las mejores aproximaciones a Ballard que conozco, un autor tan importante como poco estudiado y comprendido. Capanna se aproxima a él en todo momento de una forma no lineal: la única forma de llegar al fondo de la personalidad de un autor tan complejo como Ballard. No esperemos hallar en el libro una metódica progresión temporal al uso ni de su vida ni de su obra: Capanna salta constantemente de un tiempo a otro, de un libro a otro, pero, dentro de este aparente desorden, siguiendo siempre una gradación interna tan precisa y estructurada como meditada. Puede que al principio este falso desorden conceptual desconcierte a algún lector, pero a poco que prescinda de los códigos preestablecidos y se adentre en la vorágine de ideas extraerá del libro todo su abundante jugo. Por otro lado, Capanna no puede olvidar su condición de filósofo, ni lo intenta, y eso se aprecia casi en cada línea del texto, pero elude en todo momento el hacer gala de esa falsa erudición con que suelen bombardearnos algunos autores snob: cada palabra está situada en su contexto y en su justa medida, expresa con claridad la idea que quería transmitir, ninguna es gratuita.

Sinceramente debo decir que he gozado enormemente de la lectura de este libro, no sólo por su tema (Ballard es uno de mis autores fetiche) sino por la forma magistral en que está escrito. Mi consejo sincero: si desean adentrarse en el universo Ballard, leer alguna de sus obras (o varias, o todas) y sacarle todo su jugo, les recomiendo que lean primero el libro de Capanna. Si lo hacen, leer luego a Ballard les llenará mucho más.

© 2009 Domingo Santos

J.G. Ballard. El tiempo desolado, de Pablo Capanna. Ediciones Alamut, col. Marelle. Madrid, junio de 2009. ISBN. 978-84-9889-029-7. 256 pgs.

Texto de la contraportada

James Graham Ballard (1930-2009) salió del restringido ámbito de la ciencia ficción para volverse una suerte de profeta del nuevo milenio cuando Steven Spielberg y David Cronenberg llevaron al cine sus novelas El imperio del sol y Crash.

Una trayectoria de más de medio siglo lo consagró como uno de los autores británicos más importantes de su tiempo, al punto que el adjetivo “ballardiano” ya ha llegado a los diccionarios. Ballard supo reinventarse varias veces como escritor, pero nunca abdicó de su obstinada lucidez, aun a riesgo de ser tildado de apocalíptico.

Uno de los primeros libros sobre Ballard lo escribió hace veinte años Pablo Capanna, quien hoy ofrece una versión revisada y ampliada. Ahora que Ballard nos ha dejado, en un mundo cada vez más ballardiano, es posible comenzar a interpretar su legado.

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