LA BELLEZA DE LIDIA, por Juan Carlos Planells

Algunas palabras del autor

No hay mucho que decir de este cuento. Es un argumento tradicional de la ciencia ficción de toda la vida, aunque el enfoque sea algo naturalista, por decirlo de alguna manera. Creo que más que un relato es casi un esbozo a lápiz, un retrato de algo cotidiano al que se le ha inyectado una resolución de ciencia ficción. No tiene más mensaje que el que el lector crea encontrarle. Y por cierto, debo decir por si acaso, que el título sí tiene íntima relación con el relato…

 

LA BELLEZA DE LIDIA

Texto: Juan Carlos Planells

Ilustraciones: Juan Antonio Fernández Madrigal

 

Es noche de sábado y Lidia está atareada sirviendo jarras de cerveza y platos de cena: es la hora de mayor afluencia de clientes. Raúl, a quien le sobran algunos kilos, la ayuda sirviendo en las mesas y tras la barra. ¡Qué calor hace en la zona de cocina!

–¡Si viene a cenar el señor Manolito le sentaremos aquí! ¡En la barra para que nos haga compañía! ¡No hay mesas libres! –dice Lidia al pasar junto a la cocina para que la oiga Nélida.

Viene don Manolito al cabo de unos momentos y es la propia Lidia quien le acompaña del brazo al extremo de la barra, pasada la zona para camareros.

–No te preocupes –le dice don Manolito–. A esta hora, hoy ya se sabe.

No ha terminado aún la frase cuando ya tiene ante sí el mantel, el vaso, la bebida, el pan y la carta con el menú.

–¡Si viene su amigo le sentaremos a su lado para que le acompañe! ¡Raulín, bocadillo de queso!

Apenas está comenzando el señor Manolito el primer plato, cuando Lidia ve entrar al señor que es amigo de don Manolito.

–¡Cariño! –Lidia llama “cariño” incluso al gato–. ¡Tendría que esperarse un rato! ¿O quiere cenar ahí, al extremo de la barra, con su amigo?

¡Señor Manolito, ha venido su amigo!

–¿Quién es mi amigo?

–¡Ay! No sé cómo se llama…

El amigo del señor Manolito ya se ha sentado a su lado y también le ha sido puesto servicio, bebida y carta.

–¡Raulete! ¡Un frankfurt! ¡Patatas bravas!

–Sábado por la noche, siempre lleno –dice el amigo de don Manolito.

–La gente viene siempre a la vez. Como a la hora de la comida, de dos a tres.

–Cierto –dice el amigo de don Manolito–. Como si no se pudiera comer a otra hora. Cuando yo era joven… la esposa de un amigo comía a las seis de la tarde…

–¡Hala! ¡Qué dice! ¡Raulote! ¡Tres colas, dos cañas y una clara!

–Sí, muchacha. Era todo un espectáculo. Los demás estábamos jugando a… cartas, y ella se presentaba a la mesa con la cazuela de la comida y una botella de… vino… bajo el brazo.

–¡Su amigo me quiere tomar el pelo, señor Manolito! ¡Siempre cuenta cosas raras! ¡Raulillo, dos de calamares!

–¡Hola, Lidia! –saluda un hombre maduro y vestido muy descuidadamente– ¿Y tu novio?

–¡Me ha dejado!

–¡¿Que te ha dejado?! Pero, ¿ustedes oyen lo que dice esta chica?

–No le haga caso, hombre –dice el amigo de don Manolito–. Es broma. Hay cosas que son científicamente imposibles. Las probabilidades de que la Luna se estrelle contra la Tierra son superiores a las de que a Lidia la deje un novio.

–¿Oyes eso, chica? ¿Oyes lo que dice el señor?

–¡El amigo del señor Manolito es muy malo! ¡Siempre me está liando!

–Jamás, antes la muerte.

–Pues si tu novio de verdad te ha dejado, aquí me ofrezco yo para sustituirlo.

–¡Antes muerta! ¡Raulazo! ¡Hamburguesa con mucha cebolla! ¡El segundo del señor Manolito y el del amigo del señor Manolito!

–¿Y a mí no me hacéis caso?

–¡El mes que viene!

–Por eso te habrá dejado tu novio, ¡por el mal genio que tienes!

–La posibilidad de que Lidia tenga mal genio es equivalente al millar de la distancia entre la Tierra y la galaxia más lejana, o sea, un número incalculable.

–¿Cómo ha dicho?

–¡Raulón, tres naranjadas!

–Es curioso –dice el amigo de don Manolito–. Un observador imparcial llegaría a la conclusión de que en este establecimiento trabajan unas veinticinco personas cuyo nombre empieza con la raíz “Raul–“.

–¡No le entiendo! ¡Ay! ¡Usted!, ¿no se quita de en medio?

–Quiero cenar.

–¡No hay mesas! ¿No ve dónde tienen que cenar el señor Manolito y su amigo?

–¿Y yo no puedo cenar a su lado?

–¡Hoy no toca!

–¡Lidia, eres muy mala conmigo! ¡Estaré un mes sin hablarte!

–¡A ver si es verdad! ¡Los postres del señor Manolito y del amigo del señor Manolito!

–Yo me voy porque no me hacéis ni caso.

–¡Siéntese ahí! ¡No estorbe y le serviremos!

–Ya me pensaba que me tendría que enfadar contigo.

–Las posibilidades de que alguien se enfade con Lidia son notablemente inferiores a las posibilidades de que un fragmento del Sol salga disparado hacia la Tierra ahora mismo –comenta el amigo del señor Manolito.

Tras pagar su cuenta, el amigo del señor Manolito se despide de éste.

–Ha sido un placer conocerle y comer y cenar con usted durante todas estas semanas. Yo debo irme de viaje ahora. No creo que nos volvamos a ver. Mis mejores deseos, señor Manuel. –Se encamina hacia la salida y pasa junto a Lidia–. Adiós, Lidia.

–¡Adiós, cariño!

Por un momento, el corazón del amigo del señor Manolito late un poco más fuerte, pero pronto recupera su ritmo normal. Desvía la mirada de los ojos grises de Lidia, de su pelo muy negro cortado a lo paje, de su rostro de piel tan clara. El señor Manolito le dijo un día que se parecía bastante a una actriz de cine mudo llamada Louise Brooks. Él no tiene idea de quién es esa Louise Brooks. Sale del establecimiento.

Cruza la calle y se desvía hacia la izquierda. Entra en una cabina telefónica y finge tomar el auricular, pero en realidad saca algo de un bolsillo interior que podría tomarse por un móvil rectangular con una pequeña antena roja que despliega y sitúa el aparato sobre la repisa de la cabina.

Un rostro aparece en la pantalla de aquel aparato.

–Quiero marchar de aquí ya –dice a la pantalla.

–¿Has completado la investigación? –le pregunta la cara que aparece en la pantalla.

–No preciso profundizar más. Mi informe será positivo.

–¿Cómo positivo? ¡No puede ser! ¡Contradice todos nuestros datos y documentos! ¿No has tenido en cuenta todos los informes de todas las zonas del planeta?

–Sí, los he tenido, pero mi informe será positivo. He prescindido de las motivaciones generalistas de esta gente. He considerado su comportamiento no generalista. No como colmena sino como entes aislados. Existe una fuerte contradicción.

–Todos nuestros estudios y previsiones indican un incremento de la violencia global en este planeta de un sesenta por ciento en los próximos dos años.

–Quizá. Sin duda. Pese a ello, el lugar ofrece un fuerte foco de resistencia a dejarse engullir por esa violencia. Diría que del sesenta por ciento, también. Me temo que en vuestros estudios y previsiones os habéis dejado llevar por el ruido, no habéis considerado el silencio.

–No entiendo qué quieres decir con eso –gruñó impaciente el rostro en la pantalla.

–Da igual. Mi informe será positivo. Me preparo para volver y voy hacia la zona acordada. Termino.

Apagó el extraño aparato, lo guardó de nuevo en un bolsillo interior y abandonó la cabina. Subió calle arriba y pasó junto a tres tipos de cabeza rapada que estaban pintando con spray una frase en la pared de las casas:

MUERTE A LOS GAYS

Uno de los tres se lo quedó mirando cuando pasó junto a ellos.

–¿Pasa algo, tío? ¿Eres maricón tú?

Él negó con la cabeza.

–La posibilidad de que yo sea gay es del cero por ciento. La posibilidad de que vosotros os convirtáis en unos asesinos es del sesenta por ciento. Pero no cambiaré mi informe por culpa de excrementos como vosotros. Unos ojos grises pueden salvar un mundo, pero por vosotros no vale la pena de condenarlo. No sois, nada, sólo la mierda.

Se alejó tranquilamente. Cuando los tres cabezas rapadas se recuperaron de su estupefacción y fueron tras él para apalearlo hasta la muerte, la calle estaba desierta.

 

© 2006 Juan Carlos Planells por la narración
© 2006 Juan Antonio Fernández Madrigal por las ilustraciones.

 

Juan Carlos Planells nació en Barcelona en el año 1950 y falleció en la misma en 2011. Autor de las novelas El Enfrentamiento y El corazón de Atenea, fue uno de los principales estudiosos de la figura de Philip K. Dick. Publicó publicado relatos y artículos, entre otras,  en  Nueva Dimensión, BEM, Tránsito, Gigamesh, Opción, Cuasar, Artifex, Asimov Ciencia Ficción y BEM on Line. Finalista en dos ocasiones del premio Domingo Santos, trabajó en asuntos editoriales y mantuvo una interesante bitácora, Planells Fact and Fiction  donde publicaba muchos de sus escritos inéditos.

 

Juan Antonio Fernández Madrigal. Aunque en las publicaciones le suelen presentar como “el escritor de Málaga” en realidad nació en Córdoba en 1970, aunque, efectivamente, reside en Málaga desde 1988. Trabaja como profesor en la Universidad de Málaga, intentando, como dice él mismo, “con mucho dolor y muchas horas enhebrar la investigación con la docencia, tarea que considera NP-completa (breve guiño para informáticos)”. En el ámbito del fantástico, he publicado diversos relatos y las novelas Ciclo de Sueños (colección Espiral) y Umma (Parnaso).  Hasta el momento, ha publicado, entre otros sitios en Espiral, Artifex, 2001, Libro Andrómeda, Visiones, Fabricantes de Sueños, La Plaga, NiTeCuento, Qliphoth, el CD conmemorativo de BEM y BEM on line.

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Acerca de Interface Grupo Editor

Editamos en papel 75 números de la revista BEM entre 1990 y 2000 y desde 2003 hasta 2012 mantuvimos el portal BEM on Line. Tras múltiples problemas de software, decidimos traspasar a este blog los principales textos publicados en esos años. Interface Grupo Editor está compuesto por Ricard de la Casa, Pedro Jorge Romero, José Luis González y Joan Manel Ortiz.
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